Autor: ;Barrero, Julia. 
   UCD y la situación política     
 
 Ya.    05/06/1982.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

pág. 12

5-VI-1982

CARTAS A YA-

UCD y la situación política

«En un sistema democrático lo primordial es el programa con el que cada partido se presentaba ante el

electorado, la coherencia en el desarrollo de dicho programa y la comunicación en ambas direcciones

entre el partido y el electorado.

Desgraciadamente, en UCD esto tan elemental y de simple sentido común ha fallado. Se ha gobernado

amparándose en el poder, pero sin tener en cuenta a sus electores, y esto es factible en una dictadura, pero

en una democracia es un suicidio; se han realizado consensos en perjuicio de su electorado, se ha querido

invadir o llevar a la práctica un programa más a su izquierda, han existido unas luchas internas por el

poder entre las diversas tendencias, se han olvidado aspectos familiares y educativos de su programa,

olvidando que en una democracia el poder reside a medio y largo plazo no en las personas que son

importantes, sino en la coherencia en llevar a la práctica los programas y en conectar con el electorado,

que, en definitiva, es el que da el poder emitiendo el voto.

¿Consecuencias? Pasar del primer puesto al tercero en cuanto a fuerza electoral y representación política.

No quiero culpar a sus últimos dirigentes, ya que creo recibieron un partido herido gravemente debido a

incoherencias anteriores. Ante ello, ¿qué opciones seguir? «El centro amplio» pudo ser factible en su

momento, pero ya es tarde y sin posibilidades actualmente; «partido bisagra», creo es muy poco cosa para

UCD; la «mayoría natural» creo es el camino más adecuado de acuerdo con la situación actual. Ello

puede ser bien en un partido único o en una coalición a la portuguesa; creo esto más viable, ya que entre

ambos no existen diferencias profundas de contenido y sí más bien de matices, en la cual, por supuesto,

UCD representaría la coalición más progresista y reformista.

¿Peligros? Se dice que históricamente el bipartidismo en España ha conducido al enfrentamiento

radical. Esto ha sido así, e incluso al implantar el período de transición habría existido ese peligro. Pero

en la realidad actual no lo veo así, ya que sociológicamente existen dos fuerzas mayoritarias: una

representada por el PSOE más bien reformista que no rupturista y otra de centro-derecha por la posible

coalición de esa mayoría natural. El peligro de bipartidismo preocupante se da cuando predominan fuer-

zas poderosas en los extremos, caso que no es el actual español.

Por ello creo que en UCD debe enfocarse el problema con realismo y pensando que las personas deben

estar para servir a sus electores, al partido y al bien común, y no para servirse del poder para las

ambiciones personales. Y pensar que la única forma de presentar una fuerza capaz de competir con el

PSOE es esa coalición de centro-derecha formada por UCD y AP; lo contrario creo sería ir contra la

realidad actual, no conectar con el electorado y convertirse a medio plazo en un partido residual y bisagra

con escaso porvenir. Quien escribe, en su momento era más bien partidario de un centro amplio, pero se

desaprovechó la oportunidad y ahora ya es tarde y sin solución y remedio, ya que no hay que olvidar que

en la democracia se gobierna por el voto de los electores^ los errores se pagan.» Graciliano Sánchez.

Madrid.

«Muchas personas nos preguntamos si UCD será capaz de sobrevivir tras el descalabro que ha sufrido en

las elecciones de Andalucía o, por el contrario, sabrá encontrar fuerzas en la flaqueza y recomponer sus

cuadros y programas antes de las elecciones generales. Muchos medios de comunicación y opiniones no

están precisamente contribuyendo a que los responsables del partido tomen conciencia de la situación.

Los que un día, no tan lejano, dimos nuestro voto a UCD, creíamos en la posibilidad de una opción

política moderada, en la cual se combinaran los postulados de una política social progresista con el

respeto profundo a unas costumbres y a una tradición humanística cristiana. Ahora se acusa a UCD de

haberse derechizado y, como consecuencia de ello, perder votos imparablemente en las elecciones a que

concurre. Como decía antes, los medios de difusión son los principales divulgadores de ese mensaje, que

yo no comparto en absoluto. ¿Acaso UCD, o algunos miembros de UCD, no han propiciado leyes y

actuaciones que no mejoraría el PSOE? Me gustaría que algún periódico analizara con rigor las causas

que han conducido a un partido que fue votado en 1977 por varios millones de españoles a ser ahora el

tercero en el panorama nacional.» Julia Barrero. Madrid.

«Aunque ya me encuentro a la vuelta de la esquina en el decurso de la vida, porque vine a ella a

principios de siglo, no por ello permanezco ajeno a estos aconteceres que pudiéramos denominar con

lenguaje intencional vaivenes de la política. Precisamente esta mañana temprano, antes de salir a la calle e

influirme de pensamientos ajenos y periodísticos, he hecho mentalmente un balance de la vida española

en algún acontecimiento de estos últimos sesenta años.

