Autor: Pi y Torrente, Ramón. 
   Los ex barones     
 
 La Vanguardia.    31/07/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Crónica política

Los ex barones

Madrid, 30. (La Vanguardia).}

La reunión de la Comisión Permanente de UCD, resuelta, según las referencias que se tienen

hasta ahora, con una deliberación sobre el nuevo reglamento del Congreso de los Diputados,

indica que el próximo futuro del partido gubernamental será bastante distinto de lo que ha

venido siendo hasta ahora la intrahistoria centrista. No se trata de magnificar a los muertos,

pero es evidente que, tal y como se presentan las grandes alternativas políticas, si Joaquín

Garrigues hubiera estado presente en esa reunión, no habría dejado pasar la ocasión, al

menos, de preguntar por las cuestiones importantes y de ocuparse de que se quebrase el

hermetismo que beneficia a algunos, pero no al conjunto de UCD, ni a la imagen que necesita

tener todo partido político como organización de conducción social.

La presencia del portavoz centrista en el Congreso, Antonio Jiménez Blanco, procedente de las

filas liberales de Ignacio Camuñas, se ha querido interpretar desde algunos observatorios como

el intento de Suárez de consagrar por la vía de hecho al político granadino como sucesor de

Garrigues en lo que podríamos llamar ¡a •´baronía» liberal. Eso, sin embargo, no se tiene en

pie, dos razones principales: primero, porque las relaciones- entre los centristas sedicentes

liberales que proceden de distintas formaciones originarias no son lo coherentes que deberían

ser para que pueda hablarse de sucesión de Garrigues. Y segundo y más importante, porque lo

que caracteriza a todo «barón» es precisamente el capital político que lleva a UCD con

independencia de Suárez, y constituye una contradicción el hecho de que sea Suárez quien

haga o deshaga «barones*. Hay que extender ya el certificado de defunción de este término

político, tomado del gaullismo francés, A partir da ahora, el hablar da "barones» significará una

manera da manipular a los políticos y a los ciudadanos de a pie, a menos que la ausencia de

Joaquín Garrigues no represente el final de todo asomo da reivindicaciones de los orígenes

ideológicos de los sectores democráticos no marxistas. Pero es cía temer, a la vista de lo

sucedido en esta reunión de la Permanente centrista, que el liderazgo democrático y

progresista va a quedar disuelto en puras y simples ambiciones personales de poder y los ex

barones estarán más silenciosos cuanto más les dejen participar del poder, con independencia

de cuáles sean las propuestas ideológicas qua triunfen en el seno de UCD.

Fernández Ordóñez, que hiciera tándem político coyuntural con Garrigues, para oponerse a la

*suarificación» de UCD sin alternativa posible, es ahora el principal encargado de mantener

esta bandera en el interior del partido. ¿Lo va a hacer? No se sabe todavía. De momento,

personas próximas a Ordóñez han comenzado a organizarse con unos propósitos que aún no

se conocen en detalle. Por otro lado, da la impresión de que la nueva «pareja» del ex ministro

de Hacienda puede ser Rodolfo Martín Villa, hombre expertísimo en el regate político y gran

conocedor de las personas, pero demasiado acreditado como «servidor del Estado*

químicamente puro —por utilizar una terminología benevolente— como para que sea creíble en

él un conjunto de convicciones ideológicas democráticas que, en cambio, brillaban con luz

propia en el caso de Garrigues.

El «barón* por antonomasia ha muerto. Vivan los ex barones. —• Ramón Pl.

 

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