Rueda de prensa con Don Felipe Huarte. 
 Sólo puedo decir que se han cumplido todas las peticiones impuestas para mi libertad     
 
 ABC.    28/01/1973.  Página: 17,19. Páginas: 2. Párrafos: 62. 

MADRID, D0MINGO 28 DE ENERO DE 1973 - NUM. 20.855 OCHO PESETAS

ABC

DIRECTOR: TORCUATO LUCA DE TENA DEPOSITO LEGAL: M -13 -1958 - 128 PAGS.

RUEDA DE PRENSA CON DON FELIPE HUARTE

«SOLO PUEDO DECIR QUE SE HAN CUMPLIDO TODAS LAS PETICIONES IMPUESTAS PARA MI LIBERTAD"

«No me arrepiento de lo hecho a lo largo de todos los días que he estado secuestrado»

«ME TRATABAN DE USTED Y NUNCA ME INSULTARON»

"Me dejaron leer ABC y "Unidad", así como varios periódicos extranjeros"

Pamplona 27. «Sólo puedo decir que se han cumplido todas las peticiones impuestas por los secuestradores para mi libertad», ha señalado Felipe Huarte, quién se niega a hacer ningún comentaría en torno a una posible cantidad de dinero pagada por su rescate.

A primeras horas de la tarde, se celebró una rueda de Prensa en un salón del hotel Tres Reyes, de Pamplona, a la que asistieron, además de Felipe Huarte, su hermano Juan y su cuñado, Jesús Aizpun. El secuestrado se mostraba sonriente, aunque aún se notaba cierto cansancio en su rostro.

—¿Qué le dijeron en el momento de ser secuestrado?

Únicamente le dijeron a mi mujer que en casa quedaba una carta con las condiciones del rescate: que si se cumplían, todo iría bien, y que si no, "ya veríamos. Me sentaron en la parte atrás de mi coche y me taparon los ojos con un esparadrapo y un capuchón. No tengo ni idea de hacia dónde me llevaron, porque creo que dieron varias vueltas. Tampoco puedo precisar el tiempo que permanecí en mi coche, pues me tenían agachado y llevaba los nervios de punta. No sé, pues, el tiempo invertido en el viaje, pero creo que duró bastante.

—¿Le cambiaron de coche en ese primer viaje?

—Sí. Me cambiaron una vez y noté que circulábamos sobre algo parecido a escarcha, hielo, barro o nieve, ya que notaba salpicaduras en el coche. Al bajar de él anduvimos unos quinientos metros, hasta llegar al refugio:

—¿Qué hora sería en ese momento?

—No lo sé con exactitud, pues perdí la noción del tiempo, aunque creo que no era todavía el amanecer.

—¿Cómo era este primer refugio?

—Me pareció una especie de caserío abandonado, por los cascotes que había. La primera noche dormí sobre «no piedra; después ya me dieron mantas y un saco de dormir. De todas formas, pasé muchísimo frío, pues en el viaje había perdido el abrigo y un zapato. En este refugio había, grandes corrientes de aire.

—¿Mejoraron las condiciones en el segundo refugio?

—Sí. En este segundo sitio ya tenía menos frío. Incluso, había luz eléctrica. También noté al entrar que había una puerta, cosa que no pude apreciar en el primero.

—¿Cuándo le quitaron el esparadrapo?

—No lo sé con exactitud. Sé que fue en el primer refugio, aunque no lo puedo precisar. Les dije que me escocían mucho los ojos y que, por favor, me lo quitaran. Me dolió al hacerlo, pero eso es lo de menos.

—¿Qué comía durante los días de secuestro?

—Prácticamente a base de bocadillos, algunos de ellos de carne. En el segundo sitio, la comida mejoró algo: incluyo ya me daban algo caliente, como, por ejemplo, sopa de ajo. No sé si el pan era francés o español; sé que era pan comercial, que comía de un día para otro.

ÚNICA CONVERSACIÓN: TORFINASA Y LA PELOTA

—¿Habló usted con los secuestradores?

—Muy poco. Únicamente me dijeron que había que solucionar el problema de Torfinasa; también me preguntaron de qué especialidad de pelota había sido campeón del mundo. Ellos hablaban entre sí siempre en vasco, que yo no entiendo.

—¿Qué tal se portaron con usted?

—Me trataban de usted y nunca me insulta/ron.

—¿Cuándo le hicieron las fotografías?

—Fotografías me hicieron en varios momentos, pero siempre cuando ya llevaba varios días secuestrado.

Antes de comenzar a responder . a las preguntas de los periodistas el señor Huarte vio el periódico «Informaciones» de ayer, en el que aparecían sus fotografías.

—¿Cuántas cartas escribió usted a su familia?

—Unicamente una; lo que pasa es que la escribí sobre dos trozos de papel. Lo hice con mi propio bolígrafo y a la luz de una pequeña lámpara,

—¿Leyó usted periódicos? —Sí; me dejaron leer A B C y «Unidad» del martes, asi como varios periódicos ex~

(PASA A LA PAGINA 19)

ABC. DOMINGO 28 DE ENERO DE 1973. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 19.

«QUIZA GRACIAS A USTEDES -LOS REPRESENTANTES DE LA PRENSA PUEDO ESTAR HOY AQUÍ»

(VIENE DE LA PAGINA 17)

tranjeros, entre ellos «Le Monde» y «Le Figaro».

—¿Oyó la radio?

—Si, oía música en un aparato de radío. Creo que era Radio Nacional de España. Pero cuando iban a dar las noticias, me lo apagaban.

—¿Le hablaron en algún momento de su liberación?

