Autor: SALVADOR. 
 Tres horas con los alumnos centristas, en un cursillo de captación. 
 Manual del perfecto ucedista     
 
 El Alcázar.    28/03/1978.  Página: 16-17. Páginas: 2. Párrafos: 33. 

16/ 28-marzo-1978

REPORTEROS

Tres horas con los alumnos centristas, en un cursillo de captación

Manual del perfecto ucedista

Tras casi dos meses de espera, debido a que la UCD no podía reunir a veinte personas, han dado

comienzo los cursillos que organiza el partido gubernamental para sus militantes y simpatizantes. EL

ALCÁZAR, que se ha infiltrado en una de esas reuniones, ofrece a ustedes el documento inédito de la

crónica de un intento de captación política.

El cursillo comenzó a las ocho de la tarde del miércoles, 15 de marzo, en el Centro de Afiliación que la

UCD tiene en la calle General Mola, 43, bajo izquierda. Un local revestido de moqueta azul, repleto de

biombos y mamparas divisorias, e iluminado por grandes lámparas de neón. Se respira allí un cierto aire

de campaña electoral norteamericana, con las secretarias aparentemente atareadas y los ejecutivos de

corte moderno revoloteando y trajinando entre las mesas. El «Vota UCD» está presente en las paredes, en

las sillas y hasta en las máquinas de limonada.

Tras dejar nuestros datos personales en una hoja de papel, dio comienzo la charla, que se celebró

alrededor de una pequeña mesa, en una habitación de reducidas dimensiones. Seis personas, en su

mayoría de edad madura, entre las cuales sólo había dos afiliados, eran todo el público inicial. El orador

—«oponente»—, como gustan llamarlos allí—, Francisco Sanchís, un hombre joven, recortado por el

patrón ucedé, gafas de concha, pelo negro, corto y grasiento, nariz chata, que se presentó como «militante

de base», comenzó haciendo una exposición sobre lo que es un partido político, estableciendo una clara

diferencia entre los de masas y los de cuadros, para asegurar, seguidamente, que «UCD es un partido de

masas». Con el «Documento ideológico» —que, por cierto, nadie había leído— en la mano, afirmó que

UCD es democrática, interclasista («puesto que los partidos de clase no tienen razón de ser en una

sociedad moderna»), reformista y nacional, «siempre potenciando las peculiaridades de las distintas

nacionalidades de España». Al finalizar esta breve introducción, la habitación se había llenado con veinte

personas, la mayoría de ellas simpatizantes que habían superado la barrera de los cuarenta.

Se abre el diálogo

Pero la salsa del cursillo estuvo en el diálogo que se estableció al término de! discurso. De las más

ingenuas preguntas surgieron las más disparatadas, absurdas y lunáticas respuestas. Francisco Sanchís

parecía dispuesto a demostrarnos a todos que la UCD vive a un millón de años-luz de la realidad de

España. Tras ceder la palabra a un individuo delgado y calvo, nariz aguileña, labios finísimos, cuya

obsesión fundamental era «salvar al país», comenzó a contestar a las preguntas que los asistentes le

formulaban. Entre otros temas, el orador se refirió a la política de Orden Público del Gobierno, señalando:

«Nosotros hemos sido los primeros en meter a ultraderechistas en la cárcel, cosa que no hubiera hecho,

por ejemplo, Fraga, que, junto con los actuales hombres de AP, es el responsable de la represión de mayo

del 76 en Montejurra, pues sacó mucha Policía a la calle. Con las nuevas medidas tomadas por el

Gobierno, en el sentido de que los policías circulen por parejas, corren menos peligro, y el pueblo les va

queriendo. Lo que se pretende con esto es que cuando asesinen a un policía sea el mismo pueblo el que

detenga al terrorista.»

—Pero mientras se crea una conciencia pública de este tipo, los policías seguirán cayendo como moscas

—aventuro yo.

—No, no; eso no es cierto —responde muy serio Francisco Sanchís—. Si hiciéramos una macabra

estadística, veríamos que con Franco, cuando los policías circulaban en coches, había más asesinatos de

este tipo. Esto es un dato frío y auténtico.

¿Infiltrados en USO?

