Autor: Urbano, Pilar. 
 Los siete consejeros del presidente. 1. 
 Alfonso Osorio: "No he intrigado nunca"     
 
 ABC.    10/11/1977.  Página: 11-13. Páginas: 3. Párrafos: 77. 

ABC. JUEVES, 10 DE NOVIEMBRE DE 1977. PAG. U

LOS SIETE CONSEJEROS DEL PRESIDENTE

ALFONSO OSORIO: "NO HE INTRIGADO NUNCA"

«Cada uno debe ser lo que de verdad es, y defender sus propias banderas, sin querer hacer suyas también

las de los de enfrente. Eso no sería democracia, sino totalitarismo.»

«Un político creyente no puede ni debe tomar iniciativas contrarias a las de su credo.»

«Por el momento, yo estoy en U. C. D., a través de la democracia cristiana, para defender mis ideales y

convicciones.»

Se resistía Alfonso Osorio a la entrevista. Hemos charlado varías veces, por teléfono, en su despacho de

Petromed, en pasillos do ¿as Cortes, pero siempre con suplicada off the record». No ha querido aparecer

«en /os papeles» desde que salió del Gobierno-Suárez. en julio de este mismo año.

EN este bendito país un consejero del presidente del Gobierno no cobra un duro, ni tiene coche olida!,

ni presencia pública, ni e! distraído esparcimiento de las cacerías de élite política y financiera.

• Un consejero del presidente, en este país nuestro, no puede siquiera permitirse el prurito efe saber que

influye en la mente suprema del Gobierno. No; porque «Suárez escucha, pero no es impresionable ni

presionable. Oye a muchos, y resuelve en solitario».

• Un consejero del presidente debe ser tan exquisitamente humilde como para no señalar con el dedo

aquel acierto del Gobierno que se hizo bajo su consejo. Tan lealmente prudente, como para no mover la

cabeza, de un lado a otro, reprobando el descalabro que ya él había advertido.

• Un consejero del presidente mira, oye, informa y... pasa la página. Pero no pasa factura.

• El poder de un consejero quizá no sea otro que el de ser une voz que llega hasta los mismísimos oídos

de Adolfo Suárez. traduciendo hechos y actuaciones, exponiendo estados de opinión, apuntando

soluciones, avizorando riesgos. Ni más ni menos,

• En un principio, cuando Suárez nombró a sus «siete susurros» se pensó que había organizado un

«Gobierna paralelo» para neutralizar complots F enmendar yerros. Pero, transcurridos más de cien

días desde la designación, se ha evaporado la sospecha de «un Gobierno en la sombra». Suárez sigue

siendo, esencialmente, un gobernante solitario. «Está solo en la cúspide del poder», me han dicho uno y

otro de estos siete hambres. Por cierto, jamás se bao reunido en torno a una misma mesa. Son eficacias

«sin sueldo ni despacho», con pocos vínculos interpersonales. Algunos si que ocupan un despacho y

se dedican, «full tune», al presidente «quemando ahorros, porque hasta ahora no ha habido paga

alguna», me comentan.

• Así, José Ramón Lasuéñ y Lorenzo Olarte trabajan muy cerca del presidente en la misma Moncloa.

Utilizan la vía del ministro Otero Novas. Salvador Sánchez-Terán tiene su emplazamiento en Castellana,

3, cerca de Abril Martorell. Federico Mayor Zaragoza, con su .bata blanca de bioquímico, sigue en su

«cubil» de la Universidad Autónoma, y desde allí hace llegar sus cuartillas con informes y dictámenes a

Adolfo Suárez. Leopoldo Calvo-Sotelo acude frecuentemente a la Moncloa, o telefonea a su aconsejado

Arturo Moya, prepara las municipales desde U. C. D. Se ha instalado en un despacho amplio de Ceda-

ceros. 11. Finalmente. Alfonso Osorio, el hombre que más cerca ha estado de Suárez y que hoy mantiene

una cierta lejanía de posición política, es, sin duda, el más contundente de los consejeros, el más descar-

nado en sus avisos. Ha «ejercido» pocas veces.

