Autor: Pascual, Julio. 
   El papel político de los liberales     
 
 Diario 16.    11/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

11-junio-81/Diario16

JULIO PASCUAL •

Miembro de la directiva del Club Liberal

El papel político de los liberales

«El centrismo político es una de las características de los países avanzados, en los que dos tercios del

electorado se decanta hacia el centro, repartiendo sus preferencias, mitad por mitad, aproximadamente,

entre el centro-derecha y el centro-izquierda.»

También es característico de estos países que quienes deciden las mayorías parlamentarias son los

votantes del centro justo con sus trasvases, que suelen producirse a última hora, y más en función de sus

deseos de cambio que de otras consideraciones. Por ello, las ofertas electorales en estos países suelen ser

pocas y amplias, y con escaso contenido ideológico.

La crisis ha venido a matizar esta realidad, en el sentido de que los electores del fiel de la balanza han

puesto de manifiesto su rechazo al pragmatismo puro, el gran riesgo de los políticos centristas de uno y

otro signo. Los triunfos de Thatcher en Inglaterra, de Reagan en Estados Unidos y de Mitterrand en

Francia expresan con fuerza este hecho, antes que cualquier otro.

El irenismo

Porque el centrismo político, que es un benéfico fenómeno estabilizador, encierra un riesgo para quienes

lo ostentan desde el poder: el irenismo, que es el deseó de querer eliminar los conflictos en todos los

planos, pensando que la tolerancia es una relación entre las ideas, cuando es una relación entre los

hombres, o sea, un problema de comportamiento.

Un acompañante frecuente del irenismo es el siniestrismo, que han padecido gobernantes de centro-

derecha como Giscard, :juien a comienzos de su «reinado» suscitaba este comentario de Raymond Aron;

«Giscard confiere más valor a una sbnrisa proveniente de la izquierda que a los aplausos de los burgueses

que votan por él con desgana.»

Las elecciones de 1977 y, más acentuadamente, las de 1979, evidencian que también en España el grueso

del electorado es centrista. Los partidos mayoritarios tienen conciencia de ello y, por eso, las dos prin-

cipales formaciones del centro del espectro han venido acercando sus posiciones, aunque con diferentes

efectos para cada una de ellas.

Mientras que la derechización del PSOE está favoreciéndole en votos potenciales, el siniestrismo irenista

de Suárez ha llevado al descrédito externo y la tensión interna a UCD, cuyas consecuencias electorales

serían visibles si se hubiesen celebrado elecciones a comienzos del año en curso.

Cambiar el rumbo

Calvo-Sotelo da la imagen de ser consciente de esto y de que intenta cambiar el rumbo. Su política ha

sido calificada como derechízación y en alguna medida tiene que serlo, porque necesita neutralizar el

siniestrismo en que hizo caer al Gobierno y a su partido el anterior presidente.

Lo que el presidente del Gobierno necesitará, .cuando decida convocar elecciones, es presentar una oferta

con imagen más ancha y rica en contenidos de la que hoy muestra externamente el partido que le sustenta.

Por la izquierda, necesitará evitar que los votos del fiel de la balanza basculen en su contra, y por la

derecha, hacer retornar a los votos potencialmente fugados a la abstención y a la derecha más

convencional. Esta hipótesis estratégica impone la conformación de un arco electoral de grupos y

personalidades representativos de los diversos segmentos electorales, que en buena parte están en UCD y

en parte están fuera. Quizá se vea obligado a sacudirse algún lastre y, en todo caso, se verá necesitado de

caballos nuevos de refresco.

En este contexto, el papel del liberalismo en España cobra singular interés, tanto en el concreto terreno

político como en el más abstracto de la metapolítica.

Desde un punto de vista electoral, es obvio que ganar unas elecciones en España con una oferta de centro-

derecha obliga a mostrar una nítida y consistente faceta liberal en la misma, que potencie la credibilidad

centrista del conjunto, que va a verse —por razones contrarias— necesitado de ensancharse algo hacia la

derecha.

Pero, con ser importante para el centro-derecha esta presencia electoralmente, no puede importarle menos

contar con ella como factor de equilibrio interno. La merma de confianza en una formación política que

gobierna sin veleidades irenistas suele deberse a su pérdida de equilibrio interno. Y, en el caso español, es

el sector libera] el llamado a hacer posible el equilibrio del centro-derecha, no sólo en términos de imagen

para el éxito electoral, sino como garantía de que el Gobierno resultante no bascule en un sentido u otro.

Batalla de ideas

Desde un punto de vista metapolítico, el papel del liberalismo se ve aún engrandecido. En España, donde

la decantación de las ideas es todavía escasa en los diversos sectores sociales, las fuerzas políticas van a

seguir ejerciendo el liderazgo ideológico durante algún tiempo, y el éxito del centro-derecha a medio

plazo depende de lo que sea capaz de obtener en la dura batalla de las ideas.

Para esta batalla, el centro-derecha tiene que dotarse con un equipaje doctrinal que sólo los liberales

pueden proporcionar y al que los conservadores apenas podrán aportar nada. Porque, como escribió

Hayek, «el conservador generalmente comparte todos los prejuicios y errores de su época, si bien de un

modo moderado y suave», mientras que «los liberales tienen objetivos específicos hacia los cuales desean

marchar..., no preocupándoles cuan lejos y a qué velocidad vamos, sino la buena dirección».

En estas circunstancias, la vocación reformadora del liberalismo, asi como su antidogmatismo en la

búsqueda de soluciones nuevas, son de enorme trascendencia, tanto para la estabilidad política del centro-

derecha, como para el progreso del país sin saltos en el vacío.

 

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