Autor: Urbano, Pilar. 
 II Congreso Nacional de UCD.. 
 Palma: El zoco de los intereses     
 
 ABC.    08/02/1981.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

8/ABC

NACIONAL

DOMINGO 8-2-81

II Congreso Nacional de UCD Hilo directo

Palma: El zoco de los intereses

PALMA DE MALLORCA (Pilar Urbano, enviada especial). Los pasillos del auditórium de Palma son

como un mercaditto en día ferial. Un zoco donde se negocian beneficios, se intercambian intereses por

lealtades, se hipotecan cargos y parcelas de influencia. Y donde nadie habla de la verdadera política de las

cosas por hacer.

• Lo que se «mercachiflea» en pasillos (y hay en el auditórium ocho plantas hábiles para este trajín... y un

emporio de hoteles y restaurantes para más discretos cabildeos) son: asientos en el Comité Ejecutivo,

butacas en el Consejo Político, poltronas en el nuevo Gobierno que haya de hacer «el heredero» Calvo-

Sotefo; sillones en la Permanente, que, como me deslizaba sutil Jiménez Blanco, «nadie ha enterrado

todavía»... y tronos para la presidencia y secretaría general del partido. Se subasta poder. Y las pujas son

altas. Así, un Jerónimo Alberti puede obtener butaca en el Comité Ejecutivo por el sustancioso precio de

ofrendar al Congreso un bloque de compromisarios mallorquines «suaristas cien por cien, fieles en todas

las votaciones». Y así, el murciano «apócrifo», ¡no lo conoce nadie¡, Juan Martínez Meseguer, quizá

tenga plaza también en ese órgano decisorio a cambio de «el respaldo de iodos los compromisarios de

Murcia». En otro nivel, al ministro Punset se le despejan de un brochazo las dudas y tentaciones de

pasarse al grupo crítico, cuando hábilmente se esparce el «rumor de buena fuente» de que «te quedarías

sin cartera»... Que, por cierto, me han contado esta deliciosa conversación: Rodríguez Sahagún.

«Eduardo, no vas al Comite Ejecutivo porque ya eres ministro.» Eduardo Punset: «¿...? ¡Pero van a ir

otros muchos en el Ejecutivo que también son ministros ¿no?»

• A las diez se discute si Calvo Ortega «con la cantidad de abstenciones y votos en contra que tuvo en el

informe de su gestión» puede seguir o no como secretario general. A las once se dice que está fuerte. A

las once y media se pone en solfa la presidencia de Rodríguez Sahagún. A las doce circula entre los

caciquillos del «Donut» la hipótesis Marcelino Oreja «for president UCD». Y a la una vuelve a estar

sólido Sahagún.

Todo está en el tejado al mediodía del sábado 7. Sólo la candidatura de Leopoldo para presidir el

Gobierno «parece» un hecho. Le oigo mientras sube las escaleras con Rodríguez Sahagún y en tono

áspero: «Mira, Agustín, yo no quiero saber nada de lo que pasa en esta casa.» Buena táctica de «manos

fuera». Bien. Bien, él tiene que nombrar a sus ministros y gobernar su nave por los ribazos de la «derecha

gestora», sin interferir con la marcha del partido que a su debida hora zigzagueará hacia la «izquierda

social» los puntos necesarios para que el coctel preelectoral del 83 resulte «centro-centro».

• Recuerdo aquí, en Mallorca, una frase que me pareció nadería cuando me la dijo Suárez en Sevilla este

otoño, y que ahora se me revela de gran estrategia: nacer estancos en una embarcación que por algún lado

hace agua: «Yo no tendría inconveniente —decía tomando un cafelito en el hotel Alfonso XIII, después

de su rueda de Prensa "urbi et orbi— en que se separasen, si las circunstancias políticas lo aconsejaran,

la presidencia del partido y la del Gobierno. En ciertos momentos del país puede convenir que sea tal

hombre y no tal otro quien gobierne.» Estamos en eso.

Pero sigo con el zoco mallorquín. El partido, dígase lo que se diga, está dividido. Y enfrentado. La

votación para presidente de Mesa (Pérez Llorca versus Attard), como les decía ayer, arrojó un dato de

contingente crítico fuerte: 673. Ninguna fruslería: el35,1 por 100. Pues bien, a la hora de la representación

de las tendencias en los órganos de decisión se les regatea el espacio con una tacañería rayana en la

codicia. Si en la noche del viernes 6 la oferta era 30-5 (cinco críticos y treinta del ala oficialista en el

Ejecutivo; lo que supone estimar en un 14,3 por 100 la fuerza de presencia de los laviñistas), el sábado

por la mañana se les ofrecía la fórmula de aumentar su cancha en el Ejecutivo: de cinco a diez hombres,

pero engordando también las dimensiones de ese colectivo, de treinta y cinco pasaría a tener cuarenta.

