Autor: Urbano, Pilar. 
 Los siete consejeros del presidente. 7. 
 Leopoldo Calvo-Sotelo: "Yo no me voy. Sigo en la poítica, pero no en primera línea"     
 
 ABC.    23/11/1977.  Página: 13-15. Páginas: 3. Párrafos: 59. 

LOS SIETE CONSEJEROS DEL PRESIDENTE y a LEOPOLDO CALVO SOTELO

"YO NO ME VOY. SIGO EN LA POLITICA, PERO NO W PRIMERA LINEA"

«ES DIFÍCIL SORPRENDER Al PRESIDENTE SUÁREZ CON ALGUNA INFORMACIÓN DE LA

QUE NO ESTE ENTERADO»

«Creo que puedo decir "misión cumplida" He prestado un par de servicios a U. C. D.: organizar casi a

partir de cero la coalición que ganó las elecciones y el grupo parlamentario que no ha perdido una sola

votación en el Congreso»

ME ha enviado tíos literarios {safa flecar * sy casa cíe Somosaguas sifi extraviarme. Ya hace tiempo

viene utilizando eita precaución. Uuevs mienffas recorro un laberinto da calles con nombres tan poco

serios camo «ía avutarda», «eí grillo», «eí buho»... Y recuerdo una reciente anécdota cf» mí entrevistado:

Ltegui al Congreso ya empezada /a sesión; algunos diputados nía >tí¡eron: «Leopoldo anrf» buscándote»,

V, en síscío, e/i cuanto me vio efe/ó su escaño y vino hacia mt con decisión: "¡Pilar, ésta me la pagas! ¿Tú

sabes la que tías armado,./? He r&eibído innumerables /¡arriadas iníeresénífose por mí salud, después ¡fe

/o. qua escribiste »/ otro ais sn tu "Hilo directo» sobre mi úlcera y ef vaso de.leche. No podfa imaginar

que tuviera yo laníos amigos ¥ tá tantos lectores. ¡Ah, pero tú me la pagas}»

Y se ,1a pagué. Ante tres o cuatro diputados-testigos, nube de beberme un Interminable vaso de leche, en

el bufete de las Cortes, mientras Leopoldo se tomaba un guisqui. De esas copas» juntos arrancó esta

entrevista.

«FUi CONOCIENDO A ADOLFO EN AQUELLOS CONSEJOS DE MINISTROS»

Calvo-Sotelo ha sabido llegar al Poder, moverse en el laberinto de las ambiciones y desuncirse del carro

que llega a su estación terminus, Fue ministra con Arias, en la hora prima de la Monarquía. Continuó en

el Gobierno con Suarez. Se «descolgó» para llegar en solitario !a difícil operación electoral «Suatez para

un Centro, y un Centro para. Suárez. negociando Intereses contrapuestos y casando voluntades y ap-

titudes. Su despacho de Serrano, 41. en 3a primavera de los pasquines. los mítines y los bullkios

preetectoralés- fu« el foro ma-aulr.adíir de !a victoria de Adolfo Suárez. Esa es la cosa.

Cuantío los ex ministros y loa ex (¿o todavía no ex?) consejeros de! Reino cnen-tan seeretillos de alta

política edesde la muerte de Franco a nuestros días», siempre aparece en el relato Calvo-Sotelo.

Codo con co-cío, junto al ministro secretario general del Movimiento en los larguísimos Consejos >¡K&

presidía Arias «hablábamos en voz; baja, como colegiales. ~Pal conociendo a Adolfo durante esos seis In-

tensos meses, hasta aue un día dije: «Yo me apunto a la linea política due estás señalando».

El nombre de Calvo-Sotelo aparece también sobre la mes* del Consejo del Reino, entre «los cuarenta

principales», de donde saldría la. famosa terna >iue catapultó. a Suárez a la Jefatura del Gobierno. Como

anfitrión stn protocolos, en una cena «íntima y proíéüca» con .Alfonso Osorio y el propio Suárez a

principios del 76: «Señores, el futuro presidente ctel Gobierno está sentado a esta mesa». Algo después,

en el tíespacho rieí flamante «Jefe" Suárez. mten-íras ectoíra reloj se componía aquel Go-bierno-PeNeNe,

Leopoldo sugiere miáis-trables para la cartera de comercio «ue Fuentes Quintana había rechazado.

Reunión de algunos miembros del Gabinete: Suárez propone legalizar de una vea e! , pero con

guante blanco. «Y U empezar la Semana Santa yo, al menos, ya. subía «ue baljria comunismo legal en

España antes del domingo de Resurrección.»

