Los sucesos de Vitoria     
 
 Informaciones.    04/03/1976.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

DE VITORIA

LOS lamentabilísimos sucesos de ayer en Vitoria parecen arrancados de una novela de Zola o de un manual de Historia de la convulsa vida social española de entreguerras. Barricadas callejeras corte de los accesos a la ciudad, arrasamiento de farolas, semáforos, obras; acorralamiento de la fuerza pública v el saldo de tres muertos y multitud de heridos graves. Decididamente, la jornada de ayer en Vitoria no la merecía el país ni en las circunstancias políticas y laborales actuales pueden encontrarse motivaciones para tanta violencia

No nos deberían asustar los conflictos-laborales ni las tensiones sociales. Menos nos azoraría una lucha por el poder político, que, mientras se mantenga en senderos pacíficos y civiles, es legitima. El primer Gobierno del Key así lo ha entendido, poniendo en marcha una voluntad de cambio y acompañando sus palabras con un arsenal de reformas legales (insuficientes para unos excesivas para otros), pero que ya están ahí como prenda de que los primeros pasos hacia la democracia formal se están dando indubitablemente. Pedir más a un Gobierno que lleva menos de tres meses en el ejercicio Se sus funciones sólo puede ser insensatez o provocación.

Todos conocemos bien la problemática laboral que llevó a la huelga, hace días, a varios miles de obreros alaveses. Desdichadamente, ya no hay lugar para analizar la razón o sinrazón de unas reivindicaciones laborales. Como antes hemos dicho, no nos deberían asustar las tensiones sociales, pero si nos preocupa hondamente la paz de los sepulcros a que conducen esas tensiones cuando se desbordan en agresiones, salvajismo e insania cívica.

Se ha escrito últimamente a cuenta de los masivos conflictos laborales que ha padecido el país que por ese camino no llegábamos a ningún puerto democrático y que en dos meses hemos perdido más horas de trabajo que en todo 1975. Pese a la gravedad de estas cifras, por bien empleados podrían darse esos conflictos y el consecuente irreparable deterioro económico si por ahí llegáramos a un pacto social sensato y demjcrata, en que todas las partes cedieran un poco en pro del mutuo entendimiento. No es otra cosa el arte de la política. Pero los límites de presión que se estaban rozando peligrosamente y que ayer se rebasaron crecidamente en Vitoria nada tienen que ver con la política que todos deseamos arbitrar, a menos que por política se entienda sembrar muerte y destrucción por las calles de una ciudad.

Atribuir la responsabilidad de los luctuosos hechos de Vitoria a una minoría provocadora no puede ya decirse que es un argumento evasivo. Ninguna comunidad persigue su propio caos. Pensar que las fuerzas del orden no van a defender su integridad física o que están ahí para presenciar imperturbables el desorden, es un despropósito. Sólo resta constatar la certeza de que se quiere poner contra las cuerdas todo el esfuerzo reformista en marcha. Es un objetivo catastrofista que condenamos con rotunda energía. A más de que no hay meta social que merezca la sangre de un solo español.

No pretendemos olvidar de ninguna forma aquí a las victimas (tres trabajadores muertos y un policía grave) en Vitoria ayer, victimas inocentes acaso de una situación cuyos orígenes son muy distintos a los puramente laborales.

Todos tenemos que entender que lo de ayer en Vitoria tiene que ser el último triunfo de la sinrazón. Tenemos que entenderlo y defenderlo.

 

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