Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   El merendero     
 
 Diario 16.    29/06/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

José Luis Gutiérrez

El merendero

TODO iba más o menos bien en el país, más o menos tranquilo políticamente. Y, de repente, una votación

secundaria de ley del Divorcio y todo volvió a ser lo mismo. Los más de treinta diputados centristas que,

amparándose en el voto secreto, votaron con el PSOE, crearon el nuevo foco de desasosiego y tensión en

el merendero centrista que, a su vez, se irradió a todo el país.

Por fin, Adolfo Suárez ya ha saltado al ruedo y sin careta, enfrentándose claramente a Leopoldo. Del

suarismo partió la consigna de voto, como un navajazo en el costado a Calvo-Sotelo. Lo importante para

las elecciones de 1983 es quién hace las listas.

El duque de Suárez pretende copar los puestos claves en las asambleas provinciales centristas, y lo cierto

es que no le va mal. Ha barrido en Cataluña, Levante, en algunas provincias andaluzas, en Las Palmas y

en Euskadi, entre otras.

Por su parte, Leopoldo se apoya en un pacto acordado con esa gran máquina de hacer política que es

Rodolfo Martín Villa, quien se ha convertido en el más encarnizado rival del suarismo. Ambos luchan por

el mismo espacio en una pelea en la que se enfrentan Arlaban (sede de la dirección de UCD en Madrid,

donde están Rodriguez Sahagún y Calvo Ortega, dos hombres de Suárez), frente a la estructura de

gobernadores civiles que controla Rodolfo, a quien tampoco le está yendo nada mal en las provincias.

Todo a costa de democristianos y liberales, que son lo que llevan la peor parte.

Y Agustín? A este buen hombre, trabajador infatigable, le está ocurriendo algo parecido a lo de esa

secuencia cinematográfica en la que un muchacho despistado entra en un baile donde dos bandas rivales

están a punto de enfrentarse y se masca la tragedia, se apaga la luz, y le inflan a tortas sin saber de dónde

le vienen. Inconvenientes de haber heredado un aparato como el centrista.

Agustín ha negado que vaya a pedir un voto de confianza al consejo político centrista, máximo órgano

entre congresos, pero en el partido ya existen planes para su sustitución por Calvo-Sotelo. La hipótesis de

trabajo del congreso extraordinario parece ser que se soslaya, por las complicaciones que tendría el

procedimiento y se estudia otro menos aparatoso: Agustín dimite como presidente, y pasa a ocupar un

puesto de ministro —previamente se realizaría un breve reajuste— o bien, se le destina a una Embajada

importante y de peso, tipo París o Londres.

El pacto de Leopoldo con Rodolfo contempla la posibilidad de que el propio Martín Villa ocupe la

secretaría general de UCD, y a cambio de ello, los «azules» le aportan a Calvo-Sotelo el sostén de sus

huestes en el comité ejecutivo y en el consejo político, que conforman la facción más importante y

numerosa.

Y la operación —según sus partidarios— ha de hacerse urgentemente y sin traumas. No es UCD lo que

está en juego, sino el sistema democrático, simple y llanamente.

Urge la «regeneración» del centrismo que presenta el aspecto de una encarnizada lucha en el seno de

cualquier consejo de administración por controlar la empresa, cuyos productos no se venden y puede ir a

la quiebra. Hay que relanzar la productividad y conseguir nuevamente mercado. Dura pero apasionante

labor para Leopoldo.

GRITOS Y SUSURROS

 

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