Autor: Dávila, Carlos. 
 Un Gobierno de "barones" y "regresados". 
 Los ministros de Estado, principal novedad del nuevo Gabinete     
 
 ABC.    09/09/1980.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 13. 

4 / ABC

NACIONAL

MARTES 9-9-80

Un Gobierno de «barones» y «regresados»

Los ministros de Estado, principal novedad del nuevo Gabinete

MADRID (Carlos Dávila). A! margen de los nombres y de las interpretaciones que de las designaciones

se puedan hacer, la más importante de las novedades que ha traído aparejada esta crisis es el nombra-

miento de once ministros de Estado, once superministros, elegidos por su peso político especifico, más

que por la importancia de la cartera que les ha sido asignada. Cabe interpretar que Suárez ha querido de

este modo crear un supergabinete, quizá anuncio del que pueda formarse en un futuro más o menos

inmediato en el marco de una reforma administrativa. Habrá que esperar a conocer cuáles son los

auténticos contenidos de esta nueva figura para emitir un juicio primero de su real trascendencia política.

En otro orden de cosas, Suárez ha formado un Gobierno con «casi» todas las tendencias dentro. Falta,

para que se encuentre representado el espectro político originario de UCD, la presencia de los liberales,

descabezados desde la muerte de Joaquín Garrigues. El presidente, según las primeras observaciones, ha

dibujado un Gobierno sólido, de notables, que, sin embargo, puede tener, en las personas, fuertes

problemas de entendimiento. Los socialdemócratas de Fernández Ordóñez, los democristianos y los

«martinvillistas» han conseguido colocar importantes peones en esta formación, en la que, al final, no

tienen representación alguna los catalanes de la Minoría, a fos que Suárez hubiera querido tener en el

Ejecutivo.

LA «SORPRESA» PÉREZ LLORCA

Conocida y comentada suficientemente la dimisión de Fernando Abril y el nombramiento de Leopoldo

Calvo-Sotelo como vicepresidente económico, la mayor sorpresa de la lista es el ascenso hasta el Palacio

de Santa Cruz de José Pedro Pérez Llorca, que rechazó una primera oferta para ocuparse de las relaciones

con Europa y que, en definitiva, se ha visto favorecido en el reparto con una cartera, que con la de

Justicia, será la «vedette» política de los próximos meses. Oreja ha caído en vísperas de la Conferencia

Europea de Seguridad y de su previsto viaje al Pacto Andino. Pero la sorpresa no ha sido su cese, sino

precisamente el nombramiento de su sucesor, un diplomático de carrera que ha ejercido escasas funciones

profesionales.

Aunque en un principio se pensó en reconvertir el Ministerio europeo en Secretaría de Estado, a la postre,

Eduardo Punset, el más destacado centrista de Cataluña, ha conseguido la máxima categoría

administrativa; categoría discutida y que en una anterior etapa cumplida por Calvo-Sotelo se Justificaba

más en relación con el político que ostentaba su tltulardiad que en función del propio peso político del

Ministerio. Punset llega a Madrid recientemente aún su paso por la Consejería de Finanzas de la

Generalidad provisional. Es un político moderno, de extracción Ideológica socialdemócrata que

abandonará, imagino, su característica y larga bufanda que le cubre ostentosamente «n invierno. En la

etapa de Oliart como ministro de Industria, Punset fue secretario general técnico del Departamento. Es,

según mis informaciones, amigo personal de Pérez Llorca, lo que suavizará en buena medida las posibles

interferencias que se establezcan a la hora de distribuir competencias no demasiado claras.

Alberto Oliart, diputado por Badajoz, es el nuevo ministro de Sanidad y Seguridad Social. Una cartera

compleja, que ha conseguido ordenar con fortuna Juan Rovlra Tarazona. Oliart se encuentra una reforma

sanitaria aprobada en el Parlamento con fuerte oposición de los socialistas y comunistas y una Seguridad

Social saneada financieramente, que parece haber sido el gran logro de la Administración del cesado

ministro. La clave del nombramiento de Oliart, que en algún momento pareció llamado a sustituir a

Rodríguez Sahagún, hay que buscarla en las pasadas negociaciones que condujeron a un arreglo de

compromiso en el contencioso que enfrentaba a dos sectores muy determinados en la UCD extremeña.

