Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Personajes fascinantes     
 
 Informaciones.    06/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

PERSONAJES FASCINANTES

Por Abel HERNÁNDEZ

SIGUE la irresistible ascensión de Rafael Arias Salgado. Sus declaraciones de Barcelona, en consonancia

con la declaración conjunta Garrigues-Fernández Ordóñez, remarca la línea progresista de U.C.D. de cara

el congreso de septiembre y fija con energía las fronteras del partido del Gobierno: nada de alianzas con

el PSOE., a pesar del esfuerzo de Felipe González para derribar el muro marxista de separación, ni con

Alianza Popular, a pesar de los esfuerzos de Fraga por derruir la muga del franquismo. Fijados los limites,

es mas fácil lograr la propia identidad.

En realidad el «número dos», sin embargo, no es todavía Arias Salgado, sino Fernando Abril Martorell.

He aquí un personaje fascinante. Hace dos años se dedicaba a la agricultura y ahora se lía convertido poco

menos que en eje de la política nacional. Cultiva el consenso con la misma maestría que el hortelano su

huerto. Le ayuda en el empeño su compañero de fatigas Alfonso Guerra (otro personaje apasionante,

sacado del teatro pánico). Lo curioso es que Abril Martorell se lleva mejor con los socialistas que con

algunos ucedístas. Y es que este tiempo político es propicio a las paradojas. Abril es el hombre de

confianza de Suárez y, sin embargo, según las malas lenguas, es el que insufla al presidente más

desconfianza bacía el contorno. Los que se apresuraron a pronosticar, cuando su ascensión al ministerio

de Economía, «con Abril, aguas mil», acertaron. El campo está hecho una hermosura. Y puede que

U.C.D. recoja pronto la cosecha.

Otro personaje fascinante, puesto de relieve con el libro de Bardavío, es Torcuato Fernández-Miranda.

¿Qué hace Torcuato? es la pregunta que va de boca en boca por los cenáculos. Los más agudos

responden: ((Escribir un libro con seudónimo». Se refieren, con evidente mala uva, al «Dilema».

Fernández-Miranda, siempre silencioso, siempre canto, fue un artífice destacado de la transición a la

democracia. La irresistible ascensión de Adolfo Suárez fue, en gran parte, obra suya. Su acceso fácil a La

Zarzuela, siempre ha impresionado a determinada clase política. Los «juegos de palacio» están, sin

embargo, acabándose. El Rey no necesita ya muletas. Los más susceptibles creen adivinar que Torcuato,

probablemente sin trampas saduceas, está volviendo a. brujulear con total discreción. En cualquier caso,

es un secreto a voces que de un tiempo a esta parte ha decaído su entusiasmo por Adolfo Suárez. ¿Vuelve

a mirar a la derecha? Parece que no, sino todo lo contrario. Una cosa es clara: todos resaltan su honestidad

y su patriotismo. En realidad, España está llena de hombres honestos, de auténticos patriotas y de

personajes fascinantes.

 

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