Autor: Semprún, A.. 
   El asesino del guardia civil es un empleado de la factoría atracada en Beasain     
 
 ABC.    04/06/1974.  Página: 33,35. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

ABC

MADRID, MARTES 4 DE JUNIO

DE 1974 - NUM. 21.272 SIETE PESETAS DIRECTOR: TORCUATO LUCA DE TENA DEPOSITO LEGAL; M - 13 - 1958 - 160 PAGS.

EL ASESINO DEL GUARDIA CIVIL ES UN EMPLEADO DE LA FACTORÍA ATRACADA EN BEASAIN

No se descarta que éste y los atracadores ganen la frontera francesa, a favor de la accidentada topografía

EL FUNERAL POR EL AGENTE ASESINADO HA CONSTITUIDO UN EMOCIONANTE HOMENAJE POPULAR A SU VALOR

TRES días y cuatro largas noches, algo más de ochenta horas, han transcurrido desde el momento en que dos motoristas de la Guardia Civil descubrieron el rastro de los atracadores as las factorías C. A. F., en Beasaín, y tras sostener un breve, pero intenso tiroteo con ellos, lograron recuperar los 14 millones de pesetas, la totalidad del botín conseguido, asi como varias metralletas y pistolas abandonadas por los pistoleros al emprender la huida monte a través.

Mucho tiempo, incluso nos atreveríamos a decir que demasiado, para que fas Fuerzas del Orden puedan mantener viva la esperanza de completar un servicio que tuvo tan buen principio y para cuya consecución no se han regateado ni esfuerzos ni sacrificios personales.

Pero es inútil. Mientras las autoridades policiales españolas se vean obligadas a soslayar determinados enclaves de amparo, la delincuencia de este tipo, tengan o no manchadas sus manos de sangre, encontrará siempre el oportuno refugio donde poder ocultarse con la tranquilidad necesaria para que el decisivo factor tiempo labore en su favor. Lo que apuntamos no es ninguna novedad. La crónica negra de los últimos cinco años norteños recoge múltiples episodios en los que la ley española se ha visto burlada por quienes al amparo de ese obligado respeto no sólo han encontrado el cobijo de los límites de frontera.

Que la triste y lamentable circunstancia se repita una vez más es el temor general de quienes, sin embargo, ni pierden la esperanza ni han cesado en sus esfuerzos por apresar a esa media docena de defraudados atracadores en franca huida.

Tres días y cuatro largas noches, en efecto, [levan los abnegados guardias civiles rastreando palmo a palmo esa amplia zona montañosa que forman las serranías de Aralar y de San Miguel, y el amplio valle de La Burunda que los separa. En sus estribaciones, en las cercanías de Olaberría, como es sabido, fueron descubiertos (os atracadores, y el sector que señalamos es la ruta obligada hacia los límites fronterizos del Baztán Cientos de kilómetros cuadrados de monte, de rocas y matojos, de cuevas, de recovecos, en suma, que favorecen al huido. Y mucho más cuando éste conoce perfectamente la zona.

Pero la lógica en estos casos no ofrece muchas garantías. Por ello no se descarta la posibilidad de que los fluidos hayan ganado o intenten alcanzar ese rincón guipuzcoano que forma Vergara y sus alrededores, Oñate, Mondragón, etc., donde más de una vez suelen contar los pistoleros de Bayona con ese tipo de refugio llamado «casa franca».

Como tampoco e! que aún se encuentren agazapados en la montaña en espera de mejor oportunidad para intentar alcanzar la frontera. En realidad, nada se sabe con certeza, aunque como decimos al principio, el tiempo transcurrido influya en el ánimo de los perseguidores para temer lo peor.

José Manuel Pagoaga Gallástegui, José Antonio Garmendía Artola, Francisco Javier Aya Zulaica y Félix Eguia son, tal y como indicábamos en nuestra crónica del sábado, los pistoleros «etarras» que junto a Juan Mana Labordeta Vergara —detenido la noche del viernes— pasaron la frontera francoespañola para llevar a cabo el atraco de Beasaín. Son los huidos.

ASESINATO DE UN GUARDIA CIVIL

A ellos, desde las dos y media de la, madrugada del domingo, hay que añadir a Miguel Apalategui Ayerbe, alias «Paga», de diecinueve años, trabajador en las factorías asaltadas, quien tras asesinar con su pistola al guardia civil don Manuel Pérez Vázquez-López, logró huir, asimismo, monte arriba amparado por la oscuridad.