—Sí; en dos ocasiones me dijeron que me iban a soltar, pero luego me manifestaron que no podía ser, porque no se habían cumplido ciertas condiciones.

«QUEDA USTED LIBRE»

—¿Qué le dijeron cuando le pusieron en libertad?

—Prácticamente, nada. Solamente: «Queda usted libre»; después de cambiar dos veces de coche y de uno a otro andar por el monte, me dejaron cerca de la carretera de Irún a San Sebastián.

—¿Qué fue lo primero que hizo?

—Lo primero de todo, tranquilizarme, porque estaba muy nervioso. Después me dirigí a la carretera, hasta el bar Arzak, desde donde telefoneé a un amigo de San Sebastián, José María Casteres, compañero mío de carrera.

—¿Por qué le llamó a él y no a su casa?

—Fue una reacción pura, pues estaba más cerca de él a quería estar con alguien que llegare, inmediatamente.

Hacia las nueve menos cuarto se recibió la llamada en «Villa Adriana» de José María Casteres, quien manifestó que Felipe Huarte estaba en libertad. Dijo que en un cuarto de hora, aproximadamente, recibían la llamada directa de Felipe. Durante ese cuarto de hora la tensión, según ha manifestado Juan Huarte, fue intensa en casa de la familia. Poco antes de un cuarto de hora llama el secuestrado y cogió el teléfono Jesús Aizpún, quien se lo cedió inmediatamente a Juan Huarte para que hablase con su hermano.

—¿Qué se hizo después de ponerse en contacto con su familia?

—Esperé en el mismo bar la llegada de mis hermanos, mi mujer y el gobernador civil de Navarro. Después, nos dirigimos ya a «Villa Adriana».

—¿No ha hecho ninguna declaración ante la Guardia Civil?

—No. Directamente vine a mi casa, donde ustedes me recibieron, y hoy, después de levantarme. he venido también hacia aquí.

Seguidamente, Felipe Huarte cuenta una anécdota que le pasó en el bar Arzak. Resulta que cuando él estaba en la cocina del establecimiento llegó una persona amiga de los dueños diciendo: «Ya tendréis ahí a Felipe Huarte escondido...» El dueño dijo: «Si. Precisamente aquí lo tenemos.»

NO LE ROBARON

—¿Le dijeron en algún momento sus secuestradores que eran elementos de E. T. A.?

—Sí. Tanto cuando me secuestraron como en alguna otra ocasión, me dijeron que pertenecían a la E. T. A.

—¿Llegaba alguna cantidad de dinero en sus bolsillos cuando le liberaron?

—La misma que cuando me secuestraron, ya que me respetaron todo lo que tenia.

Felipe Huarte mira su cartera y añade:

—Tengo exactamente mil pesetas, las mismas del día del secuestro.

—¿En qué pensaba los días que estuvo secuestrado?

—Pensaba en todos mis familiares, en mi mujer y en mis hijos, aunque la cabeza la tenía hecha un lio.

—¿Qué impresión le ha causado este secuestro?

—Es un acto condenable. Ya les dije a los secuestradores que no.es ningún medio linio para conseguir ningún fin.

—¿Intentó fugarse en alguna ocasión?

—No. no lo hite porgue vi que era imposible. No me arrepiento de lo hecho a lo largo de todos los días que he estado secuestrado.

—¿Cómo se lavaba?

—Con un cubo de agua.

Juan Huarte interviene para señalar que su hermano olía muy desagradablemente cuando lo encontraron.

—¿Cómo hacía sus necesidades?

—De la forma más primitiva, en un cubo o en cualquier otro sitio,

—¿Puede saber si cambiaron sus guardianes a lo largo de los diez días?

—No lo sé con exactitud, aunque me pareció, por la voz, que sí hubo algún cambio.

—¿Sintió miedo?

—El miedo lo pasaba a ratos. Cuando fui secuestrado estaba tranquilo, ya que, aunque me di cuenta de lo que pasaba, sabía que en mi casa se quedaban todos mis familiares a salvo. También es cierto que temí algo por ellos, porque les dejaron en una habitación muy pequeña y con, más poca ventilación.

—¿Se tomará ahora unas vacaciones? —Creo que me iré fuera, pero no té dónde?

—¿Cree que en su libertad ha influido el acuerdo firmado el pasado jueves en Torfinasa?

—De eso sabemos nosotros más que él (interviene Juan Huarte). Puede ser un tactor importante, aunque no lo podamos calibrar, porque, en definitiva, todo son conjeturas. Felipe no sabía nada de lo que estaba ocurriendo aquí.

—¿Por qué le cambiaron de ropa?

—En realidad, estaba hecho un asco. Tengan en cuenta que estaba durmiendo sobre el suelo.

—¿Qué le dijeron sus hijos al verle liberado?

—He visto a mis hijos esta mañana, ya que anoche, cuando llegué a «Villa Adrianas, estaban dormidos. No me han dicho nada; únicamente se que han estado tranquilos y bien.

—¿Ha adelgazado en estos días?

—No me he pesado, pero creo que no.

Felipe Huarte se despide de los numerosos informadores asistentes a la rueda de Prensa, dando las gracias a todos por la forma como se han portado:

—Ya me han dicho mis familiares lo que han hecho ustedes por mi, y quiza gracias a ustedes puedo estar yo hoy aquí.

Finalmente, Juan Huarte, antes de despedirse de la rueda de Prensa, manifesté el agradecimiento de toda su familia al gobernador civil de Navarra, «quien—dijo— gracias a su actuación prudente ha hecho posible que mi hermano esté hoy en libertad.»—Cifra.

 

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