Autor: Cabellos, Carmelo . 
   Confesión a la gallega     
 
 Diario 16.    02/07/1981.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL PRESIDENTE

Confesión a la gallega

Carmelo Cabellos

Calvo-Sotelo, siempre pausado, deja caer sus palabras, pero nunca en el vacío. Ni los más conspicuos

leopoldólogos esperaban, precisamente ayer, que escogiera como motivo de disertación para inaugurar los

cursos santanderinos de la Menéndez y Pelayo el pensamiento del católico francés Maritain.

Resucitar ahora el pensamiento de un autor galo tan querido del socialista Peces-Barba —cuya tesis

doctoral está basada en la doctrina católica de uno de los inspiradores del Vaticano II-, y que supuso el

relanzamiento de la moderna democracia cristiana, no parece tan casual.

Pero Calvo-Sotelo no habla en vano, aunque lo haga a la gallega. Amante de la cultura, amalgama a

Marías, Laín, Unamuno, Pascual, precisamente por su componente católico, aun al hablar de «La agonía

de el cristianismo» unamuniana.

Esta «confesión» presidencial llega en medio del marasmo centrista, llena de democristianos

descalabrados y de afirmaciones centro-centristas. Es cierto que Calvo-Sotelo tiene derecho a sus

añoranzas juveniles de militante «propagandista» y sus afinidades con la Santa Casa.

No sé si don Leopoldo pretende colocarse a la cabeza de la procesión democristiana. Esto sería en un mal

momento, en pleno desmadre y cuando en las lilas católicas cunde un cierto desaliento por el desmoche al

que se están viendo sometidos por parte de suaristas y «azu les» añorantes del Movimiento Nacional.

No sé, tampoco, si lo de ayer era una meditación de consolación por aquello de la resignación cristiana.

Lo que sí es totalmente cierto que Calvo-Sotelo no se moja así por nada. Dejaría de ser gallego. Y que los

vates y adivinos le escudriñen.

 

< Volver