Crisis de identidad     
 
 Diario 16.    29/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Crisis de identidad

La dimisión de Camuñas demuestra, con la aplastante evidencia de los hechos, que son reales las

tensiones internas en la UCD y, por supuesto, en el Gobierno. Tras el amago de crisis producido durante

el último viaje europeo de Suárez, los portavoces gubernamentales insistieron en que todo estaba en orden

y bajo control. La crisis era un invento periodístico y Suárez, el hombre del "capital político", se disponía

a demostrar que el Gobierno de julio era capaz de gobernar, cosa que la opinión pública empezaba a

dudar seriamente. La renovada promesa de una amnistía general, el proyecto de ley sobre voto de censura

del Gobierno por las Cortes, la anunciada discusión parlamentaria del programa económico que, por fin,

parece ultimado, eran, entre otros, signos de que el Gobierno podía haber asumido de nuevo una iniciativa

política que durante las semanas del verano parecía haber perdido. Correspondiendo a este cambio de am-

biente las comisiones de las Cortes aceleraron el ritmo de sus trabajos y tanto el reglamento del Congreso

come el borrador de Constitución pueden estar acabados en un plazo razonable. Ya era hora.

Que dimita un ministro al poco tiempo de haberse formado el Gobierno no es insólito en las democracias.

Ahí está el récord de Jean-Jacques Servan Schreiber, que en 1974 fue ministro de Giscard durante sólo

doce días. Especialmente si se traía de Gobiernos de coalición, como en aquel caso, es normal que lleguen

a producirse desajustes y discrepancias. Nada se hunde, además, porque un ministro se vaya: lo que

importa es la credibilidad del conjunto, lo que cuenta es el equipo en cuanto tal y su eficacia. Y sobre

todo, en un sistema parlamentario, lo decisivo es que los reajustes de Gobierno garanticen el necesario

apoyo de las Cámaras.

La dimisión de Camuñas, sin embargo, pone de relieve el pecado original del Gobierno Suárez. Se ha

intentado presentarlo como un Gobierno monocolor y a la UCD como un solo partido, cuando en realidad

el presente Gabinete no es más que una coalición de personalidades sin otro punto de coincidencia que el

haber figurado en las listas centristas o haber colaborado previamente con Suárez. La UCD no sólo no es,

hoy por hoy, un partido, tampoco es una coalición de partidos porque los líderes de los grupos que la

forman tienen, quizá, séquito, pero difícilmente tienen base. Lo que sí tienen, no cabe duda, es

electores..., pero gracias al voto de lista. A la UCD le falta la coherencia ideológica y la solidez

estructural y ahí radica, posiblemente, una de las causas de la ineficacia del Gobierno que hasta ahora ha

sido flagrante y esa sensación de crisis latente que está quemando peligrosamente su imagen.

El primer remedio para esta situación es que.la UCD entre en un periodo acelerado de autodefinición en

vez de empeñarse en hacer un partido, quizá imposible, a base de elementos que no casan entre sí, sería

positivo que la UCD asumiera su verdadera realidad de punto de convergencia ocasional y no permanente

de personas y grupos heterogéneos. Asumida su propia identidad, la UCD abandonaría el magma en que

hoy se debate y pondría al Gobierno en condiciones de elaborar, sin pretensiones totalizantes, pero con

eficacia inmediata, un programa de acción. Es absolutamente necesario que el Gobierno y su partido

dejen la contemplación de su propio ombligo y la indagación de su propia naturaleza para gobernar a toda

marcha superando las crisis de identidad.

 

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