Autor: Dávila, Carlos. 
 II Congreso Nacional de UCD. El partido tendrá que colgarse de un Gobierno que le transmita sus impulsos. 
 La unidad de UCD es más una aspiración que una realidad     
 
 ABC.    10/02/1981.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

MARTES 10-2-81

NACIONAL

ABC/7

-II Congreso Nacional de UCD-

El partido tendrá que colgarse de un Gobierno que le transmita sus impulsos

La unidad de UCD es más una aspiración pe una realidad

MADRID (Carlos Dávlla). La solución a un roto. Este es e! lema que cuadra con más exactitud a un

partido como UCD, que ha salido de Palma de Mallorca descompuesto, semiquebrado y cosido con

alfileres de papel. El mensaje de la unidad, reiterado con buscada Insistencia por el presidente Rodríguez

Sahagún, es más una aspiración que una realidad mínimamente sostenible. Hoy más que nunca, UCD se

ha reconstruido sobre el lenguaje da ta transacción, sobre el fondo movedizo y cambiante del Interés.

UCD na fracasado en su afán —absolutamente incógnito en este Congreso— de ofrecer a su electorado

una confianza de la que el partido carece. Las ponencias, la mayoría de calidad ínfima, han sido

aprobadas entre la Indiferencia general de unos compromisarios, atónitos por lo que se urdía a sus

espaldas, y dormidos por tas veladas de sopor en el incómodo auditorio palmesano.

Quizá la única esperanza proceda del nuevo líder, de un político, por primera vez confiado en sus propias

fuerzas, que ofreció en la presentación de su candidatura un discurso modélico de forma y tono,

inequívocamente conservador ,que trató, sin embargo, de evitar referencias derechizantes y, al tiempo, se

ocupó de denunciar veleidades izquierdistas. «Este es un partido de centro», vino a decir Lavilla, «porque

busca la modernidad, quiera la regeneración democrática, insiste en la acción social, tiene amor a la

libertad y se encarna en las virtudes del humanismo-. Era, como se ve, el único intento dialéctico serio de

reagrupar a las tendencias originales, las familias centrípetas que compusieron el partido. Rodríguez

Sahagún también anunció su voluntad centrista, pero no supo explicarla. Su frase «Ser de centro es ser

español» es parcamente definitoria.

Y es que los discursos de los dos candidatos, pronunciados en un ambiente de tensa expectación, fueron

diametralmente opuestos. Sahagún había preparado un alegato escrito, que tuvo que guardar para mejor

ocasión, ante la exhibición oratoria de su oponente. El ministro de Defensa a nadie convenció, ni siquiera

a los puntos de la «claque» distribuidos por la sala, que sólo pudieron mostrar su entusiasmo cuando

Sahagún, en pleno festival mitinero, dibujó una mención geográfica, que aplaudieron, además, los

delegados coruñeses (por Finisterre) y tos gaditanos (por Tarifa). Eso fue todo. Al final, Osear Alzaga

decía: «Ha sido la diferencia entre Dios y un gallego», y un oficialista converso por su apego

indisimulado al Poder aseguraba: «El presidente no es Castelar.»

Pero con ser importante el análisis de los dos discursos que cerraron la larga noche electoral, el gran tono

del Congreso lo ha dado el abandono de Suárez. No me refiero a su dimisión, sino a su actitud displicente

hacia la asamblea máxima de su partido. Suárez sólo apareció por el Congreso en dos ocasiones: una, para

leer el discurso en el que no explicó las razones de su marcha —y a ello estaba obligado—; la otra, para

oír con complacencia y timidez entrecortada cómo Sahagún, ya nuevo presidente, le proponía como

presidente honorario. El resto de los días los pasó Adolfo Suárez en un retirado hotel mallorquín, colgado

literalmente del teléfono. Desde su habitación, crispado y tenso, dirigía con firmeza las negociaciones que

cumplían sus fieles Abril, duro y amenazante como nunca, y Rafael Arias, convertido desgraciadamente

en un paladín de la intolerancia. La ausencia de Suárez fue una falta triste que la asamblea quiso

perdonar.

