Autor: Lozano, Raimundo. 
   Fernández Ordóñez y José Ramón Lasuén     
 
 Arriba.    14/12/1977.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

VIDAS PARALELAS

FERNANDEZ ORDOÑEZ Y JOSÉ RAMÓN LASUEN

En los vanos intentos para forjar una socialdemocracia a la latina en nuestra nación confluyeron dos

personajes de la esfera económica: Francisco Fernández Ordóñez y José Ramón Lasuen Sancho. Tenemos

de entrada, pues, un par de coincidencias: su común y pretendida ideología socialdemócrata y su

condición de profesionales de la economía; si bien, en este segundo aspecto de sus personalidades, se

orientan hacia distintas vertientes: Fernández Ordóñez hacia la economía práctica, la financiera, la

administrativa; Lasuen hacia la economía teórica, la universitaria, la Investigadora.

El sentido pragmático de Fernández Ordóñez se advierte asimismo en su intensa, y la larga, actividad

política. No hubiera podido en los años de la era de Franco poner en ejecución sus proyectos económicos

y servir al Estado como deseaba, fuera de la esfera de la Administración, controlada férreamente por

aquel Gobierno. Pasaban los años, antes de la muerte de Carrero Blanco, sin que el más optimista liberal

español vislumbrase la más remota posibilidad de cambio. ¿Qué iban a hacer, entonces, Fernández

Ordóñez y tantos otros socialdemócratas o cristianodemócratas de su estilo? Acomodarse a la sempiterna

situación para tener oportunidad de emplear su capacidad de acción y su talento a] servicio de la sociedad

española.

Por ello, aunque siempre advirtió que era antifranquista, fue sucesivamente Fernández Ordóñez secretario

general técnico del Ministerio de Hacienda (con Monreal), subsecretario de Economía Financiera siendo

titular del departamento Barrera de Irímo y, posteriormente, presidente del Instituto Nacional de Industria,

hasta que, por solidaridad con Pío Cabanillas, dimitieron uno y otro.

A pesar de ser catedrático de Teoría Económica, José Ramón Lasuen también se dejó tentar por la

«praxis» durante el franquismo, aunque no llegó tan alto, ni permaneció tanto tiempo en la

Administración como Ordóñez. Fue, sin embargo, consultor del Plan de Desarrollo y unos meses

subdirector general de Urbanismo. Asimismo, estableció contacto con la industria, si bien con la privada,

pues ha presidido o dirige alguna empresa de su tierra de Aragón.

En los amenes del franquismo sienten ambos la llamada de la «odaldemocracia, quizá con mayor de

cisión Fernández Ordóñez, quien es recibido con los brazos abiertos por la oposición, todavía Ilegal, y

pasa a ser una de las figuras más destacadas de la platajunta. No le sigue por ese camino Lasuen, pues se

mantiene fuera de la plataforma y de la Junta, y coopera en el intento fallido de construir una «tercera

fuerza» en la que habrían de participar, con otros grupos socialdemócratas, los socialistas históricos,

Reforma Social, de Cantarero, e incluso —hubo conversaciones— los «seuistas» de Martín Villa.

Esto ocurrió ya después de la rotura de la Federación Socialdemócrata del Estado Español, que habían

constituido Fernández Ordóñez y Lasuen pocos meses antes, hace ahora un año. La presidía el primero y

era secretario general de ella el segundo. Este se quedó con la Federación y Ordóñez fundó el Partido

Socialdemócrata que no había de tardar en incorporar, llevado de su lúcido sentido práctico, a la Unión de

Centro Democrático, ejemplo que a los pocos días siguió el propio Lasuen con su Federación.

Gana la UCD las elecciones del 15 de junio, y al formar Adolfo Suárez nuevo Gobierno incluye en él a

Francisco Fernández Ordóñez como Ministro de Hacienda, culminando de ese modo su brillante carrera

de hacendista. Lasuen se quedó fuera de momento, pero pronto le compensó el Presidente del Gobierno

con el nombramiento de consejero asesor suyo, entrando así el catedrático aragonés en ese curioso equipo

formado por significadas personalidades que a muchos les parece un Gabinete en la sombra, en reserva;

lógico, si fuese de la oposición; ilógico, estando en el poder.

Mientras tanto continuó desmoronándose la socialdemocracia. Últimamente, el partido de Fernández

Ordóñez ha decidido disolverse e integrarse plenamente en la UCD. En cuanto a la Federación de Lasuen

se va, pero se queda; es decir, la Federación recobra su completa independencia, aunque los cuatro

parlamentarios con que cuenta continuarán perteneciendo a la gran minoría de la UCD, en tanto que

Lasuen permanece como asesor presidencial.

Otra vez han coincidido Ordóñez y Lasuen en su vida política. Se habrán convencido, por fin, de que no

existe la menor posibilidad en España de constituir una fuerte organización socialdemócrata a la latina,

como en Portugal, o en Italia. Lasuen lo expresó claramente hace unos días en sus declaraciones en el bar

de la Cámara, recogidas por «A B C», cuando indicó que «es difícil que UCD haga la socialdemocracia

en su seno», y añadió que «la formación de la socialdemocracia es tarea del PSOE».

Evidentemente, puesto que la versión española de la socialdemocracia europea —no de ese engendro que

llamamos latina— es el Partido Socialista Obrero Español histórico y efectivamente. Considerando, claro

está, que la verdadera socialdemocracia de ninguna manera es una manifestación edulcorada del

socialismo, sino éste en toda «u amplitud como partido, que comprende desde los maximalistas —así

están en ella, todavía, los «justos» en Alemania— hasta los más moderados y liberales. Socialdemócratas

son Schmidt y Brandt, pero también lo es Olof Palme en Suecia y lo fueron los bolcheviques hasta 1918.

Por eso supone una honesta y sabia decisión la de Fernández Ordóñez y José Ramón Lasuen la de tejarse

de evanescentes socialdemocracias y de procurar, eso sí, Infundir su espíritu social y demócrata en la

UCD; realizando Ordóñez su reforma fiscal, para lo que estaba predestinado, dado que su biografía

oficial, en sus primeros pasos, es el «desiderátum» de la fiscalía: fiscal de Audiencia, inspector fiscal de

Hacienda, subdirector de Estudios Fiscales; mientras Lasuen puede entretenerse en bosquejar una teoría

que concille los postulados económicos de la socialdemocracia latina, con los de la democracia cristiana y

los del liberalismo para proporcionar a la UCD, en ese campo, una doctrina firme y clara.

Raimundo LOZANO

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