• Yo recuerdo, y hace de esto más de un mes, le preguntaba a Osorio si había estado recientemente con

Suárez cerno consejero. «Sí, hace poco —me dijo—. Y tú le viste cuando venía de estar conmigo, la

pusiste en el "hilo airéelo". Describías 1» llegada del presidente al Pleno de ese día en las Cortes. Decías;

"Suárez entra tarde y con la expresión torva, como si hubiese recibido un serio disgusto.» Acabábamos de

estar juntos.»

• Y bien, parece interesante acercar al primer plano a cada uno de «estos siete hombres, que conjugan

libertad y lealtad en ese difícil ten con ten de favorecer la acción de Gobierno sin gobernar. Ellos son el

verdadero «entourage> político de Adolfo Suárez.—P. U.

—¿Por qué esa evasiva, a «ser noticia»?

—En los dieciocho meses que estuve en el Gobierno, tanto con Arias como con Suárez, procuré hacer el

menor número de declaraciones. Sólo las indispensables. Concretamente, en el secundo Gobierno cifré mi

interés en trabajar para que todos los miembros, del Gabinete estuviesen apiñados en torno al presidente

Suárez y traté a toda costa d« evita» protagonismo personal. En cierta medida estoy en la misma línea.

—¿Y en qué otra cierta medida no está en esa línea?

—Desde mi propia ética considero Que las obligaciones de un miembro del Gobierno son más vigorosas

que las de un simple consejero. Por otra parte, manteniendo mis lealtades» no renuncio a mi libertad.

NO SOY UN ANSIOSO DE PODER

—-En julio le pregunté por miedo seguía usted en el Gobierno y me respondió: «Porque no quiero. Estoy

cansado.» Vuelvo a hacerle la misma pregunta,

—Sencillamente, porque no soy un ansioso de Poder,

—Pero aceptó usted ser consejero de Suárez, después de haber sido vicepresidente de Gobierno. ¿Y

eso...?

—Ni mas ni menos que para dar a Adolfo Suárez otra prueba más de amistad.

—Ya antes d« la crisis de Arlas se hablaba, porque existía, d«l tuerte tándem Suárez-Osorio. Después se

reforzó el «congenie» entre ambos... ¿Qué quebró ese tándem? ¿Está usted ahora, humana y

políticamente, más lejos de Suárez?

—No puede hablarse de «quiebra», sino de posiciones relativas diferentes, en el actual momento político

español. Desde mi punto de vista, una vez celebradas las elecciones generales, t teniendo en cuenta cuál

fue el auténtico electorado que dio sus, votos a U C. D., consideré, y sigo considerando, que la posición

fundamental do nuestro electorado es de centro-derecha. Esa es también mí posición en el espectro

político. Suárez, en cambio, se Inclinó en un primer momento y por razones que deseo sean sólo

tácticas— hacia el centro-izquierda. Evidentemente, su posición la respeto. pero no la comparto.

«VUECENCIA RESOLVERÁ»

—Ha. de ser difícil aconsejar a un presidente que está, en posición distinta a la de uno...

—Bueno, debo decir que, como tal consejero del presidente, he ejercido en escasas ocasiones. Yo pienso

que la función del consejero, si actúa con honestidad e independencia, es la de exponer descarnadamente

lo que piensa a quien está aconsejando. No olvido, y lo tengo muy presente, que todos los dictámenes

deben terminar siempre con la frase ritual «V. E., no obstante, resolverá».

Osorio no tuvo que «empezar a ser monárquico» cuando juró Don Juan Carlos. El lo era de antes. Le

comento mi extrafieza por su ausencia del Gobierno daílá su experiencia, su monarquismo v su ucedismo.

en momentos como éste, de consolidación de la Corona. Se levanta, revuelve en la librería v regresa con

un volumen abierto en nar.

