Los remedios de UCD     
 
 Ya.    08/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

8-VII-1981

Los remedios de UCD

QUE el partido en el Gobierno atraviesa una aguda crisis de identidad, a lo largo de la cual va dejando

jirones de ideología, es algo que sólo se atreven a negar quienes se aferran a su puesto político con tesón

digno de mayores empeños. Que a esta crisis de identidad se ha sumado una lucha por el poder en todos

los frentes del partido, resulta tan evidente que ya no lo niega nadie o casi nadie. Una doble crisis, pues,

de la que UCD puede salir hecha añicos a poco que la oposición, nada agresiva en estos momentos,

empuje.

Las crisis periódicas en los partidos son purgas que purifican de adherencias poco ortodoxas y hacen que

se renueven de vez en cuando sus dirigentes. Pero la crisis es siempre un movimiento interior, un deseo

de perfeccionamiento nacido de las propias raíces del partido. Cuando procede de apetencias de poder, de

juego sucio, de enfrentamientos entre distintas corrientes ideológicas del mismo partido, entonces lo

necesario es aplicar la cirugía de urgencia y cortar por lo sano. Si el pus sale fuera por su propia fuerza,

que es la fuerza de la podredumbre, entonces la descomposición es segura.

AUNQUE se empeñe el aparato del partido en negarlo, la división interna de UCD ha salido ya a la calle

y va a ser muy difícil reducirla al marco de las interioridades. Los llamados juveniles o UCD-83, los

martinvillistas en connivencia con los rosonianos, los suaristas y los socialdemócratas —también

llamados progresistas, aunque-no sabemos por qué— riñen, según cuentan los comentaristas políticos,

batallas implacables con democristianos y liberales. Las asambleas para la elección de las juntas

provinciales se están evidenciando de tal guisa que las supuestas divisiones se acentúan y, lo que es más

grave, están ofreciendo un estilo de lucha que nada tiene que ver con la relación que debe existir entre

miembros de un mismo partido.

Después del congreso de los jóvenes de UCD, con ponencias tan poco consonantes con el programa del

partido, parece que se ha creado un grupo, llamado UCD-83, que ha entrado en liza y está promoviendo el

ascenso a los puestos directivos de lo que pretende ser la base del partido frente a los eternos «barones».

La iniciativa no es mala, pero llega en el peor momento, porque provoca mayor dispersión y una más

fuerte tensión interna. Al mismo tiempo, parece que se practica el «voto de castigo», no sabemos muy

bien por qué, contra hombres que han sido piedras angulares del partido y ocupan todavía hoy puestos de

relieve en el Gobierno. Todo ello en un clima de confusión en el que, según algunos testimonios, se llega

a pagar cuotas de asociados masivamente para que puedan votar —una compra de votos, al parecer— por

una lista determinada.

TODO esto contribuye al desconcierto del electorado y al desánimo de los verdaderos militantes, que

empiezan a hablar de corrupción, de nepotismo y de intentos de eliminación de grupos por el mero hecho

de no coincidir en el planteamiento ideológico de algunos temas. En suma, una guerra a muerte de la que

UCD va a salir malparada, en momentos en que se avecinan consultas electorales como la gallega, en las

que la unidad es condición indispensable para el triunfo.

Malos remedios se están aplicando a un partido enfermo como UCD. No sabemos si el presidente del

Gobierno tiene intención de hacer algo para evitar la catástrofe. Lo que parece inevitable es que sea él el

primero en notar los efectos de este guirigay que, en última instancia, repercute sobre todo el pueblo en

forma de desgobierno.

 

< Volver