UN NUMERO 2 QUE DIO LA CARA

Aunque aojiella noche de San José, Leopoldo ee retíró pronto a casa, porque estaba cansado, también íue

comensal en la cena de José Luis Ruiz Navarro, cuando y dor.de Osorio «ejecutó> el liderazgo d«

Areilza, para que Suárez jugase e» las elecciones sin sombras de rival.

Un mediodía, en !os jardínes de ía Moncloa, después fíe un Consejo de Ministros. Calvo-Sotelo y" Suárez

paáean Juntos. En siete mSnsítea. quizá diez; el presidente acepta una, proposfclóa audaz, «el precursor

sildlá del Gobierno, apravochárá sui contacto» políticos tan distinto* y dfetan-te» 7 «rjiraoizara la

coalición gs« capitanea él presidente. Leopoldo será el «número dos> qu« dé la cara y arriesgue !a íma»

een. £1 «número uno» juega a distancia y, como quien dice, «par poderes».

«Salí del Gobierno sin pedir id aceptar un compromiso &>e retorno. To sabia que 1» nueva etapa iba a

exigir nna prestucU actir» en el Parlamento. y aunnue Adolfo. en todo momento, BU ofreció volvtr a ser

ministro, no me pareció ser}» «*sscol«ar-me» para entrar ae nuevo; y mantuve mi propósito de «uefcirnw

en el Congreso». ísií eoitóífla«a eí olio rife su su casa.

FORMULA PARA NO «QUEMARSE»

-^Se ha -Jagudo usted la présesela ^n el Gobierno y I» Presidencia del Grupo Parlamentario. Un áUro

trabajo y un •alto precio, ¿Satisfechos ¿desfondadoí

—Yo diría «misión cumplida*, C«o q«« he prestado un par; «le servicios a U.C.D.: orffanirar, casi a

íiartir de Ta nada, i» coalición que eanó las elecciones y estructurar nn grupo parlamentario en los

momento» iniciales ii la nueva etapa política ´Siii «oa-tar aún con ttn partido que lo vertebrara, Dos´

experiencias difíciles y apasionantes vividas a la intemperie de la libertad y de la crítica, it« «í s

quemándome, pero rf desdft tuego ardJeaao: creo «rae ttsi es f onvo dé verdad se apr*aide_ el ditro •

juego de I» política. Ese aprendizaje, resmmido en amistades y cicatrices, es hoV mi «andal político.

—•¥ & peíiir >íe todo ;eilo, QUlzá acus* usted «quiebra de imagen ;..

—¡Ah! Yo he aceptado &í«mpr« mU responsabilidades públicas sin miedo a «so q(w ce llama desgaste.

Es nía*: creo que la única manera, de dejar alga de ana mismo en la tarea ta preoisamenie dessastándos*

en ella. Como la única manera ¿e no «aueioar-se» es no hacer nada.

—¿Por aué deja usted la Presidencia del grupo d* U. C. D. del Congreso?

—N´o hay nada nueva en la decreióa. L« que pasa es «ue siempre sorprende un poco tfoe un politico

cumpla sus propósitos y so* promesas. Yo, al ser elegitto, acepté 3a presidencia para la etapa, inicial, y

dije qn» cuando el grupo estevíes* estructurado 7 •• hubiese dotado a sí mls«o de un Reglamento. i so

organizasen luí Comisiones, y hubiera ya un esquema de partida, entonce* dejaría mí puesto. Todo es» se

ha realizado. Y me caben (toa satisfacciones; que uo hemos perdide una «ola votación en e{ Parlamento y

«na toj hombres jovenes en «I grupo capncqi de ««oducirlo espiéaStdameo-t«, y de articularlo mejor

que yo con el partido naciente y con el propio Gobierno.

A SEGUNDO PLANO... POR EL MOMENTO

—¿Eso es quedarse fuera de juego... o disponible y en reserva? —Eso es no estar permanentemente en

Primera línea. Sigo en la política: en la Comisión programática del partido, como Consejero del

presidente, y en el grupo parlamentario como un diputado más.

—¿Y si le propusiesen volver ahora al Gobierno?

—Ya sabe usted lo que se atribuye a don Pablo Cárnica: «¿Ministro? La primera vez de lo que puedas. La

segunda, de lo que quieras. La tercera vez, de nada´.» Estoy y estaré siempre a la disposición de una linea

política que me parece, a la vez, necesaria v suficiente, pero no me aprieta el deseo de volver

inmediatamente a un puesto de vanguardia. Sin embargo, que quede claro: yo no me voy.