—Permítame que me antocite, Pilar... Esto declaraba yo en 1974. Y pienso lo mismo hoy-

«La. Institución monárquica es para todos los españoles, para los que la fueron leales siempre, para los

que lo son ahora, aunque antes no lo fuesen, y para los que están dispuestos a acatarla mañana. Lo»

primeros que tenemos que hacer que así sea, aun con nuestra renuncia o sacrificio personal, si es

necesario, somos los monárquicos "de siempre".»

¿INTRIGA USTED?

(En más de una ocasión me ha dicho Osorlo: «No me gusta jugar, en política, de delantero centro.

Prefiero actuar desde un segundo plano...» Osorio hizo con Suárez aquel Gobierno llamado «penene».

Osorio fue el brazo ejecutor que descabalgó a Areilza de su liderazgo para que Suárez encontrase «pista

libre» en las elecciones. Osorio —se ha dicho, aunque quizá sin ratón— maniobró en la confección cíe las

listas de candidaturas del Centro «pata situar en números altos a hombres, de su Ideología». Osorio

almuerza y cena con democratacristianos y «tácitos». Va con alguna asiduidad a la Zarzuela...: es un

hombre que parece reservarse para algún >Ha.)

—¿Intriga usted? ¿Hace usted política, al margen de 5a del Gobierno?

—un hombre con vocación política, y yo la tenso, hace política siempre; jamás se despreocupa de ella.

Ahora, intrigar no he Intrigado nunca. No es intriga exponer y defender los puntos de vista personales. No

es intriga cambiar impresiones con quienes opinan de modo similar...

—Cenar con democristianos y «tácitos» descontentos, ¿es intriga?

—Extraña intriga es ésa que se produce la luz pública y conociéndolo todo el mundo. Además, tais

amigos y correligionarios políticos están, en una gran mayoría, entre democristianos y «tácitos». Que

quede claro, pues, que me he reunido con ellos antes, durante y después de estar en el Gobierno. Pienso

seguir haciéndolo cuantas Teces me lo requieran o se lo requiera yo ellos. Es absolutamente normal, en

cualquier país democrático. Y no estoy dispuesto a admitir que nadie me dé lecciones de comportamiento

moral. España ha evolucionado hacia un régimen pluralista y abierto, no hacia los silencios de más

allá del telón de acero.

(¡Ah! El ex vicepresidente del Gobierno sonríe, sin alterar un solo músculo de su rostro. Como quien ha

disparado no un dardo, sino un carcaj lleno de dardos... ¡y ha hecho diana de lleno!

D DEFENDER LAS PROPIAS BANDERAS, NO LAS DE ENFRENTE

—Queramos o no, Harnéenosles como les llámennos, en España sigue habiendo izquierdas y derechas,

con diferencias que a veces son difícilmente toleradas. ¿Es, políticamente, aconsejable la transigencia?

¿Hasta dónde?

—¿Asistió usted a mi conferencia en el Siglo XXI, en junio del 76? Entonces me refería a ese tema; entre

otras cosas venía a decir, .y hoy lo mantengo como válido, que transigencia no significa identidad sin

condiciones, sino posible avenencia sin violencias. Y entre contrarios es condición que cada quien lleve

bajo el brazo el testigo d« su buena voluntad. La izquierda puede y debe llevar su renuncia al

maximalismo dialéctico, a la violencia y a la subversión, y el propósito de juzgar democráticamente

limpio. La derecha puede y debe llevar la conciencia de que ya no es todopoderosa como antes, y que la

paz social cuesta un precio alto que es menester satisfacer... La izquierda debe comprometerse a aceptar la

legitimidad de la Corona y a hacer imposible otra guerra civil; la derecha, ser leal a. la Corona también

cuando ésta no se ponga al servicio de sus intereses; aceptar la alternativa y hacer inviable el

autoritarismo, que es más síntoma de miedo que de gallardía. Todo esto quiere decir que, en un verdadero

juego democrático, cada uno debe ser lo que de verdad es y defender sus propias banderas, sin querer

hacer suyas también las de los de enfrente. Eso no sería democracia. Sería totalitarismo.