Oliart desempeñó un papel preponderante a la hora de zanjar pasadas diferencias. Se pudo así salir del

«impasse» que tuvo prácticamente escindido al partido gubernamental en la región de la que es originarlo

Enrique Sánchez de León. Es muy posible que la resolución de este problema haya pesado decisivamente

en el ánimo del presidente, que ha querido, por una parte, reconocer públicamente la buena imagen

política del nuevo ministro, y por otra recuperar para el Gobierno a un hombre destacado, que en otro

tiempo tuvo que abandonar el Gabinete por sus discrepancias en la discusión del Plan Energético

Nacional, con el entonces vicepresidente, Enrique Fuentes Quintana.

Este es, por otro lado, efectivamente, el Gobierno de los «recuperados». Cinco antiguos ministros,

primeras figuras del partido, vuelven a las responsabilidades concretas del Gobierno. Uno de ellos, Juan

Antonio García Diez, cesó como ministro de Comercio el pasado abril, después de mantener una abierta

polémica con Fernando Abril. García Diez, diputado por Cádiz, es un político eficaz y brillante,

procedente del Partido Socialdemócrata de Fernández Ordóñez, que gozará de amplias atribuciones en la

nueva etapa. Suárez, que nunca estuvo conforme con la marcha del nuevo ministro, le ofreció al principio

de la crisis la cartera de Economía, pero García Diez pidió la fusión con la de Comercio, una solicitud que

el presidente quiso complacer sin demasiada discusión. Tal «anexión» orgánica ha sido determinante del

cese de uno de los ministros más jóvenes del pasado Gobierno, Luis Gamir, otro socialdemócrata del

antiguo partido de Fernández Ordóñez, que ha sido sacrificado quizá por sus semipúblicas discrepancias

con el nuevo titular de Economía y Comercio. Gamir se ha quedado descolgado de un Gabinete que le

venía, dada su filiación política, como anillo al dedo. Alguien, indudablemente, no le ha perdonado su

colaboración para formar el Gobierno que Suárez, a trancas y barrancas, logró constituir el pasado mes de

abril.

PÉREZ MIYARES Y ORTEGA

Abandona también las responsabilidades de Gobierno Salvador Sánchez Terán, caído en desgracia, según

parece, desde su poco afortunado papel en el tema de Marinaleda. Le sustituye un «fijo» en casi todas las

precombinaciones ministeriales de los últimos tiempos: el onubense especialista precisamente en

custlones laborales, Félix Pérez Miyares. El nuevo ministro, presidente de la UCD andaluza tras la

dimisión de Clavero, tiene una biografía próxima a la de Martín Villa, Rosón y Sancho Rof, pasa por ser

un político negociador que tiene una gran capacidad dialéctica y que se ha distinguido, sobre todo, en la

discusión del Estatuto del Trabajador, donde sus intervenciones fueron rotundas y acertadas. Quizá su

candidatura, que, desde luego, tiene suficientemente base profesional para el Ministerio que le ha sido

asignado, ha sido «detenida» en algún momento por miedo a que su ausencia como protagonista en la

resolución del candente y pendiente problema andaluz empeorara las nacientes relaciones con la Junta, y

muy especialmente con su presidente, el socialista Rafael Escuredo.

Los democristianos conservan, una vez más, sus cotas de poder político. Iñigo Cavero ocupará su tercera

cartera ministerial. Fue discutido en Educación, ha sido un discreto ministro de Justicia, y llega ahora a

Cultura, Departamento que recoge de Comercio el Turismo, después del paso, ciertamente fugaz, de

Ricardo de la Cierva, nombrado a toda prisa para sustituir, el pasado enero, al disidente andalucista,

Manuel Clavero.

Ortega y Díaz Ambrona, que es, si cabe la matización, más un demócrata y cristiano que un

democristiano, ha sido el recambio preparado por Suárez para Otero Novas, el ministro que ha sacado,

con !¡ ayuda de José Luis Alvarez en el Parlamento, el contestado Estatuto de Centros. Otero, dígase lo

que se diga, deseaba continuar en un Ministerio que le ha desgastad politicamente, pero no ha podido

obtener presupuestos suficientes, financiación para las nuevas leyes y, en estas circunstancias ha

preferido, a pesar de que Suárez le hizo a última hora un ofrecimiento inconcreto quedarse fuera del

nuevo Gobierno.

