Autor: Dávila, Carlos. 
 Aunque descarta la formación de la "mayoría natural". 
 Calvo-Sotelo cree todavía en la oferta electoral del centro     
 
 ABC.    27/05/1982.  Página: 13,27. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

Aunque descarta la formación de la «mayoría natural»

Calvo-Sotelo cree todavía en la oferta electoral del centro

MADRID (Carlos Dávila).

Con una conferencia de Prensa en la que el presidente de UCD, Leopoldo Calvo-Sotelo, planteó una serie

de propósitos sin demasiada concreción e hizo un breve análisis de las causas del fracaso centrista en

Andalucía, ha cerrado el partido gubernamental el primer acto de su «período de reflexión», que comenzó

ayer por la mañana con una larga reunión del Comité Ejecutivo.

La reunión, calificada de «responsabilidad y tranquilidad dentro de la preocupación por los resultados

obtenidos en Andalucía», sirvió para poner de manifiesto la necesidad de seguir manteniendo en España,

en los momentos actuales, un partido de centro.

Los protagonistas de esta reunión fueron, sin duda alguna, tos suaristas. Por la tarde, en el Congreso,

Calvo-Sotelo y Suárez «pasearon» juntos veinte minutos. El ex presidente, no asistió porque formalmente

no es miembro de este Comité, pera los centristas más afectos al proyecto político que él representa

intervinieron con un triple objetivo: insistir en la necesidad de que el partido cuente otra vez activamente

con Suárez, acusar al «aparato» actual de haber derechizado el partido y realizado una pésima campaña

electoral y centrar en alguna de las personas de este Ejecutivo centrista la mayor parte de las culpas del

desastre. Fernando Abril fue, dentro de este grupo, el menos agresivo, pero aseguró que UCD no se puede

permitir el lujo de apostar por una ideología concreta ni admitir independientes en sus listas electorales.

Por el contrario, el diputado catalán Sárraga aseguró que los miembros de los clubes liberales aún en

UCD eran culpables directos de lo sucedido.

En la conferencia de Prensa, Calvo-Sotelo afirmó que «la política es, ante todo, un arte de realidades, y

ateniendo a esas reaüdades deberé comportarme en el futuro». Al mismo tiempo, el presidente del partido

restó importancia a tos aspectos conflictivos de la crisis centrista, aunque empezó por reconocer que UCD

había sufrido -un «grave revés electoral».

Tuvo especial interés el presidente en asegurar que la derrota tenía causas próximas y remotas, en una

clara alusión a las responsabilidades lejanas contraídas en los tiempos que él no ocupaba la dirección del

partido. Cuando se le preguntó directamente si se creía el «líder más indicado para UCD»,

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JUEVES 27-5-82

NACIONAL

Calvo-Sotelo no teme «fugas» del partido centrista

Quiere sostener UCD sobre bases lo más amplias posibles

(Viene del Pag. 13)

el presidente respondió con una afirmación reglamentista que puede sintetizarse así: «Mi nombramiento

lo decidieron los órganos de mi partido y a ellos me debo; están, por tanto, por encima de mi opinión y mi

propia decisión personal.»

No parece, por tanto, que Calvo-Sotelo tenga la menor intención de presentar su dimisión como

presidente de UCD, aunque en diversos momentos de la conferencia de Prensa dijo que él y todos sus

colaboradores habían puesto «sus cargos encima de la mesa».

Quizá, no obstante, en los próximos días se produzcan notables abandonos, motivados más por la

voluntad de los interesados que por interés de algún sector concreto del partido de «cortar —como

aseguraba un secretario ejecutivo— nuestras cabezas».

El secretario de Organización, Pedro López Jiménez, y alguno de los técnicos contratados después de la

designación de Calvo-Sotelo y Cavero es muy probable que dejen sus puestos. El presidente quisiera, sin

embargo, evitar un desmantelamiento del Gobierno y del partido; por eso, y aunque los empresarios

cargan sobre la dirección de la política económica la mayor responsabilidad en las malas relaciones

Gobierno-CEOE, el presidente negó ayer expresamente que vaya a acceder a la sustitución del

vicepresidente García Diez: «No tengo propósito alguno de hacerlo. Con los empresarios, que

evidentemente no han jugado un papel muy favorable a UCD, me reuniré en los próximos días porque no

pueden estar en una posición antagónica con nosotros.»

