Autor: Ruiz Tarazona, Agustín. 
   Estreno mundial de Arrano beltza     
 
 El País.    23/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Estreno mundial de "Arrano beltza"

Agustín González Acilu:

Arrano beltza.

Agrupación Coral de Cámara de Pamplona. Director: Luis Morondo. Teatro Gayarre de Pamplona.

ANDRÉS RUIZ TARAZÓN A

En medio de un clima tenso y expectante, se llevó a cabo en Pamplona el estreno mundial de la obra coral de Agustín González Acilu Arrano beltza (Águila negra), encargada al compositor por la Caja dé Ahorros Municipal de Navarra. El teatro de la avenida de Carlos el Noble se llenó hasta rebosar de un público joven, atento y respetuoso. • Poco después del comienzo del acto, tras las palabras de presentación del señor Munárriz, presidente de la Coral, una gran ikurriña se desplegó en uno de los anfiteatros.

No cabe haber elegido mejor día para el estreno de esta obra que la víspera de la frustrada concentración vasquista de Echarri-Aranaz. Por ello, el estreno estuvo presidido por la emoción, la exaltación serena y autocontrolada de la audiencia, nunca tan fervorosa ante una obra cuyas premisas estéticas se insertan en lo más avanzado de la música de hoy.

El compositor se ha basado en un poema extraído del libro Laino guzien azpitik..., de José Antonio Artze, Hartzabal. Texto duro, directo, de áspera expresividad que resume, en acerdada crónica.

las fechas claves de la historia de Navarra, los hitos negros de su perdida independencia. El poema Arrano beltza (el águila negra era la enseña de Navarra antes de Las Navas de Tolosa) no escatima al hombre navarro recuerdos dolorosos en un lenguaje fuerte, sarcástico.

Por ello, cuando, poco después de comenzar la obra, los intérpretes guardaban un minuto de silencio tras la cita «1975», la tensión emocional se hacía casi palpable en el teatro.

Desde el punto de vista musical Arrano beltza constituye el máximo logro de su autor en el camino de la investigación lingüística aplicada a la música, emprendido por el mismo hace algunos años. Este camino, iniciado en 1967 con Dilatación fonética, y cuyo último ejemplo era, hasta ahora, la Cantata semiofónica, partió de la idea del compositor de extraer de cada lengua su musicalidad propia. Agustín González Acilu ha querido recuperar la importancia del valor estrictamente fonético de los textos, aplicándose al estudio profundo de la significación sonora de cada idioma en todas sus vertientes fonológicas.

En Arrano beltza, Acilu se ha encontrado ante un texto de muy concreta significación, de alto valor expresivo, acrecentado por su evidente actualidad. De ahí el gran mérito de un trabajo que ha sabido conciliar el valor puramente sonoro de las palabras con su significado. Alcanzar ese equilibrio dialéctico entre las ideas del poema y su objetividad sonora al ser declamado, resaltar los valores acústicos de la lengua vasca sin perder para nada su fuerza expresiva, he ahí un reto ante el cual el músico navarro ha salido más que airoso. Que una vocal nos dé sensación de dolor y una consonante de vitalidad,-y que ese dolor y esa vitalidad se reflejen en la frase completa, o en toda la estrofa, no es fácil de conseguir.

Fue una gran idea que Hartzabal y Acilu salieran a explicar más ampliamente sus propósitos, el primero en valiente y decidida intervención, y que, a continuación, se repitiese íntegra la obra, lo que, dada su complejidad, favoreció su mejor entendimiento.

Luis Morondo ha trabajado intensamente la difícil partitura. Los resultados de la Coral de Cámara, en matices, expresividad, fueron notables. Arrano beltza puede también ser interpretada por un coro grande. Tal vez algunos pasajes ganarán con ello.

Quiero recordar que Agustín González Acilu ha escrito también algunas obras sinfónicas de importancia. No las hemos oído en Madrid y creo sería justo darlas a conocer.

En resumen, un emotivo concierto que resultó casi una jornada de lucha en las vísperas, casi sicilianas, de Echarri-Aranaz.

 

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