No se va, pero se sienta unas cuantas filas más atrás. Se quita la chaqueta y la corbata, se enfunda un

pullover. se calza unas zapatos de andar por casa, se arrellana en el sofá y dice: «Un político tiene que

saber cuándo debe pasar a segundo plano, y tiene que medir por cuánto tiempo toma ese riesgo.»

Llueve sobre el supérente otoño de 6o-mosaguas, y la hija de don Leopoldo repasa eus ejercicios sobre el

piano blanco, en ía habitación contigua.

POR TELEFONO, DE NOCHE

—Usted es uno de los más asiduos visitantes del presidente. Es sabido que conversan con mucha

frecuencia, si no cada día. ¿Qué diferencia hay, pues, entre esa relación dialéctica y ser su consejero?

-Efectivamente, estos últimos meses han «ido tan vivos y llenos de acontecimientos que mi

conversaciones con el presidente, en la Moncloa, en el Congreso, o por teléfono, han sido muy frecuentes.

Más incluso gjie cuando era ministro. En cierto modo y respondiendo a su presunta, al aceptar ser su

consejero han quedado como institucionalizados esos contactos. Se me ofreció y yo acepté el deber de

informarle, a requerimiento suyo; y el derecho a darle mi opinión, por iniciativa mía.

Me cuenta Calvo-Sotelo que «Suárez suele estar más disponible, para la conversaron telefónica, a altas

horas de la noche». «Hemos hablado a esas horas del Pacto de la Moncloa. del grupo parlamentario de U.

C. D.; de la situación política, en general, y de la económica, en particular...»

—¿Qué le aportan sus consejeros?

—Bueno, verá: Adolfo Suárez ha hecho con tanto aprovechamiento sn «curso de formación profesional

acelerada» para presidente que es difícil sorprenderle con una información de aigo en lo que no esté ya

flobre aviso. Cabe aportar la novedad, tal vez significativa para él, de una insistencia en determinados

temas, de una ampliación de datos, de un muevo punto de vista...

—¿Cómo escucha Suárez?

—No es normal qne una persona con tal cúmulo de responsabilidades sepa reservar tanto tiempo, y tanta

paciencia, para eso, para escuchar. Si lo que se le dice le interesa de verdad, tiene una sorprendente

capacidad de atención y retentiva. Si lo qué se le va a plantear no es importante, o no es, a, su juicio, el

momento de considerarlo,, Suárez se muestra, en cambio, impaciente f distante.

SUÁREZ IMPROVISA MENOS DE LO QUE PARECE

—¿Improvisa Suárez en su gestión de Gobierno?

—Puede pensarse que improvisa, pero creo que. no es asi. Para los asuntos graves, Adolfo Suárez es

hombre que se toma tiempo, les dedica larga elaboración mental y escrita, los va madurando en su

interior. Sí es cierta, en cambio, su agilidad de respuesta y de improvisación ante lo inesperado.

—Le contaré un rasgo expresivo. A veces he ¡do a exponerle ana idea o preocupación por un problema

político concreto; señalando un cajón de la mesa y sonriendo con el gesto cómplice de quien ya estaba en

ello, me ha dicho: «Eso lo tengo yo muy estudiado, muy pensado...» Y entonces ha abierto el cajón, ha

elegido un «dossier» y me lo ha entregado. En otras ocasiones le he oído decir: «Está bien eso, pero no es

sn momento. Ya hablaremos a su tiempo». Suárez conjuga !a anticipación a los hechos, madurándolos en

sn despacho, v la reacción rápida, repentizada, fiándose a sn indudable buena estrella.

Así estaban previstas y estudiadas decisiones como la reforma de la Administración la legalización del P.

C. E., el desmantela-miento del Movimiento, la constitución de un Ministerio de Defensa... su propia

candidatura a las elecciones. Muchos meses antes sabia yo qne se iba a presentar o que ese era, al menos,

su propósito.

—La Institución de los consejeros pareció una estrategia de «consuelo de afligidos* que Suárez se sacó

de la manga. ¿Acaso también estaba prevista?

