Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La trampa en el pasillo     
 
 Informaciones.    03/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

La trampa en el pasillo

Por Abel HERNÁNDEZ

SUAREZ trató, nada más aterrizar en Barajas, de proporcionar tranquilidad a su partido y al país. La

tormenta interior le sorprendió fuera, andando los caminos de Europa, intentando vencer resistencias al

ingreso de España en la C.E.E. El Gobierno —casi todos los ministros— le recibió con efusión.

Florecieron las sonrisas entre los abrazos. La estampa parecía decir que aquí no pasa nada. Además, el

viaje no había sido inútil. Por primera vez un primer ministro español podía recorrer las cancillerías

europeas con la frente alta. Traía los bolsillos llenos de información de primera mano, de promesas de

apoyo y el alma inundada con la efusiva bendición papal.

Antes de partir de viaje, el Presidente sabia que había problemas en casa. Era consciente de que se le

estaban tendiendo trampas en el pasillo. Lo que no creía era que la atmósfera política se cargara tan

pronto de rayos y relámpagos. Quizá haya sido mejor así. A veces, un revulsivo no viene mal y puede ser

clarificador. Siempre que llueve escampa.

En general, dentro de la U.C.D. y del Gobierno la tormenta ha servido para cerrar filas en torno a su jefe.

Se sospecha, sin embargo, que hay alguna excepción, fuentes dignas de todo crédito sospechan que «el

enemigo lo tiene en casa».

Parece que hay algunos personajes que ocupan destacados puestos en el actual Gabinete o en sus aledaños

que quieren quedarse con el santo y la limosna. Son los partidarios de un Gobierno de coalición con el

Partido Socialista Obrero Español después de las municipales (la actitud del señor Alvarez de Miranda no

tiene mucho que ver con esta maniobra de fondo: es simple coincidencia). Este sector, vinculado a

personalidades políticas ahora desplazadas, que sueñan con volver al Poder, ven bien que los socialistas

ganen las municipales. Sería el momento del asalto a la Moncloa en coalición con el P.S.O.E.

Los pactos subterráneos existen. Las trampas contra el joven primer ministro están a la vista. Pretextan

que es hora de acabar con todos los residuos del franquismo, de llevar adelante una política clara de

reformas, de obtener un pacto social y de sacar al país del atolladero. En resumidas cuentas, de lograr la

transformación social y económica de la sociedad sin titubeos y con seguridad. Utilizar el bisturí en estos

momentos y sacar del Gobierno a los promotores de la operación es demasiado arriesgado para Suárez.

Lo que pasa es que el presidente confiesa que le gustan las dificultades. El pulso está echado.

 

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