Autor: Medina González, Guillermo. 
 Suárez, la UCD y el Gobierno (II). 
 La trinidad ideológica de UCD     
 
 Informaciones.    09/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

Suárez, la U.C.D. y el Gobierno (II)

La trinidad ideológica de U. C. D.

Por Guillermo MEDINA

ES liberal la U. C. D.? El ministro Camuñas responde sí sin mentir. ¿Pero acaso no es demócrata cristiana

la U.C.D.? Evidente, dirá Álvarez de Miranda sin faltar a la verdad. Y los socialdemócratas, ¿no

impregnan acaso la U. C. D. y su programa? Fernández Ordóñez no dudaría: a la vista está. Una cuarta

pregunta también tendría respuesta afirmativa: ¿Acaso U. C. D., liberal, socialdemócrata y demócrata

cristiana no es independiente?

Adolfo Suárez ha conseguido una posición preponderante como presidente todopoderoso de la «unitaria»

U. C. D., un partido que funciona como correa de transmisión de la voluntad presidencial. Suárez alineó a

los candidatos de U.C.D. que el pueblo elegiría, nombró los ministros y escoge ahora a los principales

responsables del partido gubernamental.

La hazaña Suárez intenta superar la realidad heredada de los partidos centristas «históricos» al buscar

nuestro jefe de Gobierno la configuración de un partido unitario que sea a la vez liberal, socialdemócrata,

cristiano-demócrata e independiente. Pasar de la nada ideológica a la summa ideológica e intentar tamaña

síntesis doctrinal es una pretensión sin precedentes en la historia política de nuestra vieja civilización.

Dado que el pragmatismo político de Suárez no está reñido con la capacidad de asumir ideologías (el

presidente no niega su actual proclividad a la socialdemocracia), hasta partidos destinados a combatirle

parecen cumplir sólo la misión de servirle de oposición y corren el .riesgo (solo aparente) de Ser

satelizados. Como Suárez es un político pragmático que ama el Poder, cosa legítima que no oculta, y

como no faltan líderes con una concepción funcional y práctica de la política, pudiera ser que Suárez

intentara proseguir por esa banda izquierda su labor de síntesis ideológica centrípeta.

PARTIDO PRESIDENCIALISTA

SEAMOS claros y coherentes. Gastón Thorn le preguntaba recientemente a su correligionario Ignacio

Camuñas: ¿Continúa existiendo su partido? No conozco la respuesta, pero el ministro español debió pasar

un trago para explicarle la trinidad ideológica de U.C.D. A estas alturas uno no sabe si U. C. D. optará por

la internacional liberal, o por la demócrata cristiana (la socialdemocracia resulta más difícil), o entrará en

tres internacionales o, incluso, organizará una internacional de independientes. Sospecho que los

dirigentes europeos deben contemplar la alquimia ideológica española con cierta perplejidad. Y mientras

nosotros empezamos a creer que España ya no es diferente, ellos deben contemplarnos como al muchacho

que con petulancia propia de la edad cree que los más antiguos en la plaza nada tienen que enseñarle.

Sin ironía: si U. C. D. no quiere que la confusión actual parezca una burla a sus electores y militantes,

debe deshacer el misterio de su trinidad, clarificar cuál es su sustrato ideológico; si quiere sobrevivir

políticamente a su unificador y constituir una alternativa duradera para los sectores de la sociedad a los

que debe representar y no sólo encuadrar, la U.C.D. debe encontrar el camina de su institucionalización.

Los partidos que formaron la Unión de Centro eran débiles; eso lo sabemos todos. Pensaban que tras

ganar las elecciones con el apoyo de Suárez encontrarían la fuerza moral y política para crecer y

organizarse conservando el liderazgo de Suárez. «Los partidos de la Unión de Centro seguirán juntos

después de las elecciones», decía días antes de éstas uno de los ministros ideológicamente comprometidos

del actual Gobierno. Pues a la vista de lo sucedida dentro de U. C. D. tras el 15 de junio [Los partidos que

debían permanecer han sido teóricamente disueltos) cabe preguntarse si sus integrantes, al ser incapaces

de superar un apoyo tan total, tan decisivo, como el de Suárez, acaso, no han admitido la hegemonía de

éste, al tiempo que su propia debilidad dentro de un partido presidencialista, como una situación

permanente.

INSTITUCIONALIZAR U. C. D.

ES innecesario recordar ahora las circunstancias en que la audacia de Suárez suplió la "falta de decisión

de los líderes centristas para crear un partido de cuya necesidad todos estaban convencidos y cuya idea

otros habían concebido e impulsado sin éxito final. Llevar a las elecciones una coalición capaz de

enfrentarse sin fisuras al intento de proyectar el pasado y a una izquierda todavía bisoña e incierta, bien

merecía pasar por alto algunas impurezas dei procedimiento. Pero hora es de recordar que ya pasaron las

causas que pudieron explicar unas anomalías, y la U. C. D. sigue sin afrontar y resolver la tarea de su

¡nstitucionalización.

La unidad dispuesta por quien -tiene el Poder en el partido es más ficticia que real. La heterogénea

coalición de poder va desde quienes consideran excesivas las reformas iniciadas hasta el sector de

izquierda que forma parte de U. C. D. en tanto que éste, como partido en el Poder, es plataforma adecuada

para llevar a cabo objetivos programáticos socialdemócratas que igualmente intentaría cumplir en alianza

con el P. S. O. E. si éste alcanzara el Gobierno. Una coalición que sería incapaz de sobrevivir a la primera

derrota electoral —lloverían las acusaciones de unos contra otros—, porque se cimenta fundamentalmente

sobre la posesión del Poder. La U. C. D. corre el riesgo de fuerte erosión si dentro de unos meses

hipótesis que no es de política-ficción— la izquierda triunfa notoriamente en las elecciones municipales;

y sería incapaz, en sus condiciones internas actuales, de soportar una presión política como la que en

Francia ejerce la izquierda sobre la precaria mayoría gubernamental.