—¡Pues sí! Incluso antes de ser presidente ya me había comentado favorablemente la fórmula americana,

ciertamente distinta, de los consejeros: el presidente dialoga así con hombres que no dependen de él, que

no san ministros, que na están dentro de la máquina de la Administración, y que. en cambio, le enriquecen

con informaciones de otros frentes de actividad y de opinión». Recuerdo que yo le dije: «Pero lo malo es

que un presidente no tiene tiempo para esos diálogos.» Y él me respondió: «Aun así valdría la pena

intentarlo.»

—¿Cara y cruz de esa misión de consejo?

—¿Cara? Mayor holguera de movimientos y opiniones que, por ejemplo, la de un ministro. ¿Cruz? Que

los periodistas sagaces esperáis demasiado de nuestra indiscreción.

—¿Está usted de acuerdo en aconsejar gratis, como viene haciendo?

—Yo me permití sugerirle al presidente que esta función no debía ser remunerada, y así ia acepté. Puede

ser otro el caso de algunos consejeros a quienes se exija una plena dedicación de su tiempo.

EL PRESIDENTE, EN LOS PACTOS, NO DISPARO NI UN CARTUCHO

—Se están escribiendo kilómetros de letra Impresa en torno a los Pactos de la Moncloa. Agreguemos

algunos centímetros. ¿Son un programa eficaz de emergencia nacional, o una estrategia de «compromiso»

para congelar las hostilidades da la oposición con un simbólico consenso?

—Yo creo que no cabe despachar con el adjetivo «simbólico» un pacto, como consenso de fuerzas

dispares que aceptan aplazar su competición en e! poder, y deciden marchar juntas un cierto tiempo, un

cierto camino, para superar la crisis económica y construir la democracia. Ya esta actitud, aparte el

contenido de lo firmado en la Moncloa, me parece enormemente positiva. Oíros dos puntos subrayables:

la capacidad de presidencia desplegada por Suárez en aquella mesa, y Ja oportunidad política de la con-

vocatoria. El presidente ha ganado, a mi entender, un éxito público muy sólido, y sin disparar un

cartucho. Ha presidido unas conversaciones de las que soy testigo, sin necesidad de apostar en el juego,

directamente, su capital político.

—¿Y en cuanto al contenido del Pacto y a su virtual eficacia? Porque, ¿qué nos importa el éxito de don

Adolfo Suárez si hemos de pasar la mano por ia pared dentro de un año?

—En cuanto al contenido, hay un programa económico de saneamiento y corrección de Ja actual

situación, muy elaborado. Nadie ha presentado otro programa alternativa; por lo tanto, hemos d« tener la

tranquilidad de haber elegido el único camino posible, y no sentir nostalgias de hipotéticos éxitos en otras

vías no propuestas por nadie.

En cuanto a la eficacia de lo que allí se firmó, las sindicales y los empresarios, y en suma los españoles

todos, tenemos la palabra definitiva. En estos momentos en que hablamos usted y yo las impresiones no

son pesimistas.

Aunque ciertamente es posible qne al país le hubiese convenido un tratamiento de la crisis más riguroso y

enérgico aún. Con la previsiones del Pacto, la solución será más larga, acaso más incierta, aunque

también más llevadera.

—¿Pero no hay un manifiesto desacuerdo entre algunas bases de partidos y los firmantes de la Moncloa

que representaban esas bases?

—Todo pacto es una cesión..Todos cuantos han firmado el pacto, todos, han tenido que transigir en algo.

T la consulta de los representantes a. sus bases no siempre ha sido posible. De aquí las discrepancias a

que usted alude.

—Usted, en las listas de U. C. D., aparece como independiente. Cuando se perfilen las «alas», ¿por cuál

se inclinará?

—Aún no lo sé. Cuando se perfilen las alas..., como usted dice, decidiré. Yo me siento afín, desde

antiguo, con democristianos, tácitos, socialdemócratas. Esas afinidades, .perfectamente coherentes´

dentro de mi propio esquema político, me hacen creer en la unidad profunda de U. C. D. como partido.

—En la formación del primer Gobierno de Suárez usted le sugirió algunos nombres. ¿Cómo le

aconsejarla ahora, ante una remodelación?

—Que no tenga demasiada prisa y que, cuando se decida, sean sus objetivos dar mayor homogeneidad al

equipo gubernamental y señalar al país que la verdadera posición de U. C. D. no es de centro-izquierda,

tino sencillamente de centro. Si hoy estamos a punto de resolver el problema de España es precisamente

porque desde posiciones de centro, no socialistas, no izquierdistas, se ha asumido esa voluntad de cambio

hacia una sociedad más justa que expresa claramente en junio pasado el pueblo español.—Pilar

URBANO.

 

< Volver