El joven asesino y dos acompañantes, llamados María Lourdes Aizmendi y José María Arín Baztarrica, transitaban por el tramo de carretera que une Lazcano con Ataún. Regresaban al parecer del baile. Una patrulla de la Benemérita solicitó que se identificaran, y mientras sus dos acompañantes mostraban la documentación, Miguel Apalategui aprovechó para sacar la pistola de que era portador, llevándola sin duda montada, para disparar impunemente contra su víctima, dándose seguidamente a la fuga.

Don Manuel Pérez Vázquez-López moriría poco después en el Centro Hospitalario de Tolosa, donde fue atendido de primera intención. La bata disparada por el cobarde agresor había interesado el corazón.

Se supone que el asesino, trabajador de plantilla de la Empresa Caf, era uno de los informadores con que los atracadores habían contado. Al saber detenido a Juan María Labordeta creyó, sin duda, que éste te había delatado, y por este motivo al ser abordado para su identificación por la Guardia Civil, debió de perder el dominio de sí mismo y a fin de salvarse cometió su cobarde y sangrienta hazaña.

FUNERAL Y HOMENAJE POSTUMO

Ayer, lunes, a las siete de la tarde, se celebró en San Sebastián el funeral «corpore insepulto» por el guardia civil asesinado.

Por segunda vez en poco tiempo, centenares de donostiarras se reunieron con las autoridades civiles y militares de Guipúzcoa en el templo catedralicio para honrar la memoria de un guardia civil asesinado en el cumplimiento de su deber.

Y por segunda vez también, en menos da dos meses, una autoridad llegada de Madrid, en este caso el director general de la Guardia Civil, ha prendido sobre la bandera española que cubría el féretro, las insignias de las condecoraciones otorgadas a título postumo —medalla Militar, con distintivo blanco, y medalla al Mérito Policial, con distintivo rojo—. Momentos después, por carretera, el cuerpo sin vida de la victima emprendió el camino hacia la tierra que le vio nacer. En el pequeño cementerio de San Román de Retorta, en la provincia de Lugo, recibirá sepultura el cadáver de don Manuel Pérez Vázquez-López. El general Buganda, subdirector de la Guardia Civil, acompañará hoy, martes, a la familia en el doloroso acto. Ayer tarde salió de Madrid, por vía aérea, hacia Lugo, con esa intención.

PROPAGANDA SUBVERSIVA

Mientras, y con rapidez inusitada, diversos panfletos subversivos han hecho aparición en tierras guipuzcoanas. Son un llamamiento a la población trabajadora para «protestar por la detención de Juan María Labordeta». Algo asi como el se pretendiera que los trabajadores se proclamaran partidarios del atraco a mano armada, del crimen en Suma.

En realidad, tan rápida orquestación tan sólo va encaminada a hacer lo posible para que los guipuzcoanos, de una forma u otra, negasen a alterar el orden público y con ello se provoque una «distracción de fuerzas que favorecería la huida de los acosados pistoleros «etarras».

Corno era lógico esperar, nadie se ha hecho eco de tan absurdo llamamiento. Tan sólo ha coincido con él, según nuestras fuentes, la situación de paro creada en el interior de la fábrica por los 200 productores del turno de la mañana en las factorías de Jabones Bilore, en la localidad de Zaldivia, situación conflictiva que ya al mediodía parecía haberse solucionado.

Por otra parte, y también al mediodía del lunes, fueron puestos en libertad los dos Jóvenes que acompañaban a Miguel Apalategui cuando éste asesinó al guardia civil.

Al parecer, las autoridades no han encontrado en ellos relación alguna con lo sucedido y, en consecuencia, los dos jóvenes s han reintegrado felizmente a sus familias.

Suponemos que dando gracias al cielo por haberse enfrentado a la Guardia Civil española. En cualquier otro lugar del mundo y en idénticas circunstancias, difícilmente habrían escapado indemnes. Pocas son, en efecto, las fuerzas policiales que en la Europa o en la América de nuestros días solicita la identificación sin ese cacheo previo bajo amenaza del arma, que aunque molesto quizá para el contribuyente, evita, en no pocas ocasiones, la muerte por sorpresa de los defensores de la Ley.—A. SEMPRUN.

(VIENE DE LA PAG. 33)

 

< Volver