El día 23 se celebraron elecciones para elegir los parlamentarios del Gobierno autonómico de Andalucía.

No eran las definitivas para conocer el pulso político del país, pero cual aconteció el 12 de abril de 1931,

sin ser experto en el tema, aunque sí repetidamente vapuleado por los vaivenes de la política, resulta que

España se acostó entonces monárquica y el día 14 se levantó republicana, pese a que con el aditamento de

los «burgos podridos» el triunfo de aquellas elecciones no había correspondido por los resultados a la

baza republicana. Fue cuestión de inoperancia y debilidad de los que gobernaban.

Por esta misma razón, los socialistas han sido «condenados» a ganar ayer esas elecciones y están

«apuntados» para ganar las venideras. Su triunfo está garantizado, y como todo el mundo sabe, va a ser la

primera vez en la historia política española que los socialistas, acaso con la colaboración de fracciones

afines a su credo —ahí está patente el gobierno de ayuntamientos y diputaciones—, van a gobernar la

nación en un momento que no es ciertamente de gran oportunidad. Estaban los socialistas muy cómodos

en la oposición y mira por cuánto los problemas que la derecha democrática en el poder no han podido

resolver van a ser endosados a los socialistas.

Me he hecho a la idea de que la llegada de éstos al poder va a generar una alarma en la empresa privada,

porque el socialismo cree más en el sector público.

En otro aspecto, en el militar, tengo mis dudas. De mis cerca de ochenta años, la mitad casi han sido en el

ejercicio de la profesión castrense. Dentro de ella pude comprobar la idea que del Ejército tenían los

republicanos y socialistas. Apenas accedieron al poder en 1931, fueron directamente a por él de variadas

y encubiertas formas, y lo consiguieron.

Ahora, por mucho que quieran dorar la pildora, los partidos de la izquierda política española son

antimilitaristas o tienen sus reservas para todo lo que a temas castrenses se refiera. Si a esto unimos,

además de los sucesos del 23 de febrero, que los republicanos y socialistas en 1939 se encontraron al

regresar del exilio, de la persecución o de la cárcel con aquel Ejército profesional que triunfo en la guerra

civil española, que ha subsistido en el régimen que durante cuarenta años de limitación de libertades

ciudadanas y llegó a instaurar legalmente en el trono de sus antepasados a Su Majestad don Juan Carlos I,

¿qué de particular tendría que en estos vaivenes de la política no nos recordarán los partidos marxistas

que, además de antimilitaristas, sientan nostalgia de aquel 14 de abril de 1931 para estar en la línea de sus

correligionarios antepasados?» Agustín Hernández Porto. Madrid.

«El resultado de las elecciones para el Parlamento Andaluz ha supuesto un importante retroceso para los

partidos políticos UCD, PCE y PSA, pero el más afectado, como es lógico, ha sido el partido en el poder,

contrariedad que no debe parecer a UCD sorpresiva, sino indicativa de su comportamiento un tanto

decepcionante a lo largo del proceso autonómico andaluz.

Ahora bien, los andaluces han sabido ir desbaratando, paso a paso, con firme tesón, los coqueteos

maquiavélicos de los que no conocen, o no quieren conocer la realidad de la región andaluza, una de las

más extensas de España, y también la más rica. Muy antigua además, pues en la Alpujarra granadina, por

citar un lugar de Andalucía, los primeros restos del hombre, según Gerald Brenan, autor del libro «Al sur

de Granada», pertenecen al mesolítico. Esta época, dice dicho escritor, «corresponde a aquel largo y poco

conocido período que siguió a la última glaciación del norte de Europa».

Sí, Andalucía, la de la cultura del Garcel, el Algar (Almería), el vaso campaniforme, primeros vestigios

de urbanismo en nuestra Península: poblado de Millares, y un largo etcétera de historia y prehistoria, esta

cultura, repetimos, ha conseguido poner las cosas en su sitio; por eso, usted, señor Fraga, ha conseguido

esos votos que a no dudar hubieran sido de UCD, de haber tenido dicho partido esa maravillosa intuición

suya, de todo lo que Andalucía representa, no sólo para sí misma, sino para el resto de España.

En fin, ya todo ha pasado; sólo resta desear que el partido ganador, el PSOE, en estrecha y sincera

colaboración con los demás partidos devuelvan a Andalucía su magnífico pasado.» José Victoria del Pino.

Getafe (Madrid).

Anotemos también las cartas que tocan los temas aquí planteados y que firman Vivot Madaría, de

Benidorm (Alicante); José Antonio Dávila García-Miranda, J. del Corral, Herminio Vidal, Rafael Mialdea

y González Pérez, de Madrid, y Domingo Ruiz, de Valencia.

 

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