Las interpelaciones continuaron, salpicadas de una serie de palabras que ya han pasado a ser monopolio

de los ucedistas: «somos conscientes», «transparencia», «desdramatizar». Hubo también frecuentes

alusiones a «los últimos cuarenta años», que, según Francisco Sanchís, fueron una égida negra que nos

trajo todos los males que hoy padecemos, crisis económica y deterioro del Orden Público incluidos.

Contestando a una pregunta referente al sindicalismo, señaló que a la UCD no le interesa crear un

sindicato, «porque nacería con la etiqueta de amarillo». Y añadió:

«El sindicalismo no tiene futuro en las sociedades modernas. La prueba está en que sólo hay una

organización que pretende cambiar las estructuras sociales a través del sindicato: la CNT. Y así le va. A

nosotros no nos hace falta un sindicato. Si quisiéramos, podríamos decir a nuestros votantes que se

afiliaran en masa a CC.OO, y hacer que éstas reventaran. Tal vez más adelante... De momento, se nos ha

acusado de haber favorecido a USO, cuando no es cierto. Podemos tener algún afiliado allí, pero por

ahora de ahí no pasa. Lo ideal seria entrar en un sindicato independiente, y luego, poco a poco, hacernos

con él.»

Francisco Sanchís hablaba con aires de «maestreescuela», pero por las caras que yo veía no convencía

demasiado. Las respuestas no eran completas, y, aparte del señor que se obstinaba en «salvar al país», no

convencieron a nadie. Aún así, los hombres y mujeres que estaban allí no se desanimaban, y con una

paciencia e ingenuidad infinita, seguían preguntando.

—¿Y cuál es el espacio que ocupa UCD en el espectro político actual? —interroga un muchacho joven,

con aires de aspirante a «zorro plateado».

—Nuestro partido —responde Francisco Sanchís— está limitado por AP a la derecha, y el PSOE a la

izquierda. AP es la derecha por excelencia, y no cree en el principio democrático. Recuerde que fue esa

organización la que libró la gran batalla en las Cortes a la hora de la legalización del PCE. Gracias a

nosotros, los comunistas pueden andar hoy libremente por la calle. Y los legalizamos porque aceptaban el

juego democrático, aunque ahora parece que no...

—Pero hay un gran espacio libre entre UCD y AP —vuelve a la carga el petimetre.

—Sí, pero tenga usted en cuenta que es el que va a ser cubierto ahora por Areilza, que representa el

liberalismo decimonónico y electorero. Más allá, AP, y los demás ya no son políticos, sino sicópatas que

debían consultar a un siquiatra.

No podía faltar en este coloquio el tema de la política exterior española, tan infelizmente llevada a cabo

por Marcelino Oreja, a pesar de que, según Francisco Sanchís, «por fin hemos entrado en el grupo de los

países civilizados». Tras una serie de afirmaciones ya convertidas en tópicos desprestigiados a fuerza de

su uso fácil, tales como: «Nadie pone en duda la españolidad de Canarias», «Ceuta y Melilla, pese a lo

que diga Fraga, son territorio español», «Gibraltar es España», se refirió al neocolonialismo de las

multinacionales extranjeras, sobre el que dijo que trataría de evitarse, «pero no poniéndonos a la altura de

los extranjeros, sino investigando en nuevos campos». Asimismo, y tras dar como cosa supuesta nuestra

integración en la CEE y en la OTAN, agregó:

«Yo. personalmente, no deseo ahora la homologación con los partidos europeos, ya que cuando se

celebren las elecciones para el Consejo de Europa, los candidatos tendrán que ser elegidos por las bases.

En ese momento sí que podrían llegar las coaliciones en el continente.»

Las teorías ucedistas sobre la gestión exterior las cerró Francisco Sanchís respondiendo a una pregunta

sobre las relaciones hispano-israelíes.

«Somos partidarios —dijo— de mantener relaciones diplomáticas con todos los países. Pero, de

momento, hay que decirles a los israelitas: oye, espéranos, que ahora no está el horno para bollos»

«Sino nosotros quisiéramos...»

La apoteosis del acto llegó cuando el señor Sanchís se refirió a la organización interna de la UCD. De

entrada, una afirmación antológica:

«Si nosotros quisiéramos, todos los hombres y mujeres que nos votaron el 15 de junio se afiliarían

inmediatamente a nuestro partido. Lo que ocurre es que no queremos...»

