Autor: Cárdenas, Manuel. 
 Entrevista con don José Ramón Lasuén. 
 Estamos atravesando una de las crisis más graves de nuestra historia     
 
 Informaciones.    27/09/1977.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 60. 

ENTREVISTA CON DON JOSÉ RAMÓN LASUEN

ESTAMOS ATRAVESANDO UNA DE LAS CRISIS MAS GRAVES DE NUESTRA HISTORIA

Por M. CÁRDENAS

La U.C.D. no ha tratado todavía la cuestión económica simplemente porque primero tiene que

organizarse, afirma don José Ramón Lasuén, el asesor del presidente Suárez, en la entrevista que

publicamos seguidamente. El catedrático de Teoría Económica y secretario general de la Federación

Socialdemócrata analiza primero la situación política de los grupos vinculados a dicha ideología y

reconoce las pocas posibilidades que existen de construir la socialdemocracia desde el seno de la U.C.D.

Más adelante, el señor Lasuén estudia el desarrollo de la política económica del Gobierno y empieza

puntualizando que el programa en vigor no es la política económica de la U.C.D., sino la del Gobierno.

Llama la atención también sobre la situación de crisis que atraviesa la economía española, que es más

grave de lo que se cree, y opina que de esta situación sólo nos sacará o un liberalismo radical

o un socialismo radical. Las preguntas formuladas por nuestro colaborador M. Cárdenas fueron las

siguientes:

LA U.C.D. NO HA TRATADO TODAVÍA LA CUESTIÓN ECONÓMICA SIMPLEMENTE PORQUE

PRIMERO TIENE QUE ORGANIZARSE

MAS GRAVE QUE EL ALZA DE SALARIOS ES LA BAJA DE LA PRODUCTIVIDAD

NO TENEMOS NI LOS INSTRUMENTOS, NI LAS INSTITUCIONES, NI LA PSICOLOGÍA SOCIAL

ADECUADA PARA HACER UNA BUENA POLÍTICA ECONÓMICA

Catedrático de Teoría Económica en la Universidad Autónoma de Madrid, diputado por la provincia de

Teruel, el señor Lasuén, hace meses enemigo encarnizado de Unión Centro Democrático, es hoy

furibundo defensor de la U. C. D., de cuyo Consejo político forma parte, nombrado, por ende, asesor del

presidente.

Como socialdemócrata —es secretario general de la Federación—, piensa que es al P.S.O.E. a quien cabe

la responsabilidad, . —v estos momentos, de constituir la socialdemocracia en España, aunque cree que

no va a ser ésta tarea fácil.

—La situación de los grupos políticos que se autocalifican socialdemócratas es hoy en España bastante

compleja. Existen unos vinculados al P.S.O.E.; otros, integrados en U.C.D., y, finalmente, los que

llamaríamos independientes. Todos afirman desear la formación de un gran partido socialdemócrata.

Sospecho que ello no es cierto, pero aun siéndolo, parece poco menos que imposible el conseguirlo. ¿Me

equivoco mucho, señor Lasuén?

—Lamentablemente, la situación de les socialdemócratas españoles no es buena. Efectivamente existen

cuadras socialdemócratas en U.C.D., en el P.S.O.E. y fuera de ambos. Estos últimos no creen en la

viabilidad de la formación de la socialdemocracia dentro de ninguno de los dos partidos señalados y

proponen algo así como una tercera vía. Naturalmente, no estoy en contra de este propósito; sin embargo,

no soy optimista respecto de sus resultados.

—Pues ¿que otra salida se les ofrece hoy a los socialdemócratas? ¿Acaso construir la socialdemocracia

desde dentro de la U.C.D.?

—El intento de construir la socialdemocracia desde el seno de la U.C.D. tiene pocas posibilidades.

Semejante empeño alteraría la coherencia interna de la U.C.D. El partido que en estos momentos tiene las

mejores posibilidades y la responsabilidad histórica de crear la socialdemocracia en España es el

P.S.O.E., toda vez que cuenta con una base obrera, sin la que es imposible concebir una auténtica

socialdemocracia.

