Autor: Dávila, Carlos. 
 II Congreso Nacional de UCD. Aunque ha renunciado a presentarse en lista alguna.. 
 Calvo-Sotelo, posible mediador entre "oficialistas" y "críticos"     
 
 ABC.    08/02/1981.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

DOMINGO 8-2-81

NACIONAL

ABC/9

II Congreso Nacional de UCD

Aunque ha renunciado a presentarse en lista alguna Calvo-Sotelo, posible mediador entre «oficialistas» y

«críticos»

PALMA DE MALLORCA (Carlos Dávlla, enviado especial).

Dicen que el peor día de los Congresos políticos es el segundo. De ahora en adelante no me cabrá la

menor duda.

Tendría que renunciar ahora mismo al escribir, siquiera por encima, las mil maniobras, las decenas de

tensiones, las afirmaciones, los desmentidos y las filtraciones, que han protagonizado hoy en Palma esta

clase política de «élite», reunida con el único afán de seguir subsistiendo.

Antes hay que dar tres noticias de urgencia: primera, el Pleno se ha suspendido, entre otras cosas, para

descabezar un urgente sueño; segunda, no hay acuerdo entre los dos sectores para repartirse el poder

centrista, y tercera, y quizá la más importante, Leopoldo Calvo-Sotelo ha renunciado formalmente a

presentarse en lista alguna para el Comité Ejecutivo.

La tercera de estas noticias es el dato positivo que puede abonar la tesis de la no ruptura. Es, en definitiva,

el gesto primero que deseaban contemplar los «críticos» con Landelino Lavilla otra vez al frente, para

apoyar con armas y bagajes a un candidato que así puede ser de todos. Sin embargo, la actitud generosa y

políticamente irreprochable de Calvo-Sotelo no soluciona el problema en profundidad.

Ayer cuando el sector crítico se agolpaba en una reunión tumultuosa los ánimos eran una pura excitación.

Por primera vez, y éste es un dato importante, las bases se rebelaron contra la protesta de sus líderes de

los principales sectores del movimiento contestatario que habían convocado la reunión para, en definitiva,

pedir un protocolario permiso para adoptar una medida de fuerza: renunciar explícitamente a presentar su

alternativa el Comité Ejecutivo, que es centro y meollo de todo el debate. Las bases, que entendieron

escasamente el espíritu de amenaza que encerraba el planteamiento de tal medida, decidieron

pronunciarse por la presencia activa en la lucha.

El fundamento de la medida de fuerza propuesta fundamentalmente por César Alzaga era el ofrecimiento

que ellos juzgaban, vergonzante, de los «oficialistas». No sé si es posible a estas alturas explicar que el

Comité Ejecutivo formado en principio por treinta y cinco miembros será la máxima autoridad realizativa

del partido gubernamental y no sé tampoco si se puede entender que los más duros e intransigentes

políticos del grupo que acaudilla Adolfo Suárez (Abril y Arias Salgado sobre todos) no desean compartir

este poder en forma proporcional con el bando que les ha puesto contra las cuerdas y que, en resumidas

cuentas, ha sido culpable directo de la inexplicada dimisión del presidente.

Si esto se comprende, se puede deducir hasta qué punto es atosigante la lucha. Los «oficialistas» que van

desde Abril y Arias Salgado —detrás de ellos, naturalmente, Suárez— hasta Martín Villa y Fernández

Ordóñez que cuelga una etiqueta desde luego que le viene prestada, no valoran significativamente ni las

casi setecientas firmas de adhesión al manifiesto crítico ni la votación habida el primer día para la Mesa

del Congreso.

Su argumento sena, por otra parte, irreprochable, siempre y cuando se utilicen argumentos democráticos

«normales». Por ellos parece desaconsejable patrocinar una confrontación en toda regla que suponga «el

todos contra todos» y el «sálvese quien pueda»; tal procedimiento es la ruptura. Martín Villa ha sido ayer

el más incansable batallador por la concordia y propició una solución más generosa que venía a adjudicar

al sector contrario diez representantes en el Comité Ejecutivo. Parece incluso que la fórmula tuvo en

principio algún éxito, pero luego fue calificada como «innegociable» por Arias Salgado, Abril y Rafael

Calvo.

CAVO-SOTELO, MEDIADOR.—

El pronóstico más optimista indica una solución de emergencia, en la que tendría especial importancia la

mediación definitiva de Calvo-Sotelo. Porque además ninguno de los dos sectores puede seguir tirando de

la cuerda. Salvo que la quieran romper y anudar otra distinta: es decir, formar otros partidos diferentes a

éste. Pero que se sepa no es propósito confesado de nadie aventurarse por tal sendero. ¿Qué sería de los

democristianos, auténticos protagonistas del criticismo, en un colectivo unitario? ¿Qué sería de otro

partido teñido de un azul descolorido pero aún patente y con la mínima aportación de socialdemócratas

históricos y de independientes de muy dudoso prestigio? Lo más probable es que fueran arrollados en los

próximos comicios por un PSOE pujante.

Lo más probable es que a partir de las nueve de la mañana de hoy exista unanimidad en un solo punto:

firmar una paz de conveniencias e intentar un último consenso.

Si hago caso a las últimas informaciones, no existe la menor posibilidad de que exista un convenio de

última hora entre los dos

• Una reunión entre Suárez y Lavilla podría acercar las posiciones de ambos sectores grupos. Y es que

Suárez ha dicho no, y ha sugerido a sus más fieles el mantenimiento de una postura irreversible. Es

factible, no obstante, que si se celebra la reunión en la «cumbre» entre el aún presidente y Landelino

Lavilla las posiciones puedan acercarse.

Entre los críticos se piensa que el verdadero punto negro del hombre que suscita las iras del aparato del

Poder es Lavilla.

Hoy Landelino Lavilla es el único «barón» que queda por ser absorbido por la maquinaria saturnista del

partido, y por eso vuelve a ser el enemigo a batir. Esto, que es exagerado según creo, es también, y sin

embargo, pensamiento prácticamente unánime en los miembros más fuertes del reducido grupo que ha

ostentado el Poder en el partido.

LA PONENCIA DE ESTRATEGIA, DERROTADA.—

Interesa, en otro orden de cosas, decir que la Ponencia de estrategia política fue ayer derrotada con

estrépito. Ha quedado un texto enunciativo pobre, ambiguo y nada comprometido, que ha sido aceptado

por todos como mal menor. Ya hay quienes recuerdan a este respecto con complejo y con cierta envidia el

ejemplo socialista y pretenden convocar un Congreso de excepción.

El Congreso, además, va a alargarse. Esto parece casi cierto. El propio secretario ejecutivo de

organización, Manuel Núñez, lo anunciaba ayer. Pero la dilación de las sesiones de trabajo tampoco

importa demasiado. Porque aquí, en Palma, estamos casi todos.

Lo demás es que este Congreso, que apenas se ha enterado de cuál será la filosofía del partido aprobada

en las distintas ponencias, entra hoy en su día decisivo. El tercero. Y no pueden ganar todos.

 

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