Autor: Urbano, Pilar. 
   UCD: Regenerarse o morir     
 
 ABC.     Página: 27. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

NACIONAL

A B C / 27

Hilo directo

UCD: Regenerarse o morir

..Regenerar... o romper.» Ese es el dilema. Pulmón de acero... o eutanasia. Para Julián Marías el error

pertinaz de UCD ha sido «intentar contentar a quienes no podía contentar». Me atrevo a matizar: ese afán

de conquista de adhesiones nunca es error, sino legítimo proselitismo, a la orden del día en todos los

partidos de España y del mundo: querer ser más. El error, en mi opinión, fue más bien «descontentar a

quienes debía contentar», porque con un «puedo prometer y prometo» les arrancó los votos para gobernar.

Pero no satisfizo las promesas. Y es muy gráfico el «síntoma» del mal del descontento: en la

archiconservadora Granada, de los ochenta y tres mil votos perdidos por UCD, cuarenta y tantos mil se

han ido con la izquierda socialista y treinta y tantos mil con la derecha fraguista. Lo que ayer me decía

Pío Cabanillas: «Hemos perdido la opción.»

En Andalucía, ¿se ha dicho «no» a! centro? ¿O se ha dicho «no» a este centro, que un diputado, granadino

precisamente, Arturo Moya, ya definió hace dos años ante el Consejo Político de UCD como «partido de

desmoralizados, insolidarios y pesimistas..., que debe pasar a ser partido alegre, fluido, beligerante,

vitalista...»? Rotundamente, creo que en España —y hoy, cara a la Historia y ante el presente, más que

nunca— el centro, el que sea, es perentoriamente necesario. Como Abril Martorell, a quien flagelé

injustamente en un reciente «desayuno del Ritz», nos dijo con acierto: «Y si UCD se rompe... ¡haremos

otra!, porque el centro hace falta.» Es la tesis Calvo-Sotelo, es la tesis Lavilla, es la tesis Suárez... Tesis

de no despiezar ni atomizar el centro. Tesis de no dividir España en izquierdas y derechas.

Ayer escribía para ustedes sobre la búsqueda de un «estilo de vida... modernidad... brío joven...

optimismo primaveral», como urgencia eminente de la UCD para comparecer con éxito en las urnas de

otoño. Más aún: para no fallecer. Y no es casual que socialistas y fraguistas hayan vendido esta, exacta-

mente esta, mercancía en Galicia y en Andalucía: modernidad y esperanza. Sin más programa ni más

ideología.

¿Qué sucede en UCD? De verdad, de fondo, y so capa de una exasperante dialéctica entre «rupturistas y

«continuistas» y «regeneracionistas», sucede lo de siempre: guerras frías de taifas, rencillas por ocupar las

plataformas de influencia y tas sillas ministeriales. Así de simple. Y así de descarado. En cuanto estás

cinco minutos con uno u otro «cabecilla» («cabecilla» de tres, de media docena y... ¡pare usted de contar!)

te dicen que «los sanedritas deben dar et paso magnánimo a tos de la nueva generación», que «los budas y

barones "old style" se deben retirar de las candilejas, sin abandonar el escenario..., pero dejando el primer

plano a los jóvenes». ¿Qué quieren? «Pues sí, sin sonrojo te lo digo: un Gobierno y una cúpula de partido

regidos por "penenes", caras nuevas, talantes juveniles, progresismo, modernidad.» Modernidad es, ahora

el talismán acariciado. Son crudamente sinceros: «O regeneramos... o nos vamos.»

Javier Tusell recordaba ayer un comentario de Cela: «España necesita estadistas que sean un cruce entre

Pericles y Abraham Lincoln.» Un ambicioso «retrato robot». Pies en el suelo: con otros bueyes hay que

arar. Pero... entre un Pericles o un Lincoln y... un Alzaga, un Moya, un Camuñas, un De Grandes... ¡hay

mucho trecho! Ni cirujanos de hierro... ni penenes. España vale mucho.

Las opciones «reales» de recambio en el liderazgo, don Landelino y don Adolfo, no mueven un dedo por

entrar en las «pequeñas peleas». Apuestan por la «P» mayúscula de política de Estado. Y quieren ser

llamados, entrados en andas, apelados por aclamación. Oigan este retazo de conversación:

Rodolfo Martín Villa: «Adolfo, tienes que volver, tienes que incorporarte, corregir la imagen de que te

has desentendido y te has marchado...»

Adolfo Suárez: «Yo estoy donde tengo que estar. Yo ya hice lo que tenía que hacer... Ahora, a lo mejor,

eres tú el que te tienes que marchar.»

Suárez, ciertamente, ha descubierto la vida «fuera de la colmena»: su despacho, sus negocios boyantes, su

familia, sus deportes, aprender a esquiar, leer, reírse... No quiere meterse en el avispero verdinaranja.

Pero, ¡amigo!, tiene el virus de la política, con «P», como el drogadicto la heroína, en la masa de la

sangre. Y «está donde tiene que estar...», pero volverá. Ya lo verán.

En la «cumbre» monclovita del lunes (Leopoldo-Adolfo-Landelino) el gran tema fue «¿bajo qué bandera

nos presentamos?»

Lo socialdemócrata de Moya y Gamir, lo liberal de López Jiménez y Camuñas, lo democristiano de

Alzaga y Ortega Díaz-Ambrona, incluso lo suarista de Abril y Arias-Salgado... visto al microscopio es

poco, apenas unos hilos..., pero son la fibra de la «bandera».

Y ahí están. Pero quieren pasar del cenáculo disidente a las mesas de dirección. Quizá sea el momento de

aplicar la cerilla a la mecha de los «santones incombustibles», porque la UCD del 82 no puede ofrecer la

imagen de viejo daguerrotipo de «los siete magníficos... supervivientes». O quizá sea la hora de auscultar

en serio los palpitos del paisanaje votante, y «regenerar», sí, pero no los hombres, ni las ideologías, ni los

mandos, sino «la oferta de calidad y estilo de vida». Que eso es lo que, al fin, mueve e! Voto.—

Pilar URBANO.

 

< Volver