«SOY UN CATÓLICO LLENO DE DEFECTOS»

—Ciertamente, desde la calle se tiene a veces la Impresión de que el Gobierno de Suárez cede demasiado,

transige. Pero al Irle hablar a usted me asalta el temor d« que, en el fondo. Invoque ahora un nuevo

autoritarismo...

—No. No soy autoritario. Soy demócrata. No pertenezco a la «derecha autoritaria», sino a la «derecha

democrática». Pero es muy importante que no se pierda la conciencia de que esto podrá haber

democracia sin autoridad.

—Insisto en apretar la clavija de esta cuerda. Desde su posición de centro-derecha, ¿hace suyas las

posturas típicas de una sociedad permisiva?

—Mire, Pilar: yo soy un hombre lleno de defectos y de imperfecciones, pero soy católico y católico

practicante. Pienso, pues, que un político creyente no puede hacer suyas más banderas que las de su

credo. Por tanto, no puede, ni debe, tomar iniciativas contrarias a esa fe que trata de vivir. Otra cosa,

distinta es admitir que quienes no tienen esas creencias ni esa moral defiendan y mantengan sus propias

posturas. Entonces, si consiguen imponerlas democráticamente, habrá que respetarlas, pero salvando

siempre el fuero de la conciencia de cada hombre,

—Pero era el «centro». en la U.C.D., hay muchos hombres, tanto en el Parlamento, como en el «staff» del

partido, como en el mismo Gobierno, no vinculados por una militancia religiosa o por una determinada

creencia, y sus «fronteras» morales llegan muy lejos. En ciertos puntos importantes, ¿pueden darse

discrepancias graves entre unos sectores y otros?

—En U. C. D. hay alas o tendencias. Es lógico y necesario. Pero, tanto por la linde derecha como por la,

izquierda, hay que dejar claro que existe una frontera moral y que bar cuestiones sobre las que no cabe

discrepar. Por ejemplo, no entiendo la posición política de una «derecha democráticas que no defienda los

baluarte» de la familia, del derecho a nacer, de la moral pública, de la pluralidad de enseñanza, de la

libertad para practicar las propias creencias, del respeto y ayuda a los ministros de estas religiones... ,

«ESTOY, POR EL MOMENTO, EN U.C.D....»

—Cara al primer Congreso de Unión de Centro Democrático, ¿cómo piensa que debe organizarse el

partido?

—Yo estoy, por el momento, en TJ. C. D. a través del Partido Demócrata Cristiano, de cuya ejecutoria

forma parte. Pienso que U. C. D., para ser unitario, ha de tener una estructura- democrática: que cada ala

o tendencia tenga el peso que le corresponda, sin desigualdades irritantes. Y «Be no haya un solo cargo

directivo que no haya sido previamente elegido por un cuerpo electoral definido y transparente.

—¿Y cuál es el «peso» de ¡a democracia cristiana en Unión del Centro? —Desgraciadamente, bastante

menor del que ha merecido por su generoso comportamiento. Y no digo más,

—¿Le parece que U. C. D. debería impulsar, de alguna manera, un sindicato no marxista?

—¿Por qué no se va a poder ofrecer a los trabajadores que no sean socialistas ni comunistas un marco

sindical y asociativo propio? ¿No es esto normal en otros países de Europa? ¿No es lógica consecuencia

del ejercicio de la libertad? En estas tres preguntas creo que se contiene una respuesta.

—¿Cree usted en la eficacia del Pacto de la Moncloa?

—Puede ser efectivo si se aplica conjugando, con orden y justicia, estos dos Terbos: invertir y trabajar.

D «SUÁREZ NECESITA ENCONTRAR SU PUESTO EN LA DERECHA»

—¿Sobre qué temas ha aconsejado usted al presidente?

ABC. JUEVES, 10 DE NOVIEMBRE DE 1977. PAG. 13

«Suárez no puede ser, no es, otra cosa que el hombre clave en la derecha democrática.»

«A veces se procura alimentar la desconfianza del presidente.»

