Autor: Guzmán, Carmen. 
 José Maldonado (último presidente de la República). 
 Si la economía no funciona la Democracia es una utopía     
 
 El Imparcial.    28/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 25. 

José Maldonado, abogado, nació en 1900. Ha pasado cuarenta años en el exilio. Fue concejal durante la

República y director general de Carreteras en el gobierno Negrín. En el gobierno republicano en el exilio

ocupó dos veces la cartera de Justicia, siendo presidentes Alvaro de Albornoz y Claudio Sánchez -

Albornoz. Al morir el profesor Jiménez de Asúa fue elegido presidente de la República en el exilio(1970).

Ha ostentado la presidencia de ARDE, partido actualmente legalizado. El mismo dice que terminó su

“misión histórica” el 21 de junio de 1977, al disolver la República en el exilio. Ha vivido siempre en

París.

José Maldonado

(último presidente de la República en el exilio)

“Si la economía no funciona, la democracia es una utopia”

• No soy partidario de un referéndum República - Monarquía

• Las preautonomías son una broma

• El Ejército tiene una gran tradición liberal

¿Qué han supuesto para usted estos cuarenta años de exilio?

—Para un hombre que ha vivido casi cuarenta años en la emigración, ésta significa mucho. Y significa

mucho porque, aparte de ser la mitad de la vida, nosotros hemos representado durante ese largo periodo

de tiempo el deseo inequívoco y constante de devolverle al pueblo español su libertad. Sin embargo, este

deseo no se ha logrado plenamente porque la democracia, de la que tanto alardean los demócratas

conversos, no se ha visto aún traducida a la práctica, como lo demuestra el hecho de que las diputaciones

y ayuntamientos de España sigan en poder de las fuerzas reaccionarias, que seguramente lo que quieren es

restablecer el viejo caciquismo español adaptado a las formas de ahora. Y eso no es democracia.

—¿Qué opina del proyecto constitucional?

—El proyecto constitucional se ha elaborado con un contexto político muy delicado, porque está claro

que ninguna de las fuerzas políticas de la oposición parlamentaria tiene una absoluta libertad de opinión

y están constreñidas por una serie de factores. Esto afecta al proyecto. La representación de los poderes

desconoce, por ejemplo, el sentimiento regional profundo que hay en España. Las preautonomías son una

broma, y si se juega en política hay que hacerlo sería y noblemente.

—¿Es oportuno en estos momentos plantear la alternativa Monarquía/República?

—Si mañana se establece una República en España, la alternativa monárquica quedará en pie, ya que

tanto la Monarquía como la República deben dar al adversario las posibilidades democráticas de trabajar

y de conquistar la opinión pública. Ahora, si usted me pregunta si creo que la República está a la vuelta

de la esquina, le contesto que no. Pero hay que dejarnos elaborar esa posibilidad, porque no lo olviden los

que nos quieren ignorar esa posibilidad, a nuestro juicio, es el futuro de España.

—¿Es usted partidario de que se plantee esta alternativa en un referéndum?

— No soy partidario de un referéndum porque un plebiscito no definiría qué sistema político se iba a

establecer. Lo que se debería haber hecho es convocar unas elecciones constituyentes, presididas por un

gobierno que no fuese representante de una fracción, sino de un gran sector, que abarcara todas las

corrientes importantes de la opinión del país. De este modo los españoles hubieran elegido unos diputados

capaces de discutir el proyecto constitucional en el que aparecieran todos los matices, y del contraste de

esas opiniones hubieran surgido una Constitución capaz de vivir muchos años.

—¿Qué posibilidades tiene ARDE en el panorama político del país?

—Eso es el pueblo el que debe determinarlo. Hasta ahora hemos sido discriminados, y, en muchos

aspectos, lo seguimos siendo. ¿Qué vamos a representar en el futuro? Queremos ser una fuerza solvente y

respetable con la que contar en la política española de mañana.

—¿Con qué sectores pactaría?

—Nuestro partido es democrático, parlamentario y social. Y la solución de los problemas que hay está en

el campo de la izquierda. Con las fuerzas que se titulan de centro, pero que son conservadoras, no

tenemos nada que hacer, y con los claudicantes, menos aún.

—¿Qué diferencias tienen con los socialistas y comunistas?

—Existen diferencias de doctrina, pero no diferencias de aplicación. Nos separa una cosa esencial: ellos

son partidos de clase, defienden los intereses de determinadas clases sociales, mientras que nuestra

posición es la de defender los intereses generales del país. Por otra parte, nuestro deseo de que la sociedad

se transforme y sea más justa, más equitativa y más igualitaria, nos coloca en muchas ocasiones a su lado.

¿Cree que la escalada terrorista puede desembocar en una situación bélica o prebélica?

—El terrorismo es un mal, pero hay que saber combatirlo, creando y generando rápidamente las

condiciones de una sociedad en la que todos, hasta los más desheredados, puedan sentir que hay

beneficios. Esas fuerzas de tipo revolucionario violento no cabe duda que provocan situaciones

conflictivas, de las que pueden salir beneficiados, además, aquellos a los que más interés tienen en

combatir.

—¿Cómo ve la grave situación económica por la que atraviesa el país?

—No soy un experto en este tema, pero la democracia es una utopía expuesta a mil riesgos si la economía

no funciona de una manera correcta. Precisamente en los últimos tiempos uno de los aciertos de la

política de la izquierda ha sido el de propiciar la solución armoniosa de los problemas económicos

apremiantes.

—¿Qué opina de los llamados poderes fácticos: Iglesia, Ejército, Banca? ¿Qué papel representan en

España?

—Respecto a la Iglesia, parecía que la idea del «aggiornamiento» había entrado en la Iglesia española,

pero sus últimas declaraciones e intromisiones en las actividades del poder civil demuestran que si ha

entrado ha sido muy tímidamente.

—Ejército.

—Es una incógnita. Sin embargo, no hay que olvidar que éste ha tenido una gran tradición liberal en la

Historia de España. Me imagino que como habrá en él elementos representativos de las diferentes

categorías socioeconómicas de la vida española pasará a ser un reflejo de la opinión general del país.

—Banca.

—Protege los intereses económicos y los partidos conservadores, subvencionándolos y amparándolos.

Una política de izquierdas en el país exigiría que se pusiese coto a ese poder, que no debe ser un estado

dentro del Estado.

CARMEN GUZMAN (Foto: Miguel VIDAL.)

 

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