La UCD, castillo de arena     
 
 El Alcázar.    09/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Instantánea

LA UCD, CASTILLO DE ARENA

roda la habilidad maniobrera del presidente Suárez no puede ocultar un hecho incuestionable: la UCD

carece de afiliados. Es una gigante sin esqueleto, un estómago voraz, sin cuerpo. En tales condiciones, el

éxito electoral, conseguido desde el poder para la unión de unos partidos fantasmas, puede ser tan efímero

como un castillo de arena. La eventual salida de Suárez de la Presidencia del Gobierno sería, por si sóla,

tan demoledora como una patada en la arena del castillo.

De que la UCD carece de afiliados es prueba suficiente la última reunión de su Comité Ejecutivo bajo la

Presidencia del triple presidente (del Gobierno, del «partido* y de la reunión, triple tiara que da a Suárez

semblante pontificio). Según las informaciones hechas públicas, se di/o en la reunión que s» estaba

trabajando en «preparar la infraestructura de afiliación* y que se espera contar, para antes de las

elecciones municipales, con 50.000 afiliados.

Las cifras de afiliaciones suelen ´ tender al inflacionismo optimista. En cualquier caso, si para dentro de

unos meses se espera contar con 50.000, es indudable que la cifra actual de afiliados es muy inferior.

Calculémosla, como hipótesis de trabajo, en 1O.OOO. Significa que la UCD, compuesta por una docena

de «partidos políticos, tiene algo así como 200 afiliados por provincia. Si suponemos que una

considerable parte de ellos están en Madrid y otras grandes capitales, la distribución se modifica y no

quedan más allá de unas docenas de a filiados para provincias donde, sin embargo, han ganado las

elecciones.

¿Con qué votos?, cabe preguntarse. Con los de unos ciudadanos, todo lo despistados que se quiera por el

tinte «continuista* de la propaganda televisiva, pero que no son de la UCD ni de ninguno de los diversos

y desconocidos «partidos * que componen la coalición. Resulta evidente que varios partidos políticos sin

representación parlamentaria cuentan con una base de afiliados superior a la dé la «poderosa» UCD.

Sirvan de ejemplo el Partido del Trabajo a la izquierda y Fuerza Nueva a la derecha. Y con mucho mayor

poder de convocatoria para movilizar las masas en la calle. Si la UCD lo duda, que convoque una

manifestación a pecho descubierto, sin apoyo de la televisión ni de la prensa, como ha hecho Fuerza

Nueva hace unos días y, si consigue que doscientos mil ciudadanos salgan a la calle con pegatinas de

UCD gritando « Viva la política centrista *, estamos dispuestos a concederá UCD la rosquilla de oro pese

a que no ignoramos que el número de su «clientela» (ministros, consejeros, diputados, gobernadores y

cargos democráticos) es bastante importante.

Desde el Gobierno se puede mantener la ficción de un «partido» sin afiliados. Y hasta ganar unas

elecciones. Pero algún día llegará la hora de la verdad, la de medirse con las restantes fuerzas políticas en

condiciones iguales. Entonces la magia del poder va a servir de poco. Las siglas UCD cobrarán su

verdadero significado. No será Unión del Centro Democrático, sino Unión de Castillos De arena.

 

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