—Sobre lo «que me considero «especialista»: las ideas generales.

—El presidente, ¿se deja» aconsejar?

—•Solo puedo decir que Adolfo Suárez siempre me ha escuchado con respeto. Naturalmente, las

decisiones finales son suya», no mías.

—¿Es desconfiado Adolfo Suárez?

—No lo es por naturaleza. Sin embargo, en tanto en cuanto ejerce el Poder, pienso con tristeza que a

veces se procura alimentar su desconfianza y su recela.

—Sin duda es usted el .consejero que más y mejor conoce al presidente. Dígame cómo es. como lo ve

usted. —Creo que es un hombre especialmente dotada para la política, inteligente, audaz con un eran

equilibrio interior. Hay que añadir das valores: prudencia y simpatía. Pero necesita encontrar

definitivamente su puesto en una situación política democrática y pluralista.

—No entiendo bien. ¿Quiere usted decir que Suárez ha de aprender a ser presidente, o a ser demócrata?

—¡No, no! Quiero decir que no es. que no puede ser, otra cosa que un hombre clave en la derecha

democrática.

Subraya con cierto énfasis la palabra «derecha». Pasamos a hablar del reemplazo futuro en el liderazgo.

Hace año y medio, designado Suárez presidente del Gobierno, todo el mundo se preguntaba perplejo: .¿Y

este "chico" va a poder?» Hoy vemos pasado al otro extremo. La gente comenta: «Y si quitas a Suárez, la

quién sones?» Pregunto a Osorio sobre «alternativas» en U. C. D. y me dice rotundo:

—¡No quiero ni entrar a responder a esa presunta!

—-Entonces, ¿es Suárez el´ único líder del partido? ¿O hay otros?

—En todo partido político bien organizado deben existir varias eximias figuras Intercambiables, que

juegan en función de la coyuntura política. Esto les vigoriza extraordinariamente. En esta misma línea

creo que como Adolfo Suárez es Inteligente y sabe que los partidos personalistas no terminan siendo sino

mesnadas, precisa potenciar, y no marginar, a cuantas personas válidas existan en el seño de U. C. D.

«NI SUELDO, Ni DESPACHO»

—Vistos desde fuera, los conflicto de U. C. D. hacen sospechar que cada parlamentarlo «lleva un

presidente en la tripa»: exceso de personalismos. ¿Qué opina usted?

—Que en las grandes formaciones políticas de Occidente, los hombre» lea unen las ideologías, no las

amistades interpersonales. Esto» puedes no existir, Incluso darse ti caso de la enemistad -particular; pero

si prima la conexión ideológica, las enemistades se acallan y se toleran civilizadamente. Por ello me

parece urgente delimitar y cimentar bien en U. C. D. loa principios ideológicos.

—Hablando de otra- cosa: ¿Cuánto cobra un consejero presidencial. por serlo?

—Yo, absolutamente nada. Mi única condición para aceptar fue, precisamente, «al sueldo ni despacho».

—Un consejero, ¿es «un ministro en la zozobra?

—Ni ministro, ni «en la sombra.

-^-Mirando hacia atrás, aquel día de julio del 76, en que su amigo el flamante presidente Suárez le llama a

ser vicepresidente de su Gobierno... ¿volvería usted a aceptar?

—Rotundamente, si,

—Y- mirando hacia- adelante, si en la remodelación .gubernamental era puertas.,Suárez le propusiese el

retorno, ¿qué?

—Le contestaría que no deseo volver al Gobierno.

—Entonces, ¿qué piensa usted hacer?

—Defender.- si puedo, -en el marco d« U. C. D. mis Ideales y mis convicciones. Defenderlos, en todo

caso.—Pilar URBANO.

• «Suárez necesita encontrar definitivamente su puesto en una democracia pluralista.»

• «Suárez es inteligente y sabe que los partidos personalistas acaban en mesnadas.»

• «Adolfo se inclinó al centro-izquierda por razones (pie deseo sean sólo tácticas. Yo respeto su

posición, pero no la comparto.»

 

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