—Lo que tal vez ocurra es que las bases obreras del P.S.O.E. sean más radicales que su propia ejecutiva,

y en este sentido aquí no podemos hablar de obreros socialdemócratas.

—Puede que tenga usted razón, y hayamos de concluir que va a resultar muy difícil hacer en España una

socialdemocracia seria. Un intelectual puede convertirse en socialdemócrata por reflexión teórica; el

obrero, sólo por experiencia vital. Un obrero socialdemócrata es aquel que ha experimentado un mundo

social, económico e industrial, dirigido por burócratas, y la de otro dirigido por empresarios libres, las

consecuencias de que ha juzgado la eficiencia relativa de los dos y prefiere la del empresario libre. Como

en España el obrero no ha pasado por esa experiencia, es difícil concebir que exista, una masa obrera

importante de esa creencia.

—Lo más probable es, como usted dice, que el P.S.O.E. desarrolle un ala socialdemócrata importante,

pero, ¿y si el P.S.O.E. no lo hiciera porque se radicalizase más?

—Si el P.S.O.E. fallara, entonces, la solución potencial sería la tercera vía sugerida por los inde-

pendientes, respecto de la cual, como le he dicho, no me siento excesivamente optimista. Creo que en

España, en términos generales, se ha perdido la gran oportunidad de crear una verdadera socialde-

mocracia.

—¿Adiós, entonces, a los intentos de realizar desde dentro de la U.C.D. una política de centro izquierda?

—En el momento actual, tal como ha resultado de las elecciones, el centro izquierda del voto lo ocupa el

P.S.O.E. Por ello pienso que es a él a quien corresponde hacer una política de centro izquierda. La U.C.D.

tiene que hacer necesariamente la política, que corresponde a su voto: una política de centro derecha.

Quienes piensan que debe hacer una política de centro izquierda porque hay un hueco de opinión que no

cubre hoy el P.S.O.E. Este subjetivismo es peligroso. Suena a demagogia, antagoniza al votante U.C.D.,

radicaliza al P.S.O.E. y no es operativo.

SOC1ALDEMOCRATAS Y U.C.D.

—¿A qué deben aspirar, en estos momentos, los socialdemócratas que hoy se integran en U.C.D.?

—A lo más que puede aspirar hoy un socialdemócrata dentro de la U.C.D. es a mantener sus convicciones

y a hacer un programa liberal-progresista. En un futuro más estable tendremos que decidir si

permanecemos en la U.C.D., convirtiéndonos en liberales estrictos, o, por el contrarío, saltamos al

P.S.O.E. o a una tercera solución.

—Y esto lo dice usted en estos momentos, convertido en defensor acérrimo de la coalición guberna-

mental, A primera vista no lo parece.

•—«Hoy, por razones de supervivencia, la socialdemocracia, creo que la primera responsabilidad de todas

las personas que están dentro de la U.C.D. es mantenerla unida como sea. La U.C.D. —si no existiera,

habría que inventarla—, porque es absolutamente imprescindible para garantizar la transición

democrática del país, que está gravemente amenazada. Como dice Carrillo, lo que está hoy en peligro no

es la derecha, ni la izquierda, ni ningún sector específico de la clase política, sino, pura y simplemente, la

democracia. Pero para garantizar su supervivencia, a diferencia de Carrillo, pienso que la solución, no es

formar un Gobierno de concentración nacional, que gobernaría todavía peor, sino robustecer y

reestructurar la U.C.D. para que pueda gobernar efectivamente.

—Insiste tanto en la necesidad de unión en el partido del Gobierno, que vamos por fuerza a tener que

creer los rumores de crisis y tensiones que circulan al respecto.

