Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Teoría del Centro     
 
 Informaciones.    12/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS DEL CAMBIO TEORÍA DEL CENTRO

Por Jaime CAMPMANY

PERDÓN por la pedantería del título, que necesitaría para su desarrollo todo un volumen y no una breve

columna casi de agua, casi de humo. Se discute estos días si el Centro debe retroceder hacia la derecha,

escorarse a la izquierda o encontrar el centro-centro. Bienvenido sea para los ucedistas este debate,

porque denota —a mi modesto entender— una primera crisis de desarrollo como gran partido.

Hasta ahora, la U.C.D. ha sido mucho más que un conglomerado de partidos, que ni existían ni existen,

una posición de moderación a la hora del tránsito y la confianza del electorado en una figura —la de

Adolfo Suárez— que ofrecía la promesa de firmeza sincera en el cambio y la garantía de una prudencia

que evitara el trauma y la ruptura violenta que otros deseaban y propugnaron. Ni esa vaga posición

moderada ni ese repentino fulanismo van a servir más alta de estos primeros pasos de nuestra democracia

en flor.

Si la U.C.D. tiene —como parece— vocación de gran partido político, ha de encontrar inmediatamente

después que la fórmula de su estructura unitaria, la manera de extenderse por la izquierda y por la derecha

para recoger el voto útil del electorado de las dos alas y para competir en el mismo campo electoral de sus

vecinos por uno y otro lado. Todo eso, sin romper la unidad, en un juego de equilibrio donde la traslación

del centro de gravedad se produzca de modo lento y en espacio corto. Cada una de las opciones dentro del

partido debe tender a moderar a las restantes y debe esperar, sin escisiones suicidas, el momento de su

predominio, según el Interés del país en cada circunstancia y las correcciones de tendencia del electorado.

Un gran partido centrista debe admitir, y aun estimular, la existencia dentro de su seno de posiciones

políticas comprendidas entre la frontera del socialismo marxista y el límite de la derecha cerril.

Ya sé que en estos momentos pedir eso a un partido que todavía no ha logrado una mínima estructura y

que ni siquiera ha celebrado su primer congreso nacional, es como pedir a un niño de teta que escriba el

«Discurso del método». Pero si no se acepta de antemano este juego de balanceo para un futuro más o

menos inmediato, y cada cual se empeña en llevarse el agua ancha del Centro a su pequeño molino, lo

más probable es que ese Centro se disgregue y vuelva al estado sideral de donde vino: una constelación

de pequeños meteoritos atraídos sólo por una fuerza que también separa, el deseo del Poder. Y se

convierta en una incoherente tertulia de pequeños Fulanos.

 

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