DERROTA Y CICATERÍAS

Ha habido más carencias. Casi todos los líderes han pasado inadvertidos. El Congreso

ha sido más charla de rebotica y chalaneo que debate abierto y democrático. Miguel Herrera fue

conscientemente borrado de la polémica por tos gestores del movimiento crítico. Ahora, dentro de un

mes, tendrá que revalidar su cargo de portavoz parlamentario por la desfortuna de un artículo, metido de

rondón en los Estatutos, que hace inevitable ta nueva elección. Alvarez de Miranda ha caído definiti-

vamente; no ha podido obtener un puesto en tos órganos de poder del partido. Fontán/silencioso, quedó

descolgado en las votaciones de la Ejecutiva. Los ministros no han dicho una sola palabra. Martín Villa,

el más flexible negociador, ha situado a cuatro de sus hombres en la cúspide. Los demás, nada; sólo Pío

Cabanillas ha luchado por mantener la educación en un ponencia de Estatutos.

Ha sido también esta reunión palmesana la apoteosis de la cicatería política. El «aparato» centrista ha

pretendido machacar a los resistentes. La maniobra ha resultado estéril. El trío Abril, Arias-Salgado y

Rafael Calvo no ha querido añadir un ápice a su oferta inicial a los críticos, y asi, los siete puestos que

éstos han podido conseguir en el Comité ejecutivo, no reflejan exactamente la rigurosa proporción de

fuerzas. Abril negó cualquier valor a la primera votación congresual en la que el aspirante a dirigir la

Mesa, Emilio Attard, superó la barrera de los 700 votos. En el Consejo Político, el movimiento opositor

ha obtenido un 38 por 100; en el Ejecutivo, un 18 por 100 imposible da superar porque el sistema ideado

por Rafael Anas-Salgado, complejo y casi ininteligible, favorecía, naturalmente, la estabilización de la

minoría

Ha habido en este Congreso, y por encima de la anécdota menuda, casi siempre favorecida por la

incomodidad ambiental, algunas actitudes denunciables y democráticamente´ intolerables. Por el auditorio

se han paseado al final casi una veintena de gobernadores civiles en activo, tocados con la escarapela,

absolutamente inapropiada, de «organización», Ha habido maniobras subterráneas de ministros,

irrespetuosos con la libertad de los delegados de su provincia. Ha habido prácticas de arrabal político y ha

habido, sobre todo, intención expresa de dejar fuera de concurso a los hombres más válidos de UCD.

Entre los derrotados hay que citar, en primer término, a Francisco Fernández Ordóñez. Sus recientes

actuaciones políticas han disminuido notablemente su capital, hasta el punto de que nunca hubiera sido

elegido con un sistema proporcional. Ordóñez, el último de su lista, estaba al final del Congreso irritado,

nervioso e injusto con Landelino Lavilla: «Ha hecho un discurso absolutamente reaccionario.» Y esto no

fue verdad. Ninguno de los mensajes det líder democristiano puede ser adjetivado así. Ordóñez justificará

su insuficiente popularidad, su nula incidencia en el Congreso, con la coartada —servida en bandeja por

el aparato oficialista— de la derechización. Pero en el Congreso de Mallorca no ha habido derechización,

porque ni siquiera ha existido ideología.

Calvo-Sotelo es, en estas condiciones de indigencia política, ía percha política de UCD. Una vez más, el

partido tendrá que colgarse, para sobrevivir, de un Gobierno que le transmita sus impulsos. Queda —al

margen de la confirmación del candidato a la presidencia del Gabinete y de la formación def nuevo

equipo— por conocer cuál será el sesgo que tomará el debate parlamentario de la ley del

Divorcio

Los críticos no han querido dar la ultima batalla. Rodríguez Sahagún ha defraudado a sus propios

votantes. ¿Qué resta? Sólo la fe en la gestión eficaz de Calvo-Sotelo y un voto condicionado de confianza

para el nuevo presidente del partido,

PUNTUAUZACION DE FERNANDEZ ORDÓÑEZ

Don Francisco Fernández Ordóñez nos. ruega hagamos la puntualización que el calificativo de

«reaccionario» no se refería ai entero discurso de don Landelino. La villa, sino a una frase concreta del

mismo, al tiempo que nos reitera su amistad hacia el presidente del Congreso.

 

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