—El único peligro que puede en estos momentos alterar la estabilidad y el fortalecimiento de la U.CJ3. es

la lucha ideológica por la preeminencia en su seno, creó que se sopesará fácilmente porque, en el

momento actual, esa dialéctica es subjetiva e infantil. La realidad se impondrá pronto, cuando todo el

mundo perciba el peligro que amenaza, y los diferentes componentes de la U.C.D, comprendan que el

partido tiene que construirse no sobre amalgamas ideológicas jerarquizadas. Bino sobre el compromiso de

los intereses que representan sus votos. La U.C.D. tiene que ser un partido donde se equilibren los

diferentes intereses que representan las clientelas de sus parlamentarios. No es un planteamiento sólo

práctico. Después >ie todo, las ideologías son abstracciones de intereses. Tanto se puede hacer un pacto

entre corrientes ideológicas como un pacto de intereses del que puede salir en un futuro una concepción

teórica común. La primera solución es posible en condiciones de gran madurez democrática. La segunda

es la idónea teórica y prácticamente hoy.

—¿Qué intereses son los que hay que poner de acuerdo dentro de la U.C.D.?

—Puede usted deducirlos, si analiza el origen y el voto de la U.C.D. Es básicamente un voto masivo de

clase media y uno marginal de clase alta, con matices más liberales o más conservadores, según sea

urbano o rural. Obviamente, el programa de la U.C.D. tiene que ser un programa fundamentado en la

defensa de los intereses de la clase inedia. Hoy, por el problema del infantilismo ideológico, estos

intereses se encuentran gravemente amenazados. Naturalmente, hay que reestructurar el programa para

fomentarlos adecuadamente.

GOBIERNO DE COALICIÓN

—La U.C.D., como partido, ha rechazado la propuesta comunista de un Gobierno de concentración

nacional. ¿Aceptaría, al menos, un Gobierno de coalición? ¿No está necesitando la U.C.D. de un pacto

permanente con algunas otras fuerzas políticas, si quiere sacar adelante, en el Parlamento primero,

sus proyectos y programas?

—Sí, va ser de todo punto necesario, en el momento constitucional adecuado, hacer un Gobierno de

coalición. Tiene de nuevo razón Carrillo cuando dice que un Gobierno minoritario no podrá por si solo

resolver los graves problemas que tiene el país. Pero de nuevo su análisis es mejor que sus conclusiones.

Para hacer un Gobierno mayoritario no es obligatorio hacer un Gobierno de concentración. Basta un

Gobierno de pequeña coalición. Un Gobierno de coalición de clase media, qne es el único que puede

garantizar la transición democrática, porque si esta clase mayoritaria se siente desprotegida, llamará al

«Salvador» de Carrillo. Por ello, a mi entender, en estos momentos, ese Gobierno sólo puede realizarse

coaligando la U.C.D. con las minorías vasco-catalanas, una vez que obtengan sus autonomías, porque son

las únicas fuerzas públicas cuyos intereses reales coinciden con el espectro de intereses de la U.C.D.

—¿El Gobierno de coalición no es posible, por tanto, con el Partido Socialista Obrero Español?

—No, claro, un Gobierno de coalición con el P.S.O.E. sería enormemente desestabilizador para el país;

las medidas radicales que tendría que tomar, quemaría a la Unión de Centro Democrático,

—El país puede desestabilizarse por otros muchos motivos, y no es el más pequeño este del divorcio

existente entre la actual clase política y el pueblo, entre éste y sus representantes en el Parlamento. ¿Qué

opina de esto?

—Tiene usted razón. Es un hecho crítico que hay que analizar bien. No se debe al continuismo, como

muchos creen. Este divorcio se produce porque, por razones técnicas cortas de vista, la clase política,

primero, no está tratando los problemas en el orden que interesan al país, y, segundo, porque la forma de

tratarlos no es lo suficientemente emocional y directa como para que la población se sienta interesada en

su discusión. La situación es muy grave, porque si la democracia, no se enraiza en el sentir popular, de

manera que el pueblo comprenda que la democracia es el sistema mejor para resolver sus problemas,

habremos abortado su nacimiento. Hay que superar el perfeccionismo técnico, frío y racional, válido sólo

en una población acostumbrada a la democracia, y hacer participar emocionalmente al pueblo en su cons-

trucción, para que se conciencie de sus ventajas y defectos, y adquiera una visión real y una creencia fir-

me de que la democracia es necesaria y conveniente, y esté, por lo mismo, dispuesta a pagar sus costes.

