UCD, en la encrucijada     
 
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INFORMACIONES

U.C.D., en la encrucijada

LA crisis en Unión del Centro Democrático, el partido gubernamental, ha estallado ya a la vista de todos,

desparramándose más allá de los pasillos de las Cortes por los que salían del hemiciclo los diputados

centristas que, con su ausencia, rompían por dos veces el pasado miércoles la disciplina de voto ante dos

cuestiones —anticonceptivos y asistencia a los detenidos— en las que parece aflorar la profunda

diferencia de concepciones que existe entre el sector conservador y el liberal-socialdemócrata del partido.

¿Qué sucederá cuando se llegue a cuestiones mucho más delicadas aún, como el divorcio, el aborto y, en

general, las reformas sociales y económicas?

A corto plazo, la necesidad de sacar adelante la Constitución va a propiciar, posiblemente, un parcheo

organizado por el propio presidente Suárez a través de una persona de su confianza. A medio plazo, nos

parece evidente que U.C.D. resultará inviable si se mantiene intacta su actual combinación de fuerzas

políticas.

El partido centrista, para encontrar su personalidad propia y dejar de lado su exclusiva dependencia del

carisma del presidente Suárez, se encuentra hoy en una encrucijada: debe decidir si, definitivamente, va a

ser un partido conservador o un partido reformista. Cualquiera de estas dos opciones tiene sus pros y sus

contras; ninguna de las dos resulta absurda. Pero, eso sí, ambas provocarán una escisión, que se nos antoja

inevitable y, sin duda, necesaria, saludable incluso. El ala reformista parece compuesta hoy,

esencialmente, de socialdemócratas, liberales (que han llegado en el terreno que más podía dividirlos, el

económico, a un aparente mochas vivendí, bastante armónico, con concesiones mutuas) y varios

independientes. En el ala conservadora están políticos de extracción democristiana, junto a algunos otros

independientes, cuyas afinidades naturales, una vez superados los prejuicios del pasado, parecen

encontrarse en el ala moderada de Alianza Popular o en grupos no parlamentarios de índole democristiana

o conservadora. Todos ellos podrían formar una digna derecha que justificaría amplísimamente ese

adjetivo de civilizada que durante cierto tiempo se manejó con insistencia. En cuanto al otro grupo, tras la

escisión, y liberado de ciertas conexiones que cada día parecen más contra natura, podría entonces ocupar

con claridad y franqueza ese espacio verdaderamente centrista, de significado reformista y no colectivista

que en toda Europa es el objetivo de los progresistas no marxistas, y que ha sido la bandera del Presidente

Giscard d´Estaing en su reciente victoria electoral en Francia.

Hace pocos días, las intervenciones sucesivas del presidente Suárez —en su conferencia de Prensa— y

del «tácito» señor Herrero de Miñón —en el Club Siglo XXI— ilustraban cuan claras son las diferencias

de concepto en el seno de la U.C.D. entre esas dos tendencias, La definitiva clarificación, con un probable

cambio del mapa político nacional, de la situación ucedista, será un servicio al elector y a la estabilidad de

la convivencia española.

Paternalismo decimonónico

La rebaja de precio en los billetes de la EMT., anunciada por el alcalde, señor Álvarez, aparece enturbiada

por una lamentable característica, que parece nacida de un dickensiano paternalismo decimonónico, o de

las caridades de los auxilios sociales de posguerra: para tener derecho al billete de dos pesetas, no les

bastará a nuestros ancianos el demostrar la edad, sino que tendrán que obtener previamente un certificado

de pobreza. Recordemos que la Renfe no solicita nada semejante, y no hablemos ya del trato concedido a

los ancianos en el transporte público de Londres, Nueva York o Ámsterdam. Aquí, no. El Ayuntamiento

madrileño discrimina, y hace pasar al ciudadano por la humillación de una declaración de indigencia.

¿Cuál es el paso siguiente? ¿La reaparición de la sopa boba?

 

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