DOS GRUPOS DE PRESIÓN

Uno de los grupos más fuertes de es Gabinete lo forma el trío Martín Villa-Roso Sancho Rof. Bajo

responsabilidad de los dos primeros ha colocado Suárez el Gobierno provincial y autonómico. De nuevo,

y como hace escasamente año y medio, vuelven reunirse en áreas cercanas de poder, tres políticos

profesionales de ascendencia seuita, que llegaron a UCD entre algún rece por su escaso «pedigrée»

democrático, peí qu« han hecho siempre una gestión eficaz, reconocidas por sus partidarios, e incluso por

sus adversarios, cada día menos beligerantes por otro lado. A ellos, y en hipotéticas circunstancias de

agrupación por procedencias, puede unirse, según he explicado antes, Pérez Miyares, que, en cualquier

caso, debe gobernar desde su Departamento, una política económica que tiene por primer fundamento la

reducción sustancial del paro, aún a costa del aumento, parece que ineludible, de la inflación.

Pío Cabanillas es otro, y no el menos Importante, de los regresados. No creo que sus vacaciones estivales,

al lado de Suárez, le hayan supuesto una nueva oportunidad política, en forma de adjuntía ministerial.

Según creo, la incuestionable capacidad negociadora del centrista gallego, junto con su mil veces cantada

habilidad política y su influencia «baronil» en el partido, han inducido al presidente a contar, nuevamente,

con Pío Cabanillas Gayas, subsecretario con Fraga, ministro cesado fulminantemente por Franco en la

época en que los «informes» confidenciales llegaban a El Pardo para desmontar las operaciones de

apertura, y titular de Cultura tras las primeras elecciones democráticas. Todo un «curriculum» de un

profesional de la política, incombustible a los tiempos y necesario a la hora de confeccionar un Gabinete

con credibilidad democrática.

No han tenido ningún éxito las maniobras de algunos democristianos para cortar el acceso de Fernández

Ordóñez a Justicia, Departamento éste que recupera, además, su responsabilidad en el desarrollo

legislativo, que, hasta ahora, asumía el nuevo ministro de Educación, Juan Antonio Ortega y Díaz

Ambrona. Ordóñez, que situó este Ministerio como el segundo en la lista de sus posibles apetencias,

detrás de Asuntos Exteriores, va a ser, sin duda alguna, el protagonista de la nueva política centrista. Se le

espera con expectación creciente, se teme su posible influencia progresista en la remodelación de leyes

como la de divorcio, y cuenta con alguna resistencia en cuerpos funcionariales de alto prestigio. Ordóñez,

discreto y prudente en los últimos tiempos, ha ofrecido esta vez su colaboración sincera al presidente y

éste le ha dado potestad sobre un Departamento que tendrá, lo repito, gran importancia en los nuevos

tiempos.

Fernández Ordóñez es, si esto cupiera decirlo sin miedo a la inexactitud, un vencedor en la crisis. Cuenta,

en teoría, con cuatro o cinco compañeros de Gabinete que constituyeron el grupo político socialdemócrata

originario de UCD. Alguno de ellos, como Rafael Arias, que continúa como ministro de la Presidencia,

está ahora más cercano a la órbita suarista, pero no ´ia abjurado nunca de su procedencia ideológica.

González Seara, impermeable a la crisis, seguirá adelante con su programa de recuperación científica, y

Añoveros, que se creía condenado, ha salvado la papeleta con éxito. Ellos dos pueden sumarie, si el caso

llegara a plantearse, a un posible grupo de presión socialdemócrata dentro del Gobierno.

SIETE DÍAS DE GESTACIÓN

Alberto Aza, jefe del Gabinete del presidente, fue encargado el domingo de comunicar a los cesados la

decisión del presidente. La crisis abierta durante meses ha durado, en su gestación, apenas siete días. El

Gobierno así formado es, según los observadores, el mejor "posible en estos momentos. Su capital

político es la credibilidad; su reto, vencer el desencanto patente en diversas encuestas realizadas entre el

electorado español. Alguna de ellas, indica que un cincuenta por ciento de los españoles consultados

juzga negativo el proceso de transición. Suárez tiene, con este Gabinete, quizá su última oportunidad para

recuperar el prestigio perdido.

 

< Volver