—¿La UCD es el centro-centro?

—Desde luego. Tal vez dentro de veinte años seamos derecha, pero hoy somos el centro. Nuestra gran

ventaja es que no tenemos un programa previo, y podemos, de este modo, tomar cualquier decisión en un

momento determinado.

Referente al prestigio del partido, señaló que «nuestro mérito está en haber desmontado por nosotros

mismos el antiguo Régimen». Aludió luego a la sangre fría y a la calma del Gobierno, sobre el que vertió

múltiples y variados elogios:

«Cuando matan a un policía, nosotros no salimos a la calle ni nos rasgamos las vestiduras, como hacen

algunos, que salen en defensa de la Patria y por su salvación. Nosotros enviamos notas de protesta,

porque somos civilizados. En este sentido, hay algún periódico que, cuando ocurre un hecho terrorista,

inmediatamente dice que es debido a la acción del Gobierno. A estos señores hay que decirles que antes,

cuando ocurrían estas cosas, ustedes las atribuían a los contubernios judeo-masónicos.»

Sobre el tema de la sucesión en la presidencia del partido, Sanchís aseguró con la mayor tranquilidad que

«a la UCD le sobran números dos. Pero ha de ser la base la que diga quién ha de sustituir a Suárez.»

Refiriéndose a la actividad del partido, dijo que el Centro no era electorero, y añadió: «Vamos por los

pueblos y no ofrecemos nada, al contrario que los demás, que, sin excepción, prometen el oro y el moro.»

«¿ Vais a afiliaros ahora?»

Hacia las diez de la noche finalizó el cursillo. Mientras la gente se levantaba e iba saliendo, nos vimos

abordados por una tenaz señorita que nos abrumó con documentos, fichas de afiliación, encuestas, al

tiempo que nos preguntaba, sonriente, si queríamos afiliarnos en este momento. Al recibir nuestra

negativa, nos ofreció la asistencia a nuevos cursillos, la entrada en un grupo de estudios de relaciones

internacionales y hasta la formación de un grupo para que hiciéramos una ponencia y la presentáramos al

Congreso. Como siguiéramos con evasivas, volvió a pedirnos nuestro número de teléfono, para avisarnos

«en cualquier momento que hubiera algo interesante». Lo cierto es que ese día ninguno de los asistentes

se afilió.

Salimos a la calle en compañía de uno de los asistentes al cursillo, un muchacho joven que dijo llamarse

Javier y vivir en Pozuelo. En el transcurso de la conversación afirmó estar emparentado con Silva Muñoz

(su madre es prima de la mujer del líder aliancista), y con los Luca de Tena, y que la UCD («todos son

muy simpáticos»), le había abierto los ojos y le había hecho comprender la realidad de España. Aseguró

que estaba afiliado al partido gubernamental, «porque Suárez me llena. Si no fuera así me iría con

Areilza». Por no perder la oportunidad de hacer proselitismo, se despidió de nosotros con un: «Afiliaros,

¿eh?».

—Sí, hombre. Mañana mismo.

SALVADOR

REPORTEROS

28-marzo-1978 /17

«Si hiciéramos una estadística, veríamos que con Franco se asesinaron más policías» «Lo ideal sería

entrar en un sindicato independiente, y luego, poco a poco, hacernos con él» «Legalizamos a los

comunistas porque aceptaban el juego democrático, aunque ahora parece que no...»

«Entre nosotros y AP está el liberalismo decimonónico y electorero de Areilza. Más allá de Alianza,

todos son psicópatas»

«Si quisiéramos, todos los que nos votaron se afiliarían al partido. Lo que ocurre es que no queremos...»

«Nuestra gran ventaja es que no tenemos un programa previo, y podemos, de este modo, tomar cualquier

decisión en un momento dado»

«El mérito está en haber desmontado nosotros mismos el antiguo régimen»

«A la UCD le sobran números dos. Pero ha de ser la base la que diga quién ha de sustituir a Suárez»

«Vamos por los pueblos sin ofrecer nada, al contrario que los demás, que, sin excepción, prometen el oro

y el moro»

 

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