No sé si Suárez, sin su sillón de la Moncloa, perdería su poder como Sansón pasado por Dalila;

probablemente no dejaría de pensar en el desquite, porque es un político de raza, pero el efecto inmediato

de tal importancia para el país que parece insensato que esa eventualidad no se tenga en cuenta— de una

derrota electoral de U. C. D. sería que el país quedaría sin alternativa coherente y sólida que oponer desde

la oposición a los triunfadores de izquierda. Quedaría, claro, la tentación totalitaria, pero no sería un

digno desenlace para políticos que se ufanan de haber traído ta democracia.

Institucionalizar es organizar para permanecer incluso en la adversidad. Un partido es una institución que

cuenta con arraigo social (electores y militantes), con cuadros y liderazgo, con una organización, in

programa y una ideología. Hoy fijamos la atención en ésta, porque es en el terreno ideológico donde más

apuntan contradicciones internas en la U. C. D. y urge una clarificación. Cuando socialdemócratas,

liberales y demócratas cristianos estaban en la oposición al franquismo o en las expectativas del período

de transición, las diferencias entre ellos aparecían poco perceptibles frente a un común deseo democrático

y el temor a la futura izquierda adversaria. A Jiménez de Parga nadie le llamaba la atención por escribir lo

que hoy dice con escándalo de algunos de sus colegas. Un ministro de hoy, por ejemplo, podía sostener

sin llamar la atención ni levantar ampollas que el «principio de participación popular implica, como es

lógico, la reforma de las relaciones capital - trabajo en el seno de la empresa, organizando ésta bajo

sistemas de cogestión y autogestión». Ahorremos citas al lector, pero las hay para escribir una antología

de incoherencias que en su momento no tenían particular significación, pero hoy resultarían reveladoras.

Al fin y al cabo, las hay más recientes, como cuando una alta personalidad del partido centrista afirma

que redactar la Constitución llevará dos años y otra asegura que seis meses; o cuando —disonancia más

grave— una opina que después de la Constitución deben. disolverse ¡as Cortes y otra expresa lo contrario;

o cuando un ministro se muestra contrario al intervencionismo del Estado derrochador y otro piensa en

aumentar el gasto público; o cuando unos se esfuerzan por arañar dinero del contribuyente mientras otros

piensan que ese ¿mero se va en pagar funcionarios sindicales y tapar agujeros presupuestarios.

DOS POSICIONES IDEOLÓGICAS Y PROGRAMÁTICAS

NUEVAMENTE hay que distinguir entre antes y después del 15 de junio. Incoherencias que antes eran

justificables e intrascendentes hoy pueden comprometer seriamente la operatividad del partido y del

Gobierno. Las más de fondo en estos momentos son las que reflejan confusión ideológica. Si la U.C.D.

hubiera hecho realmente una síntesis ideológica de sus componentes para definir la filosofía política de un

Partido Demócrata propia de una derecha liberal y reformista, esa sería una opción racional. Si se hubiera

ido hacia una Federación, guste o no, eso sería un planteamiento posible. Como habría sido viable admitir

la existencia de corrientes ideológicas —nada dañaron, sino al contrario, durante la reciente campaña

electoral— o tendencias programáticas en el seno de un partido o de una federación. Como habría sido

necesario que un Congreso constituyente del partido respondiera a las principales interrogantes que se han

planteado y que encontraron respuesta entre las paredes de unos despachos.

Todas aquellas soluciones habrían sido mejores que la escogida: hacer la unión por decreto y creer que

esto dará .resultado, mientras los liberales quieren meter a U.C.D. en la Internacional Liberal, los

demócratas cristianos opinan abiertamente que hay que estar en la Unión Europea D. C. y los

socialdemócratas y muchos «independientes» fuman en pipa ante la sospecha de que una mañana pueden

levantarse demócratas cristianos o liberales.

El tema no ha hecho más que empezar y lo mejor para la U. C. D. y para el país es que se resuelva pronto.

A estas alturas veo tres posibilidades: que se rectifique el concepto de unificación integral utilizado hasta

ahora (hacer legal lo que es normal en el partido, parafraseando al presidente) y se reconozca la pluralidad

compatible con la cohesión necesaria; que Suárez se incline por la ideología que más convenga y

conduzca en esa dirección a la U. C. D.; que conscientemente (o, por el contrario, con trauma) se

produzca una división de U. C. D., hipótesis que posiblemente se daría también en el caso anterior.

Es muy probable que esta cuestión no encuentre respuesta hasta después de las elecciones municipales,

pero a medio plazo el análisis muestra el desarrolla de dos tendencias que ya están en. acción: la

diferencia y ascendencia de los rectores demócrata cristiano y socialdemócrata y la división del partido en

dos posiciones ideológica y programáticamente coherentes: una, liberal-conservadora (la nueva derecha

de la que se habla desde hace tiempo), y otra, demócrata-progresista, y que sería el verdadero centro del

espectro político del país. Razones prácticas, ideológicas y electorales, además de la lógica y la realidad,

aconsejarían esta diferenciación en dos partidos, capaces, por otra parte, de constituir una alianza histórica

duradera para gobernar juntos. La cuestión merece un desarrollo en otro artículo, aunque sólo sea porque

contraría la tesis oficial de que hay U. C. D. para rato.

PRÓXIMO ARTICULO: El secuestro de las ideologías».

 

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