Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Salvar el centro     
 
 Informaciones.    01/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

SALVAR EL CENTRO

Por Abel HERNÁNDEZ

LA U.C.D. está siendo sacudida por una seria crisis interna. Esto ocurre cuando desde la Moncloa se

hacen esfuerzos increíbles para consolidar, vertebrar Ideológicamente y ensanchar por la base el gran

partido del centro. La Federación Social Demócrata, enganchada en el último momento, en vísperas de las

elecciones, al carro de Suárez, está a punto de desengancharse. Sus siete parlamentarios, entre los que

destaca el profesor Lasuén, asesor del presidente, mantendrán, sin embargo, su compromiso electoral. Los

liberales también intentan desmarcarse en busca de otras alternativas: el señor Camuñas dejó ayer bien

clara su posición al respecto; el señor Garrigues, impulsor de un «Club Liberal» a punto de nacer, está

esforzándose en mejorar su imagen para cuando llegue la hora del recambio y ha tenido cambios de

Impresiones con dirigentes del P.S.O.E., lo mismo que el socialdemócrata y ministro de Hacienda, señor

Fernández Ordóñez.

Los demócrata cristianos, con varias tendencias en su seno, se resisten a su disolución. Sólo lo harán en el

caso de que la U.C.D. se convierta de hecho en un partido demócrata cristiano, con pequeños ingredientes

de otras cocinas políticas. Por lo pronto exigen que en la Constitución, la Unión de Centro Democrático

defienda la doctrina de los obispos, emanada de la última asamblea plenaria. Hay quien opina que el señor

Osorio aspira a una especie de C.E.D.A. rediviva. Para eso habría que contar con el señor Silva y su

grupo, asociado ahora a Alianza Popular.

El serio aviso de los empresarios y el no menos serio de los obispos, sin olvidar la presencia insólita de

generales y altos oficiales ayer en el funeral por el comandante Imaz, asesinado en Pamplona, todo esto

en el contexto de gravísimas dificultades económicas, está obligando a la U.C.D. a reconsiderar su

identidad, y al Gobierno, su política, fundada en el pactismo, del que el principal beneficiario hasta ahora

ha sido el señor Carrillo, que tiene mucho más poder que el que le correspondería por su menguado éxito

electoral.

Sin embargo de todo esto, harían muy mal los empresarios, los militares y los obispos en torpedear el

barco U.C.D. con toda la tripulación dentro. Y harían peor los oficiales y la marinería ucedistas si

abandonaran el barco a la primera dificultad, dejando al capitán solo en cubierta, aunque es cierto que el

capitán debería dar rápidamente un golpe de timón, si no quiere que le barra una ola cualquier día. En las

vísperas del 15 de junio eran unos pobres náufragos de la política, que recibieron cobijo y, en muchos

casos, camarote de primera. De que este barco llegue a buen puerto (con todos los errores de rumbo que

se quiera) depende, en gran parte, que este país no sea barrido en pocos meses por los malos vientos del

pasado. Afortunadamente no ha llegado aún el momento del «sálvese quien pueda».

 

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