Autor: Sierra, Ramón. 
   Una renovada gestión política en el País Vasco     
 
 ABC.    07/02/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

"Una renovada gestión política" en el País Vasco

"...El pueblo vasco... está harto y avergonzado de unos terroristas que manchan los más entrañables apellidos de familias intachables." (En 4a imagen, el Club de Pesca de Lequeitio (Vizcaya), donde hizo explosión un artefacto colocado por miembros de la E. T. A., causando graves daños.)

LUIS María Anson, en su último artículo, «E! orden público», cargado de oportunidad y de las precisiones que caben en un trabajo periodístico de este tipo, dice que «la grave situación en sí País Vasco está pidiendo a gritos una renovada gestión política y no sólo policial». Exacto.

Una gestión política que reconsidere los diagnósticos habituales y los remedios... y que proceda con mucho tiento en la elección de los intérpretes de los nuevos planteamientos. Tarea necesaria y dificilísima en un país donde !a infección separatista sigue latente, sumando un factor especia) de perturbación a los generales en nuestra Patria; y no acaba de cerrarse, por culpa de conocidas complicidades, el purulento absceso de la E. T. A.

"Menos mal que los franceses acaban de enterarse de que el separatismo vasco no se contenta con «liberar» a tes zonas «peninsulares». Cuando nace ya ¡muchos años advertíamos a las personalidades responsables de Bayona que su indiferencia ante Jos excesos de tos nacionalistas vascos era peligrosa se burlaban elegantemente de nosotros. Pero iá semilla ha prendido y las sonrisas se han convertido en rictus de mal humor.)

¿Cómo formular un diagnóstico seguro cuando ahora es tan aventurado precisar la verdadera potencia de Jos grupos políticos, clandestinos o fieles al Régimen, que condensan en sus programas todos tos problemas de la región? Conocíamos con bastante aproximación cómo estaban repartidas en el País Vasco esas fuerzas —excluidos 1os flecos minoritarios de la derecha o de la izquierda— en las postimetrias de la Monarquía y durante la República: los socialistas, tos monárquicos de ambas ramas dinásticas y los nacionalistas vascos se repartían casi equitativamente tos sufragios, aunque en Navarra y en Álava ni los socialistas ni los nacionalistas vascos lograban otra cosa que dar fe de vida sin más posibilidades. Pero en 1974, ¿cuál es la fuerza real de los socialistas y, sobre todo, cuántos son los que sueñan con un socialismo democrático a lo Saragat y cuántos (os que prefieren el modelo de Nenni? Los nacionalistas vascos ortodoxos, los de Leizaola, ¿tienen muchos seguidores o se encuentran desplazados por los que se quedaron aquí y sus nuevos líderes? ¿Siguen pensando en una Confederación con los demás pueblos de España? ¿Se contentarla con una Federación? ¿Cuántos nacionalistas, veteranos o novales, mucho más «economizados» que politizados, aceptarían fórmulas autonómicas, o .una moderna foralidad, que no rompiese !a unidad de España ni vulnerase nuestra Constitución? ¿Cuánto pesan ios neoliberales o los neorrepublicanos que consideran preciso, en primer lugar, dinamitar al Régimen? En los unimos treinta años los enemigos del mismo se han llevado muchas sorpresas. En los referéndum celebrados las acusasíones de fraude no podían ocultar una verdad: que las masas adictas al Régimen eran .mucho más densas de lo que suponían. Y no nos olvidemos de aquella gran sorpresa que rebasó las previsiones más optimistas: el gran recibimiento hecho a Franco en Bilbao durante su último viaje oficial. ¿Qué ocurriría ahora en un nuevo referendum? No somos adivinos, pero el pueblo vasco sabe.

muy bien que tes aventuras políticas puedan arruinar la estabilización y expansión de su economía —sobra todo en momentos mundíales tan críticos— y está harto y avergonzado da unos terroristas que manchan tos más entrañables apellidos de familias intachables. Por otra parte, ¿cree alguien en que una subversión politica iba a apaciguar y disolver a los núcleos activistas de la E.T.A.?

Pero aunque tuviésemos un inventario exacto de las fuerzas políticas vascas en 1974, y de sus aspiraciones, no bastaría para pasar de la diagnosis a te terapéutica en un santiamén. Habría que hablar poco y gobernar bien, primero, para ganarse la confianza de los vascos antes de meterse en los laboratorios de las soluciones políticas estructurases de largo alcance. El Gobierno aotuaí tiene unos márgenes de confianza popular que, si no decae y se refuerza con obras de buen gobierno, preparará un ambiente propicio para esa otra grande y decisiva etapa de reestructuración política.

Luego habrá que poner mucho más cuidado que en la elección de los legisladores —no deben faltar ni íos hombres con experiencia en la encrespada política vasca ni los jóvenes que actualmente se interesan por ella—, en la selección de tos ejecutivos» de las normas sancionadas. Sobre el País Vasco han cardo muchos despistados. Los que creían que había que conquistarlo a sangre y fuego y los que venían pensando que los nacionalistas sólo sueñan con un «sano regionalismo»; los que se enfadaban porque un carlista del Goyerri habitaba en vascuence y los que todavía no se han enterado de que la palabra «Euzkadi» es un invento de los nacionalistas vascos para denominar al nuevo y soñado Estado vasco arrinconando ias denominaciones tradicionales: Euskalerria, Euskaldunak... (Hasta en puMcaciairtss semioficiales hemos visto hablar de Euzkadi, sin comillas, como quien hábla de Valencia.) Los que creen que todas las «Ikastolas» son asépticas escuelas de vascuence y no saben que algunas de sus maestras dicen: «Ya les enseñamos a los chicos que todo lo malo vierte de España.»

Tiene razón Anson. Hace falta una renovada gestión política en el País Vasco. Y este es otro de tos retos de nuestro tiempo. Un reto que no puede aceptarse si para edificar un nuevo orden moral no contantos con la salvaguardia del orden físico. El primer derecho que hay que garantizar a los ciudadanos es el derecho a vivir.

 

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