Autor: Medina González, Guillermo. 
 Suárez, el Gobierno y la UCD (I). 
 El Gobierno necesita un partido     
 
 Informaciones.    08/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Suárez, el Gobierno y la U.C.D. (I)

EL GOBIERNO NECESITA UN PARTIDO

Por Guiliermo MEDINA

TODO es hacedera para un partido que tiene, seis millones de votantes y un jefe afortunado», ha escrito

de buena fe un cronista inteligente. Así es si el partido existe verdaderamente; pero seis millones de votos

del 15 de junio y un político en la cresta de la popularidad no forman un partido. Entre Suárez y seis

millones de habitantes mayores de veintiún años hubo una corriente de simpatía, un sentimiento de

confianza y la intuición de que este político joven y audaz podía significar la llegada a puerto de ia

reforma política sin graves riesgos de convulsiones ni vuelcos. Pero nada más. «Lo mejor de la derecha y

lo mejor de la izquierda» no puede ser entendido como un vinculo ideológico entre Suárez y sus votantes,

y en cuanto al programa de U.C.D., no es aventurado pensar que la gran mayoría de sus electores llegaron

a las urnas sin haberlo leído.

Ciertamente, un partido que tiene un líder y el 34,71 por 100 de los votos, es un gran partido, y un gran

partido proporciona a un Gobierno la fuerza, los cuadros, la penetración y el apoyo sociales que le

permitan llevar a cabo un programa. Correcto. ¿Pero es U.C.D. un gran partido, como debiera

corresponder al número de sus electores y al hecho de haber asumido la responsabilidad de Gobierno?

¿Tiene la U.C.D. una ideología clara, una organización eficaz, un proyecto claro de sociedad que

construir, unos militantes activos, una organización juvenil entusiasta tras unos valores, una red de

centros sociales, sedes, escuelas de formación, publicaciones, grupos de amigos y simpatizantes, etc.?

¿Tiene todo esto la U.C.D.? ¿Es un partido la U.C.D.? ¿Existe ese partido —cauce y organización— entre

los seis millones de votantes y el líder?

La respuesta da la clave de la debilidad del planteamiento actual ucedista y del porqué el Gobierno de

Suárez-U.C D). es un Gobierno con votos y parlamentarios, y, sin embargo, es un Gobierno todavía con

pies políticos de barro. En estas condiciones bien puede sostenerse el Gobierno gracias a la habilidad y la

audacia de su presidente, o bien puede desmoronarse en unas semanas de adversidad. Los Gobiernos

basados en la popularidad de su líder tienen bastante de populista, y nada hay políticamente tan brillante y

tan efímero como el populismo.

Haber impulsado la reforma, haber hecho bastante por traer la democracia, haber cumplido sus promesas

en ese sentido, haberse mostrado como un hombre de la clase media, seguro de sí y dispuesto a cumplir

unas metas de aspiración colectiva, es lo que ha dado a Adolfo Suárez la fuerza y el prestigio con que

ganar las elecciones con una coalición Je grupos que aisladamente no habrían tenido mucha mayor

fortuna que el equipo D.C., el Partido Socialista Democrático y otros den- tados. Políticamente, la

reforma ha sido muy rentable para Suárez. Le ha permitido tener la iniciativa da! juego político,

sorprendiendo a sus adversarios a cada paso que se suponía no daría. Suárez ha vivido, políticamente, de

la reforma. Y la reforma ¡e ha dado el triunfo electoral.

Ahora estamos entrando en una nueva fase. Definido un consenso constitucional, ha llegado la hora de

gobernar. Y en esta hora el Gobierno muestra buena voluntad, quiere llevar a cabo reformas profundas,

trabaja. Pero carece de un plan global (los últimos indicios indican una voluntad de llenar este vacío) y

apenas cuenta con una base partidaria, la U.C.D. es un producto lanzado ai mercado sin clara delimitación

del púbíico ai que se dirige; sus actos muestran a veces improvisación, y poco importa que otros partidos

pudieran ser incluso más improvisadores, parque él es, y no la oposición, e! Gobierno.