—Un cierto «impasse» puede producirse en nuestra evolución política —luego diremos de la economía—

, si se cayese en la tentación de esperar a la elaboración total del texto constitucional para acometer las

reformas precisas y urgentes. Existen problemas que no pueden esperar. Habría que encontrar la fórmula

que permitiera salvar esta sensación de vacío. ¿Sugiere usted algo en este sentido?

—Yo diría que es necesario establecer lo que llamaríamos un montaje en paralelo. Evidentemente, para

hacer una reforma constitucional, económica, administrativa, etc., al mejor nivel de técnica disponible, en

estos momentos hay que proceder con secuencias rígidas y con calendarios lentos. No se puede alterar el

esquema establecido y pactado. Pero este procedimiento subordina el hecho político al técnico, e

incrementa el vacío, la apatía y la deserción política. Por eso creo que al mismo tiempo las fuerzas

políticas deben llegar a un acuerdo para establecer un régimen excepcional y provisional de debates y

decisiones parlamentarias sobre los principales problemas, los más urgentes, que interesen al pueblo, que

permita funcionar con una normativa provisional, hasta que estas mismas decisiones se puedan tomar

conforme con los principios constitucionales posteriores. Hay que resolver la sensación de vacio, porque

crea tal psicosis nacional que impide que se gobierne e impide criticar constructivamente al Gobierno,

creando fantasmas inexistentes en todos los sitios.

—Señor Lasuén, qu i e r o acabar con las cuestiones políticas, formulándole ésta que espero que no le

resulte demasiado molesta. Después de oírle cuanto ha dicho, pienso si es usted el mismo hombre que

hace tan sólo medio año despotricara tanto contra Centro Democrático. Muchos fueron los que se

extrañaron de su incorporación final a la coalición, y no pocos pensamos que eran ustedes unos

oportunistas.

—Cada uno está en su derecho de pensar lo que quiera, pero lo cierto es que la Federación no es

responsable de esa imagen. Mantener su criterio hasta última hora repercutió muy negativamente sobre

ella. Conviene aclarar que la Federación Socialdemócrata esperó hasta tres días antes de la presentación

de las listas de candidatos a la consolidación del centro-izquierda que propugnaba. El centro-izquierda no

se constituyó, como consecuencia de que uno de los potenciales asociados, el más importante, no pudo

cumplir sus compromisos, y asi fue que nos encontramos en aqviel día ante la situación de, o entrar en

Centro Democrático, o no jugar en las elecciones. La decisión de la Federación fue que entraría en él si el

señor Suárez lo presidía. Cuando al día siguiente el presidente lo hizo,, la Federación entró ya en la Unión

de Centro Democrático, no en Centro Democrático. Y posteriormente, muchas de las personas que

boicotearon la idea de centro-izquierda, la están intentando proponer desde la U.C.D., ahora que ya no es

válida.

—Como asesor económico del presidente, ¿ha tenido usted algo que ver con el paquete de medidas fis-

cales presentado a las Cortes el pasado mes de agosto?

—Nada. Yo no era, cuando se elaboró, asesor del presidente. Tampoco soy ahora su asesor económico.

Soy simplemente asesor.

—¿Sobre algún aspecto de aquél se ha mostrado usted después particularmente disconforme?

—No puedo responderle a esta cuestión. Como miembro de la Unión de Centro Democrático, tengo que

votar el proyecto.

—¿En qué difieren sustancialmente sus planteamientos de política económica de los que mantiene el

actual equipo económico del Gobierno?

—Esta pregunta podría responderla libremente, porque la política económica en vigor no es la política

económica de U.C.D., sino del Gobierno, debido al hecho de que la U.C.D. se constituyó como partido

después de su elaboración. Sin embargo, limitaré mi respuesta al enfoque más general, porque por

discreción política elemental la discusión en profundidad del tema he de hacerla primero dentro de la

Unión de Centro Democrático, cuando ésta lo considere. En resumen, mi postura difiere tanto en la

evaluación de la magnitud y causas de la crisis, como en su tratamiento.