Para llegar a un acuerdo, los negociadores «duros» Abril-Alzaga pasaron los trastos a Sancho Rof-

Merigó.

• Al mediodía mis noticias eran «no se han entendido». Los críticos se consideran maltratados y

humillados: «aceptar cinco era vergonzante. Aceptar diez era una limosna. Y nosotros somos tan de UCD

como el que más... No somos mendicantes de favor. Aquí se está queriendo secuestrar el partido por una

oligarquía de intereses», que era endosar a los oficialistas la «puya» que Suárez les colocaba a ellos en su

discurso inaugural de «despedida». En este punto y hora en que escribo todo puede recambiar en diez

minutos, pero los críticos han cerrado filas: «Si UCD resulta que es vuestra y pretendéis saciarnos con

alpiste, ahí os lo quedáis todo. Nosotros rompemos la baraja y rehusamos entrar en vuestro juego de

reparto. No estaremos en ningún órgano deliberante q decisorio del partido.» Abril, días antes, había

comentado: «Estos van a saber lo que vale un peine.» Ahora los hombres de Lavilla responden:

«Estos van a saber lo que vale una investidura.» Que ése es el precio de fondo de tal desavenencia.

• Vamos a otras cuestiones. El clarinazo de los obispos contra el divorcio-Ordóñez ha sonado en el «II»

de Palma como sirena de alarma. La Comisión de política social, remolona para sacar el tema a la

palestra, se aplicó a modificar el texto de «Familia». Se admitió y se votó, por clamorosa mayoría de

cartelas verde «sí» una enmienda por la que UCD no se definía ni divorcista ni antidivorcista. pero se

excluía del programa el divorcio por «mero acuerdo», el duro proyecto Ordóñez del divorcio «a Las

Vegas». Con lo que los compromisarios entendieron (si después, negro sobre blanco, se escribe o no, ése

ya es otro cantar) que se volvía al texto del programa electoral de UCD en el 79: divorcio por causas

graves y tasadas.»

En el transfondo de este «party» palmesano hay un frufrú de reparto de carteras por cambio de dueño. Un

trajín de ministros que salen y que entran. Ignacio Bayón, Luis Gámir, Luis Ortiz... son nombres que ya

parecen «colocados» en la orla de Leopoldo Calvo-Sotelo. A Oliarte se le «hace» en pasillos ministro de

la Defensa. Y a Bayón, de la Presidencia. Con ironía me comentaba un subsecretario: «Yo soy de la

quinta de Suárez.» «¿...?» «Sí, de ía quinta crisis de Suárez, contando hacia atrás.»

• El Congreso sigue debatiendo en la sala de los Plenos los «papeles» de las distintas ponencias. En la

madrugada aún se discutía la ponencia de estrategia: ¡io que es estrategia! ¿Recuerdan a aquel ministro de

Trabajo de la «cuarta» de Suárez?. Jiménez de Parga, pues bien, él fue quien puso sobre el tapete una

cuestión elemental que «sorprendió muchísimo»; «Estamos aquí debatiendo una estrategia de alianzas. Y

habrá que saber si vamos a hacerlas con nuestros partidos afines en «modelo de sociedad» (Convergencia,

PNV...) o con nuestros afines en «modelo de Estado» (PSOE, CD...), porque cambia mucho la cosa.»

¡Hete ahí!

Termino mi crónica sin resultados porque no los hay, con jeremíaco lamento: En Palma, la UCD, ¡oh gran

vasallo si hubiera buen señor!, prefiere tener la mano en la oreja del César (¡del César que sea!), antes que

en el apero de labor. Si se enzarza en bizantinismos de codicia de poder: politiquea, sin entrar en la

verdadera política, sin arremangarse con ganas y serenidad en la faena noble de trazar un camino de

soluciones. UCD se ha encerrado en la caracola de Palma, oyendo los ecos de su propio griterío. Sorda,

de espaldas a la vida, que pasa por la calle de afuera. Temo que ése sea su mal. Y que ese mal ya sea

irremediable.—Pilar URBANO.

 

< Volver