Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Mallorca     
 
 Diario 16.    06/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

Mallorca

¿POR qué será que la UCD irradia siempre ese leve, pero inequívoco, aroma de improvisación y

nocturnidad que tanto la caracteriza?

La intendencia centrista acusó la precipitación de la segunda convocatoria al congreso, con una

organización deliciosamente desorganizada. Los periodistas y compromisarios agrupados de dos en dos y

hasta de tres en tres en habitaciones de hotel, salvo Luis Apostua, director general de Asuntos

Eclesiásticos, que le tocó compartir un diminuto apartamento veraniego para cuatro compromisarios. O el

ministro de Sanidad, Oliart, instalado en la misma habitación con el liberal Joaquín Satrústegui.

Presa de los nervios, algunos centristas mallorquines han hecho gala de un inexplicable autoritarismo.

Uno de ellos, un tal Montero organizó un pequeño revuelo cuando amenazó al comentarista político de

«ABC», Carlos Dávila —que debidamente acreditado, intentaba franquear la entrada al auditorio donde

se celebra el congreso—, con «llamar a la Policía».

A pesar de todo, las brisas mediterráneas se han llevado gran parte de las madrileñas brumas de la

crispación precongresual. Por el paseo Marítimo de Palma, con un clima primaveral, deambulan

sonrientes compromisarios vestidos de sport. Es el picnic que precede a los torneos.

Los «críticos» prosiguen sus maratónicas reuniones para elaborar su lista, mientras reciben a los

informadores en una improvisada oficina de prensa instalada en cuatro habitaciones de un hotel.

Algunos gallegos lucen en sus solapas botones con la efigie de Suárez, lo que puede anunciar intentos de

un clamoroso «revival». Los socialdemócratas también se reúnen a cenar, aunque Paco Ordóñez —que

habla constantemente de divorcios— sentencia: «La batalla de verdad comenzará el lunes, después del

congreso.»

El presidente de la UCD madrileña, Abel Cádiz, se lamenta en carta a este diario de que le señale como

paradigma de mediocridad política, y niega el haber impedido el reparto de invitaciones entre los

militantes centristas para una conferencia de Landelino Lavilla.

Se extraña Abel de tal afirmación porque dice que no nos conocemos. Pero, hombre, para eso están los

discursos ¿no? Aparte de que la «abelgaditanización» como equivalencia de mediocridad no es algo de mi

cosecha es comentario de amplia circulación entre todos los líderes centristas.

Recuerdo que en una ocasión, hace un par de años, que escribí un comentario sobre Abel Cádiz. A los

pocos días mi mesa recibió una auténtica lluvia de telegramas de militantes centristas madrileños

protestando por la información. Tan sólo comprobé la identidad de dos de ellos: eran falsos ambos tele

gramas.

 

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