—¿Pero es que a estas alturas no han discutido ustedes el tema económico?

—Unión de Centro Democrático no ha tratado aún la cuestión económica, simplemente porque primero

tiene que organizarse, que es lo que está haciendo, para poder tratar éste y otros temas.

—¿Podría hacer una breve critica de la política económica del Gobierno, o se lo impide su posición de

asesor?

—No me lo impide, porque no soy asesor económico del presidente, Bino asesor a secas, como dije antes;

pero creo que no debo hacerla, hasta que se haya discutido el tema en la U.C.D. Sin embargo, sí quiero

señalar lo siguiente: Primero, que la situación económica española es mucho más grave de lo que se cree.

Segundo, que esa gravedad exige que la política económica sea una política de Estado, no de Gobierno, lo

que Implica que éste debe presentar a debate cuáles hayan de ser los objetivos y medios prioritarios de la

política económica del país. Nadie, sino el país, debe decidir hoy qué es lo más importante, si la inflación,

el paro o el déficit exterior, y con criterios generales deben corregirse. Esta indeterminación de jerarquías

de objetivos y medios es gravísima, porque condiciona básicamente la formulación de la política

económica. Tercero, que esta formulación, por otra parte, está muy condicionada, porque no tenemos ni

los instrumentos, ni las instituciones, ni la psicología social adecuados para hacer una buena política

económica, lo que exige a la par un gran realismo y una enorme imaginación.

—¿Cuáles son los instrumentos de que habla?

—En todo país libre occidental cada objetivo requiere un instrumento. Estos son: una política de tipo de

cambio o de cambio de precios relativos internos para el déficit externo; una política fiscal de ingresos y

gastos públicos para el empleo, y una política monetaria para la inflación. De los tres, el único existente y

eficaz, en estos momentos, es el monetario. Con él sólo se puede alcanzar un objetivo: corregir la

inflación, lo que puede tener efectos negativos sobre los otros objetivos. Es indispensable, por tanto,

sustituir los otros instrumentos clásicos con imaginación heterodoxa. Pero, además, no tenemos las

instituciones necesarias para que esos objetivos se apliquen efectivamente, excepción hecha del sistema

bancario y financiero, por otra parte, incompleto. No tenemos ni las instituciones fiscales, ni las

instituciones sindicales, patronales, etcétera, adecuadas.

—O sea, nada.

—Casi nada. Y más grave aún. Lo más triste es que los españoles no tenemos una concepción clara de

que estamos atravesando una de las crisis económicas más graves de toda nuestra historia. Por falta de

información, sin duda. Pero, sobre todo, por falta de experiencia, porque la mayor parte de la población

no ha vivido una crisis. En consecuencia, sigue un comportamiento consumista inflacionario; vive

despreocupada, en un ambiente de anarquismo providencialista, sin estudiar ni trabajar, ni

responsabilizarse por nada. Cuando tendría que ahorrar y asegurar un futuro sombrío, del que en el mejor

de los casos sólo saldremos dentro de tres o cuatro años, si las cosas no se ponen muchísimo peor.

1974, he advertido machaconamente que el trasfondo de la crisis económica que vivimos era político

militar, centrada en el conflicto árabe-israelí. Y que, en consecuencia, la causa básica económica que ha

sido el aumento del precio del petróleo podría repetirse en cualquier momento, y habría que protegerse

contra ello, cosa que no se ha hecho y es imprescindible realizar cuanto antes.

—En este momento existen altas probabilidades de que se recrudezca el conflicto árabe-israelí. ¿De

nuevo el precio del petróleo puede ser utilizado como arma política?

—La guerra es probable, y el alza del crudo y otras consecuencias peores también. Si se produjesen, nos

pondrían hoy en una situación de coma. Ni el país, ni la clase política están siendo conscientes de esto. La

prueba es que el tema no surgió en el debate sobre política exterior. En estas condiciones es muy difícil

hacer una política económica coherente y eficaz.

