En defensa del vascuence     
 
 ABC.    08/04/1976.  Página: 3-4. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

EN DEFENSA DEL VASCUENCE

Entre la riqueza cultural de España ocupa un destacado lugar la lengua vasca. Su persistencia a través de los siglos constituye un fenómeno lingüístico de excepcional importancia. A pesar de la influencia de elementos extraños, el vascuence ha demostrado extraordinario vigor al conservar casi intacta su personalidad original. La situación geográfica del País Vasco ha contribuido, sin duda, a la supervivencia de un idioma cuyo origen se remonta a la penumbra de una remota antigüedad.

Ilustres filólogos españoles han entendido la personalidad del vascuence como «el resto único de un continente lingüístico, de extensión desconocida, que fue sumergido por las olas de los invasores, de lengua indoeuropea, hace ya tres mil años».

El porqué de la conservación del vas-vasco consiste, según sostiene Carbo Baroja, en que la romanización fue no sólo incompleta, sino interrumpida. La tardía cristianización y el hecho de que los vascones quedaron libres y fuera del reino visigodo dejaron sólo supervivencias de la romanización «antigua e interrumpida».

Se trata, pues, de la reliquia cultural de un pasado. Elemento de valor imponderable para el conocimiento de nuestra historia, con su movimiento secular de pueblos y culturas.

Estas razones son las que han pesado sobre el ánimo del ministro de Educación y Ciencia, señor Robles Piquer, para dar reconocimiento oficial a la Academia de la Lengua Vasca, que desde ahora tendrá la denominación de Real.

El cultivo literario del vascuence comenzó con el Renacimiento. La poesía épica y la lírica medieval transmitida por tradición oral, quedaron recogidas en documentos de los siglos XV y XVI. Otros testimonios de esta época fueron los libros de refranes y proverbios. En el siglo XVIII contribuyen a la fijación del

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vascuence las obras del jesuita Larramendi, que culminan con la publicación de su lamoso Diccionario. La polémica levantada en torno a los estudios de Humboldt dio carácter erudito y europeo al tema del vascuence.

Tras la época del romanticismo, que no potenció esta lengua vernácula, se inicia una voluntad de resurgimiento que culminaría en el reinado de Alfonso XIII. Fue entonces cuando las Diputaciones de Álava, Navarra y Vizcaya patrocinaron la creación de la Academia de la Lengua Vasca, a la que ahora se reconoce rango de institución nacional.

El Rey Alfonso XIII asistió, en 1918, al Congreso de Estudios Vascos, celebrado en la antigua Universidad de Oñate. En aquella sesión inaugural, el Rey pronuncio estas memorables palabras: «Consagraos al estudio y fomento de todo cuanto pueda contribuir al adelanto y progreso del país, cultivad vuestra lengua, el milenario y venerable euskera, joya preciadísima del tesoro de la Humanidad, que habéis recibido de vuestros padres y que debéis legar incólume a vuestros lujos.»

La Academia, desde esa fecha, viene trabajando impulsada por las alentadoras palabras del Rey Alfonso XIII. Hoy el Rey Don Juan Carlos ha querido revitalizar el rango de esa institución, fiel al espíritu que inspiró las palabras de su egregio abuelo.

Por eso, importa hoy destacar que la medida adoptada por el Ministerio de Educación v Ciencia está no sólo inspirada en un principio de justicia, sino en un imperativo de raíz cultural. En el fondo, de lo que se trata es de que el vascuence se derenvuelva tanto en su aspecto literario, como en el de la investigación y de la técnica. Gracias a esta medida oficial se logrará aquella aspiración que el profesor Tovar resumió con estas palabras: «Que las madres vascas sigan enseñando a sus hijos la lengua milenaria y que en las montañas del País Vasco siga resonando a través de los caseríos, el misterioso idioma que nos introduce directamente en la Prehistoria de España y del Occidente de Europa.»

 

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