Según Calvo-Sotelo, que dijo recoger la opinión unánime del Comité Ejecutivo, «UCD tiene que

mantenerse unido como partido hegemónico.» La frase, que tiene en cualquier caso varias

interpretaciones, parece indicar la voluntad de sostener el colectivo centrista sobre bases lo más amplias

posibles para realizar un proyecto político «con vocación mayoritaria».

Al margen de la dificultad que puede tener esta tesis en los actuales momentos de crisis, la decisión de la

Ejecutiva rechaza cualquier iniciativa de convertir a UCD en una coalición y, también, de formar con

Alianza Popular la «mayoría natural» que viene predicando Fraga Iribarne. Sobre la teoría fraguista

afirmó Calvo-Sotelo: «Aun aceptando las tesis iniciales, no creo —más bien sostengo todo lo contrario—

que una hipotética unión de UCD y Alianza Popular diera como resultado la obtención aritmética de más

escaños de los que puedan conseguirse con dos ofertas distintas.» «Además —añadió—, creo que UCD

debe mantener su oferta electoral, porque aún es válida.»

Volvió a insistir el presidente centrista en que debe terminarse la legislatura, «lo cual no significa

agotarla; se trata, simplemente, de no adelantar sustancial mente las elecciones». Este propósito que

Leopoldo Calvo-Sotelo mantiene desde que tomó posesión de las presidencias del Gobierno y del partido

puede tropezar, sin embargo, con el interés de algunas tendencias o familias ideológicas de constituirse,

como tales, al margen de UCD.

Estos días proliferan las reuniones de socialdemócratas, democristianos y liberales, alguno de los cuales

ha planteado ya seriamente la posibilidad de abandonar UCD. Calvo-Sotelo, para responder a una

pregunta sobre esta cuestión, aseguró: «No tengo razones para temer fugas ni de derecha ni de izquierda.

A mi juicio, en esta reunión del Comité Ejecutivo una cosa ha quedado clara: la voluntad de unidad.»

Esta voluntad puede no ser unánime, entre otras cosas, porque en el Comité Ejecutivo de ayer apenas

intervinieron otros miembros que los pertenecientes al factor suarista. Soledad Becerril, sobre cuya

persona centran parte de la culpa muchos de los políticos ligados a Suárez, no quiso ayer hacer, ni

siquiera, una mínima declaración. Tampoco habló el secretario de Organización, Pedro López Jiménez.

El Comité conoció en esta ocasión los informes de Calvo-Sotelo y de Iñigo Cavero, pero no se leyó

documento alguno de la Secretaría de Organización, como sucedió después de las elecciones gallegas.

He señalado al principio de esta crónica que en el análisis de Calvo-Sotelo se hace una breve referencia a

las causas de la derrota andaluza. El presidente piensa que la «izquierda esta vez ha recogido el voto útil»,

que la «derecha ha perdido el miedo a llamarse derecha y ha votado a Alianza Popular» y que «la calidad

de los candidatos no ha tenido ningún peso a la hora de la decisión».

Estos motivos, unidos a factores lejanos que inciden, sobre todo, en las consecuencias funestas de

sucesivas crisis internas y en la gravedad de la rectificación autonómica, no son, de todos modos,

suficientes para explicar el gran fracaso de UCD. Cuando en la primera quincena de junio se reúna el

Consejo Político, las posiciones de todos los grupos van a estar, indudablemente, más dibujadas, y es de

esperar que, entonces, estudiadas las causas y los errores, se presenten las rectificaciones pertinentes y,

sobre todo, se aborden medidas urgentes para intentar ser el partido «mayoritario y hegemónico» que su

presidente desea.

 

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