La ETA, una amenaza de alcance nacional     
 
 ABC.    08/01/1974.  Página: 35-36. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

La E. T. A., una amenaza de alcance nacional

En fuentes que debemos suponer próximas a la Jefatura Superior de Policía de Bilbao, han surgido relaciones muy completas de quienes, en una forma u otra, vienen integrando ese «peculiar mundillo» transpirenaico, más conocido por siglas de los tan tristemente famosos «Euzkadi Ta Askatasuna». «Anal Artea» «Saioak» «Komunistak» «Embata». etc.

Con ello, es decir, al facilitar tan cumplida relación de quienes se han venido moviendo al amparo del estatuto de «refugiado político», que allá se maneja con evidente prodigalidad no sólo se evidencia esa generosa actitud de nuestros vecinos hacia enemigos de España, sino, además, un perfecto control de la situación de cada uno de ellos por parte de las autoridades bilbaínas que no concuerda en absoluto con la impunidad en que más de dos docenas de los asesinos a sueldo en cuestión han permanecido en nuestra capital hasta la culminación de sus cobardes propósitos, en la calle de Claudio Coello.

Lejos de nuestro ánimo estaba la recriminación o la posible censura. Especialmente en momentos en que debemos unirnos todos en el empeño de justicia que reclaman pérdidas tan respetadas, admiradas y queridas como las que acabamos de sufrir, pero somos muchos los que, al conocer tanto detalle, al leer las relaciones datos y reseñas nacidas en Bilbao, nos vemos obligados a hacernos una pregunta, para la cual no encontramos más respuesta a nuestro alcance que la de una posible y total descoordinación entre las distintas instituciones que tienen por misión la seguridad y el mantenimiento del orden. Y, lo que nos parece mucho más ilógico, entre las distintas escalas que dividen el organigrama Interno de esos tan prestigiosos estamentos.

¿Qué otra respuesta cabe? Si el día 3 de julio del pasado año se detiene en las carreteras navarras a dos significados pistoleros de E. T. A.. y de sus declaraciones se desprende que regresaban a sus bases francesas tras haber permanecido algunas semanas en Madrid en compañía de otros numerosos miembros de la subversiva «organización». Ilegándose a la total Identificación de los mismos... La más Ingenua de las interpretaciones que cabía dar a esa estadía madrileña de los peligrosos «etarras» nos parece, precisamente, la que se ha hecho pública. Es decir, «la de la celebración de una Asamblea coordinadora en la capital de España». ¿Habrían elegido Madrid, con los riesgos que ello implicaba, para llevar a cabo lo que tan cómodamente podían realizar a pocos kilómetros o en sus mismos lugares de residencia?

Tan Ingenua interpretación, lejos de asombrarnos, debe asustarnos. Ya que si nuestra seguridad futura depende únicamente de lo que quieran o no quieran ha-

ABC. MARTES 8 DE ENERO DE 1974. EDICIÓN DE L

cer las autoridades francesas con. sus asilados—la experiencia nos inclina a esperar que nada o casi nada práctico se lleve a cabo en tal sentido— será cosa de preocuparnos seriamente del porvenir inmediato de nuestros hijos.

Esperemos que, tras la trágica y lamentable experiencia sufrida en pleno barrio de Salamanca, quienes sobre sus hombros llevan la alta responsabilidad de la seguridad de los españoles acepten creer que para E. T. A. —léase III o TV Internacional— la frontera del odio hacia nuestro

Régimen ni está en los Pirineos ni tampoco en los limites burgaleses del Ebro, por ejemplo.

El conocimiento del árbol genealógico de quienes utilizan las pistolas y el explosivo al servicio de la subversión y del terrorismo es. en efecto, un arma útilísima si se pone al alcance de todo un sistema llamado a evitar, más que a reprimir, sus desmanes contra nuestra sociedad. Mas resulta inútil, irónicamente inútil, alardear de su conocimiento cuando ese conocimiento se ha tenido tan parcelado como para poder asegurar, como afirmamos desde. estas líneas, que son muy pocos los miembros de las fuerzas del orden que en nuestra amplia, generosa y abierta geografía tenían, y aún tienen, una Idea aproximada de quién pudiera ser o representar, ponemos, por ejemplo, el llamado Múgica Arreguí.

Para no llegar a tal extremo, hubiera sido preciso que a niveles de responsabilidad se llegue a la toma de conciencia de que E. T. A.—léase III o IV Internacional— no significaba sólo un problema propio de nuestras provincias norteñas y sí una latente amenaza de alcance nacional. Hubiera sido preciso dejar de pensar sólo en la V o VI Asamblea y ver más alla de esos limitados significados para, conseguir distinguir la posibilidad—hoy demostrada realidad— de que en cualquier momento otroe intereses, asimismo antiespañoles, podían servirse de los pistoleros profesionales «etarras» para tratar de herirnos en lo más profundo.

Una vea, más hemos de señalarlo, tan sólo a la maravillosa Intuición que nace de la vocación que mueve a cuantos Integran el Cuerpo General de Policía, se pudo llegar al inmediato descubrimiento e identificación de quienes habían venido preparando y cometido el cobarde triple asesinato que ha entristecido nuestras fiestas navideñas. Pero esa intuición, esa admirable vocación no bastaba para evitar la tragedia. En su gran mayoría, se conocía de E. T. A. más a través de las reseñas de Piensa que bebiendo en fuentes oficiales.

 

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