Autor: Urbano, Pilar. 
 Debate para la investidura de Calvo Sotelo. 
 No compró votos, pero vendió autoridad     
 
 ABC.    21/02/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

6/ABC

NACIONAL

SÁBADO 21-2-81

Debate para la investidura de Calvo-Sotelo Hilo directo

No compró votos, pero vendió autoridad

Leopoldo sabía por qué no estaba allí, en el escaño azul de su izquierda, el militante Adolfo Suárez. Era

una ausencia prudente y estratégica, convenida «para no generar tensiones sobreañadidas al debate».

Suárez seguía por radio, en directo, y por TV, en diferido, cada una de las intervenciones. Compareció

cinco minutos antes de la votación para dar su «sí» al candidato.

El discurso del candidato, las interpelaciones de la oposición, el resultado de los votos../, todo estaba

cantado. La sorpresa, ¡a única y gran sorpresa, fue el propio Leopoldo Calvo-Sotelo. Su nuevo estilo

ciertamente europeo, casi nórdico-^: un parlamentarismo culto y frío, de emociones embridadas, de

cáustica inteligencia en la respuesta, de cartesianos razonamientos, de sobriedad oratoria, sin propinas a la

demagogia, y más incisivo que contundente en los contraataques. Teníamos delante otra seriedad, otra

elegancia, olro rigor..., otra auctoritas, en un hombre todavía no investido de potestas, pero al que toda la

Cámara, toda, escuchaba con atención, silencio y respeto. Porque en este debate ha sucedido algo

singular: nadie, desde Blas Pinar hasta Santiago Carrillo, nadie ha desautorizado ni criticado al

«candidato». La investidura se ha negado al «programa». Una verdad palmaria. Y se le ha negado «por

ser un programa de UCD», como tenía que ser. ¡Qué cosa más natural y gratificante que un candidato

defina sus intenciones de gobierno con tanta nitidez como para que disgusten a la oposición! Esta

definición en los contenidos y aquella talla parlamentaria en la forma son, a juicio de muchos

parlamentarios, y mío lambían, dos inequívocos signos de que «Leopoldo ya ha marcado distancias

respecto a Suárez».

Estaba preocupado Calvo-Sotelo —lo supe ayer por la tarde— porque en la sesión matinal, y ya al filo de

las dos, «había entrado a barrenar demasiado a Carrillo, mortificándole con sus afiladas referencias a "lo

soviético"». Claro que el discurso de Carrillo había sido el más duro y demoledor de los allí escuchados.

Con añagazas de amenazas veladas, como cuando habló del paro y vaticinó «peligro de que haya sangre y

lágrimas en este país».

Con ía espada desenvainada ante el proyecto de otanización de( futuro Gobierno, y anunciando su

oposición a los acuerdos bilaterales con EE UU. Carrillo había denunciado en el programa de Leopoldo

«cierto acento Reagan», incluso llegar/a a decir que «el candidato representaba al Gobierno de los

Estados Unidos». Calvo-Sotelo le contestó con humor: «Sencillamente, señor Carrillo, estoy al día.»

Y rechazó los alfilerazos de «derechización», que le llovían de todos los ángulos, con un «no tengo

complejos..., hay una derechizacion más grave que es ilusionar al pueblo con promesas que no se pueden

cumplir», con todo, quedó claro que si Leopoldo sigue «usando podio» y «haciendo Parlamento» —y

tengo noticias de que «piensa hacerlo con mucha frecuencia»— la oratoria cazurra, la agresión verbal

barriobajera, el discurso gesticulante de dedos acusatorios y de giros castizos, a que muchas «señorías» de

San Jerónimo nos tenían acostumbrados, ha de cambiar de «pose». En estos debates se ha visto que sólo

los parlamentos estilo «Roca» o estilo «Solchaga» tenían el corte de rigor y seriedad que Leopoldo

demandaba. Incluso Felipe Gonzáfez fue comedido en su contundencia, austero en la fraseología y parco

en el gesto.

No fue un buen discurso ef de Felipe. En algún momento, como el líder socialista hiciera «ofertas» de

programa gubernamental, Calvo-Sotelo le recordó que allí el único «candidato» era él.

Tampoco había sido bueno el discurso de Fraga, el que provocó que Areilza abandonase el hemiciclo.

Pude escuchar de labios de un diputado aliancista: «No entiendo por qué Manolo votó sí a Suárez en su

investidura, y, con este programa que se nos ha presentado, le niega el voto a Leopoldo...» Sé que dos

«fraguistas» querían votar sí: Antonio Carro y Victoria Fernández España. Pero se impuso la disciplina de

)a abstención. Areilza me explicó que «no se había ido de CD, sino de la sala». «El discurso de Fraga

dijo— me resultó duro e hiriente, contra un hombre tan afin a nuestros puntos de vista Ideológicos y

políticos, que... yo voy a votar en su favor... Tiene la talla suficiente para ser un buen jefe de Gobierno,

que además usa bien el Parlamento. Desaparecidos los modos del anterior jefe de Gobierno, me parece

mucho más fácil entenderme con la UCD.» Y en la misma fibra estaba Osorio: «Anuncié mi voto

favorable, anles de conocer su programa, porque conocía la talla moral, técnica y política del hombre

Calvo-Sotelo. Después del debate, con más motivos aún, mi voto es positivo. Y mi voto, conste, ha sido

gratis.» Bueno, ése ha sido e/ éxito de este «suspenso en junio»; Calvo-Sotelo no ha recurrido al

mercachifleo de apoyos. A nadie se le oculta que, en tres días, y con las buenas trazas negociadoras de

Pérez-Llorca, alguien puede «pasar del rosa al amarillo» para el lunes, «septiembre» de segunda vuelta.

Quizá no signifique nada, pero ¿qué hablaban, recorriendo a zancadas un pasillo de Cortes, el catalán

Roca y «zorro plateado», finalizada la sesión?

Denunció Felipe González que, desde la tribuna de invitados, alguien «muy significativo» aplaudió, el

único en esas almenas, ei discurso inicial de Leopoldo. Envié una nota breve a Alfonso Guerra

preguntándole quién era. Me respondió, también por escrito: «Un representante (agregado) de la

Embajada de EE UU.»

En el frasfondo de los debates hubo dos tensiones crepitantes: Ordóñez parecía empeñado en salir al

ruedo, por alusiones, con el tema «divorcio»; en tanto pue Calvo-Sotelo se afanaba por mantener su

«incombustibilidad», pasando de puntillas sobre la espinosa cuestión, con un diplomático «no está en mi

ánimo retirar ningún proyecto de ley...», al que añadía la posdata de que «e! Gobierno y el grupo

parlamentario de UCD decidirán». Parece decidido de antemano «admitir todas las enmiendas del sector

crítico y expedir ef proyecto al Senado». Se trata de ganar tiempo, empalmar con las vacaciones

estivales... y alfombrar sin obstáculos el viaje del Papa en otoño. La otra tensión era la del sesgo que

pudiesen tomar los secuestros de los cónsules. Con ironía sana, un periodista le preguntaba a Bandrés:

«Asi que... ¿vosotros sois los "torturados"? ¡Está bien, hombre—Pitar URBANO.

 

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