Autor: Madariaga, Juan G. De. 
   Alguién voló sobre el nido del Centro     
 
 ABC.    27/05/1982.  Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Algo voló sobre el nido del Centro

EN política los gestos, las actitudes y los símbolos enlazan con los sentimientos populares. El lenguaje

democrático incide, cuando es auténtico, en la conciencia de los ciudadanos, acercándolos o alejándolos

de las opciones políticas. En los regímenes paternalistas el lenguaje es, por el contrario, mimético y

familiar, ya que el poder no recaba el concurso del voto, sino la aquiescencia. En una política de raíz

popular, por el contrario, e( lenguaje tiene un poder de penetración inmediata y repercute deforma

decisiva en los procesos electorales.

Por eso en te política democrática los perfiles en contienda han de estar fuertemente definidos, y cuando

se da una marcada indefinición en las distintas ideologías políticas presentes en un momento y se produce

un trasvase de contenidos políticos o de personajes públicos indiscriminadamente de una opción a otra, o

cuando los papeles convencionalmente asignados en sus debidos programas se trastruecan al capricho de

los políticos, los partidos, así desdibujados, dejan de interesar al ciudadano por no lograr transmitir el

núcleo de ideas propuesto.

En política no podemos caer en lo que llamaba Kissinger la ambigüedad constructiva, porque participar

en política en unas elecciones consiste en sentirse identificado con una opción política definida. Lo cual

no reside en una actitud contemplativa, en que el ciudadano queda a la expectativa de unos beneficios

oscuramente organizados en los pasillos del poder, sino que es el resultado de infinitas acciones

solidarias.

Las elecciones andaluzas han producido en la clientela política de UCD una perplejidad no por prevista

menos inquietante. Lo que pudo haber sido, e intentó ser, la retícula de una profunda reforma de nuestras

estructuras políticas, ha ido perdiendo paulatinamente su atractivo entre los electores. UCD estaba urdida

con unas ciertas gotas de racionalidad y otra cierta dosis de oportunismo. El tiempo ha ido decantando

que el oportunismo en política debe, ser un ingrediente mucho más racionado. Ello lo prueba el que de

UCD se fueron desprendiendo, como por obra de una oculta biología, las piezas encastradas del antiguo

régimen (populistas, socialdemócratas) hasta quedar reducido a su mínima expresión - ideológica

demócrata-cristiana.

Por Juan G. DE MADARÍAGA

Se puede uno dirigir al país ofreciendo moderación, o se puede uno dirigir ofreciendo reforma, o, incluso,

las dos cosas a la vez; lo que no se puede es ofrecer tan sólo pasividad y esa pasividad se ha ido

apoderando del cuerpo político de la mayoría parlamentaria hasta dejarla inerte. Si buscásemos la «última

ratio» de este proceso habríamos de remontarnos a su corta historia y comprender que las formaciones

políticas en el proceso inaugural de un nuevo régimen deben poseer una coherencia inmanente.

En los primeros pasos del cambio, no obstante, cualquier cosa estaba justificada por la premura, pero

ahora ya no sirven las sonrisas publicitarias o la práctica de una política impredecible, contradictoria y

sorprendente para levantar ciertos entusiasmos electorales y tampoco es ya viable la coartada de la

bisagra, la búsqueda de la tierra de promisión en (a frontera con la izquierda, la «gauche divine»

moderada.

Todos estos elementos, en su día, se unieron al entramado demócrata-cristiano para formar ese anodino

conglomerado, con alguna virtualidad de convocatoria, que ha sido UCD. Pero en las elecciones an-

daluzas esa virtualidad ha desaparecido o, mejor dicho, se ha esfumado. El pensamiento que representaba

ha perdido compactación y. lo que es más importante, ha perdido su moderado encanto. Ahora se podrán

recomponer, reconstruir, reincorporar figuras, personas y programas, pero en política hay algo peor,

incluso, que estar equivocado, que es pasarse de moda, y hay también algo peor que una política errónea:

el abusar de principios alternativos y muchas veces contrapuestos.

Sobre todos los maleficios que pudiera haber concitado UCD en su azarosa historia política ninguno ha

tenido la contundencia de las elecciones andaluzas. Aquí, hay que decirlo sin ambages, ha aburrido a la

afición. Sobre su aureola y sus alegres pasos en los tiempos de fa transición se ha recogido ahora, como

una cosecha temprana, el fruto poco sazonado de su representación en Andalucía.

Y es triste decirlo, porque detrás de UCD ha habido muchas esperanzas acumuladas y, entre ellas, algo

tan importante como las del propio Estado y como la propia ilusión colectiva de hacer algo constructivo.

Pero la política de las medias palabras, la política elusiva, amedrentada y mortecina de los últimos años

ha hecho que se esfume de su entorno el hálito que durante algún tiempo la mantuvo y que ahora parece

haber volado definitivamente de su nido.

 

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