Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Leopoldo     
 
 Diario 16.    08/04/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

Leopoldo

LOS suaristas están molestos por las informaciones de este periódico, referentes al desembarco del ex

presidente Suárez tras sus vacaciones panameñas. Y, sin embargo —al margen de la inequívoca actitud de

Fernando Abril de mantenerse apartado y al margen de conspiraciones— sus más fieles seguidores están

dando sobrados motivos para incentivar las sospechas. Por ahí anda, entre otras, Rafael Arias-Salgado en

activas maniobras, que llegan incluso a las juventudes centristas con la cantinela de una tercera vía de

inspiración progresista.

Suárez, por su parte —que se ha instalado provisionalmente en el despacho particular del secretario de

finanzas de UCD, Blas Camacho, en la madrileña calle de Genova, mientras le preparan el suyo en la

calle de Antonio Maura—, permite que sus hombres más fieles sigan maniobrando tras las bambalinas

para no se sabe muy bien qué, puesto que ahora no hay elecciones ni congresos a la vista. Aparentemente.

¿Y Leopoldo? Pues bien, pero en el partido ya han comenzado a elaborar también su catálogo de errores.

Que dicho sea de paso, son por ahora escasos y minúsculos. Por ejemplo, su maniobra política de llamar

al nuncio del Vaticano, internacionalizando así el problema de la pastoral de los obispos vascos, ha sido

considerado en amplios círculos como desarcetado.

Asimismo, el pasado lunes, en la reunión de la ejecutiva centrista, el presidente Calvo-Sotelo acudió —

llegó tarde y se fue pronto, abrumado por su apabullante agenda de compromisos— ante los dirigentes del

partido a informar sobre sus conversaciones con Felipe González sobre la´ «concertación» autonómica. Y

causó mala impresión en la ejecutiva el hecho de que el presidente se limitara a leerles la nota de prensa,

argumentando que nadie la había publicado completa, aunque la verdad es que no habia más que decir,

porque la segunda reunión con el líder socialista —la más importante— se produciría después. Pero el

mal sabor de boca permaneció en los paladares centristas.

SANTIAGO Carrillo ha expulsado —elegantemente, por otra parte- al periodista Ángel Mullor, redactor

jefe de la revista «Mundo Obrero», de su cargo en el semanario, sugiriéndole un nuevo destino como

gerente en una fundación cultural del PCE. La razón del cese fue, ni más ni menos, que la activa

participación de Mullor en el «pool» informativo que constituyeron todos los periodistas acreditados en el

Congreso de los Diputados para obtener y transcribir las cintas con el informe Oliart sobre el golpe del

23-F, cuya lectura ante el Congreso fue secreta. El argumento utilizado fue que el PCE había acordado

aceptar el secreto de la sesión, y un hombre del partido, aunque fuera periodista, no podía violar tal

decisión.

Hombre, Carrigan, eso no se hace..., parece mentira que un periodista Como tú consienta esto, y no

entienda que, a veces, el informador puede estar por encima del militante. Las represalias contra Mullor

serían muy mal vistas, Santi...

 

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