—Queda probado que no son sólo los salarios los factores determinantes de la crisis.

—Por supuesto que no. Hay otros muchos determinantes de la inflación. Hay una inflación externa

(debida al déficit exterior), una inflación de demanda (debida al déficit del sector público) y una inflación

de costes, de costes de trabajo más que de salarios, porque hay un fenómeno mucho más grave que el alza

de los salarios, y es la baja de productividad. Hasta que el país no. vuelva a trabajar con más energía que

en el pasado, con más solidaridad y eficacia, no habrá solución al problema.

—Decía usted antes que el único instrumento hasta ahora aplicado para frenar la inflación había sido el de

la política monetaria. La restricción de créditos en que se concreta, está llevando a muchas empresas a la

quiebra; consecuentemente, el paro crece.

—Dentro del cuadro de política económica elaborado por el Gobierno, la única posibilidad de reducir la

inflación es la de utilizar la política monetaria. No hay, hoy por hoy, aquí otros instrumentos, y esas son

sus consecuencias. Hay otras muchas soluciones, fuera del libro de texto, heterodoxas y no seguras.

—Pocas salidas ofrecen ustedes los economistas.

—Lo mismo dicen los enfermos de cáncer al médico. Y aquí el cáncer es voluntario, autocreado. Por lo

que a mí respecta, personalmente no siento ninguna responsabilidad, porque he repetido hasta la saciedad

lo que iba a suceder y he propuesto a su tiempo soluciones para minimizar el problema. De todas formas,

hay algo concreto que se puede afirmar: en las condiciones en que nos encontramos, de la situación sólo

podemos salir fomentando la fuerza de los dos únicos motores eficaces conocidos en política económica

—liberalismo o socialismo— a su máxima potencia. De esta situación sólo nos sacará o un liberalismo

radical o un socialismo radical.

—¿Por cuál de los dos está?

—Considero más efectivo o viable el primero en el marco interno y externo de España. Si sigue el

esquema de libre mercado, hay que tener en cuenta que el empresario, en general, ha estado tan

discriminado como el consumidor y el trabajador durante la etapa intervencionista anterior. Para que el

sistema de libre empresa pueda reaccionar positivamente en el contexto dificilísimo en que nos encon-

tramos, es necesario restituirle y reforzar los derechos económicos de una economía libre de mercado. El

desequilibrio actual entre derechos políticos, sindicales, civiles y económicos es inmantenible. Si sigue el

intervencionismo económico, habrá una involución en los otros o una revolución.

EL GOBIERNO Y LA BANCA

—Una última pregunta. Los legos en economía nos preguntamos sobre las razones que han movido a la

Banca para decidir su apoyo a la política económica del Gobierno, a la que en un principio parecía estar

enfrentada. ¿Podría explicarnos?

—La Banca no atacó ni ha apoyado la política del Gobierno. Esa interpretación es una fabricación política

demagógica. La Banca es muy consciente de que sus intereses están subordinados a los Intereses de la

clase media, soporte a su vez de la alta, que, como depositantes o deudores, son la base de su negocio.

Cuando la Banca hizo las manifestaciones a que usted se refiere estaba defendiendo los intereses de sus

acreedores y deudores, por supuesto en beneficio propio, y su postura no era sino una simple advertencia

al Gobierno de lo que podía suceder si se utilizaba básicamente la política monetaria. Ahora bien, cuando

la Banca ha percibido que el Gobierno entendía su actitud como una crítica, ha dicho: «Bueno, señor

Gobierno, a pesar de mi opinión, si usted quiere seguir esa política, haga lo que quiera y cargue con la

responsabilidad. Nosotros simplemente deseamos advertirle de sus costes, pero no tenemos ningún interés

en luchar contra usted; antes al contrario, obedecemos fielmente sus órdenes, pero manifestamos al

público que la responsabilidad de cuanto suceda es suya.»

 

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