El Gobierno no acierta a explicar su política, o no se ha preocupado de este punto fundamental cree que

todos van a tomar la medicina antiinflacionista convencidos de que el Gobierno hace lo que tiene que

hacer. Practica un estilo de gobernar que hoy adopta tal medida que afecta a unos y perjudica a otros, y

mañana dispone otra acción que afecta a otros y perjudica a unos, sin que se vea la globalidad, la

coherencia, el porqué del sacrificio de hoy y de ía ventaja de mañana. Semejante política lleva trazas de

convertirse en una manera de terminar enemistado con todos. «Lo mejor de la izquierda y lo mejor de la

derecha» puede terminar pareciendo a unos lo peor de la derecha, y a otros, lo peor de la izquierda.

El Gobierno quiere hacer cosas, pero las cosas en democracia hay que hacerlas de cierta forma, porque en

democracia hay muchos que van a oponerse a cualquier cosa que el Gobierno quiera hacer, y eso el

Gobierno tiene que contrarrestarlo procurando apoyos, ganando puntos en los termómetros de opinión.

Y más sí la medicina es amarga. El Gobierno no ha logrado crear la conciencia de que el país vive una

guerra contra la inflación; ni asumir desafíos y explicarlos a la sociedad; no ha insuflado una mística de

reconciliación, de participación de todos en la consolidación de la democracia. El Gobierno no informa, y

mañana nos enteramos que ha subido ta! precio, y pasado, que ha aumentado tal impuesto, sin saber la

razón, que existe; no ha sabido ofrecer la imagen de un nuevo estilo ético (que desea), de superar un

modelo de sociedad consumista, depredadora, que envenena la atmósfera y las aguas y contamina

moralmente. Para todo esto hace falta más que unos votos que hoy se tienen y mañana pueden faltar, y un

jefe afortunado. Hace falta, además, un partido.

Un partido no es una creación artificial, ni un sindicato de intereses, ni una estructura propagandística

para las elecciones. Un partido es una institución, con su ideología, su organización, su programa, su

estructura democrática, capaz de trabajar por alcanzar el Poder cuando está en la oposición, y capaz de

cumplir una función de correa de transmisión entre «su» Gobierno y la sociedad. Un Gobierno con un

partido débil es u t Gobierno débil aunque tenga mayoría parlamentaria. Y en España, si concebimos que

la estabilidad democrática pasa por la gestión eficaz de un Gobierno de centro, si aceptamos que un

partido —o federación de partidos— centrista es una pieza insustituible del equilibrio político,

entendemos que la clarificación, la institucionafización de U.C.D., interesa, por supuesto, a la propia

U.C.D., pero también a la estabilidad democrática.

No hay hostilidad al decir al Gobierno y a la U.C.D. todo esto. No me sumo a ¡os auguradores de fracasos

de Suárez, luego desmentidos por la realidad. Tampoco debemos olvidar que muchas carencias que hoy

observamos en el centro político se dan en los otros partidos, que las sumarían a las propias. No podernos

desconocer que incluso el principal partido de oposición se reconoce sin la organización y la capacidad, al

salir de las elecciones, para asumir por sí solo la función de gobernar. Por lo general, las iniciativas del

Gobierno merecen apoyo, pero sucede que faltan muchas y que no hay visión global de las mismas.

Hoy por hoy no existen alternativas razonables al Gobierno Suárez, y medir mal los ataques puede

terminar por desestabilizar más allá del Gobierne. Pero la crítica al Gobierno y a la U.C.D. puede ayudar

a que uno y otra encaren los probtemas reales. Buscar la caída del Gobierno, sin más, puede ser frivolo e

irresponsable cuando no están claras las alternativas. Estimularle a la acción beneficia la consolidación

del proceso democrático. Habrá quienes opinen que hay un vicio de origen que se llama Suárez y que

nada se podrá hacer mientras no se le quite de en medio; pero aparte de que los hechos pasados

desmienten el argumento, tal afirmación puede ser entendida como una cuestión personal, pero como tesis

política lo menos que puede decirse es que es infantil. Habrá quienes piensen que irreversiblemente este

Gobierno ha mostrado incapacidad y nada puede ya esperarse. Pero a dos meses de su constitución, la

afirmación resulta excesiva.

Una parte de las críticas que se hacen a 3a estrategia política de Suárez pueden ser interesadas, pero no

dejan de manejar argumentos que son ampliamente compartidos en sectores neutrales. Y los detractores

pueden salirse con la suya si el Gobierno no llega a ser la expresión de un gran partido democrático, a su

vez promotor y expresión de una sociedad democrática.

MAÑANA: «El misterio de la trini dad ideológica de U. C. D.».

 

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