Autor: Tarín Iglesias, José. 
   Entre el compromiso histórico y la reconcialiación     
 
   23/05/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

COLABORACIONES

ENTRE EL COMPROMISO HISTÓRICO Y LA RECONCILIACIÓN

AL niño le dejaron en la puerta de un pabellón que olla a formal; entró, solo,

en la estancia salpicada de mesas de piedra, y en ellas estaban depositados

varios cadáveres: debía identificar a uno de ellos. Se detuvo frente al de una

persona espigada, con una herida debajo de 1a tetilla izquierda, herida cubierta

con un esparadrapo. Aquel hombre había sido asesinado treinta horas antes,

arrebatado por los demócratas de su puesto de trabajo y utilizado como rehén y

parapeto. El niño, atónito, abrió cuanto pudo los ojos, se mordió los labios, no

quiso Dorar delante del cadáver de aquel hombre de cuarenta y cuatro años. La

madrugada que lo asesinaron, 9 de diciembre de 1933, ¿I pequeño había cumplido

catorce años.

Aquel hombre muerto era su padre; aquel niño era yo.

¿Cuánto tiempo ha pasado? ¡Qué confortable hubiera sido que en aquellas

circunstancias alguien levantase la voz para hablar de un compromiso histórico

que evitara la ola de violencias y desgobierno, los continuos atentados, las

violaciones de todo tipo, que se daban en un régimen democrático, en el que los

propios defensores de aque! orden lo veneraban cada jornada, imponiendo una

extraña ley de las pistolas! Aquel hombre, yacente sobre la piedra de de la

capital catalana fue de los muy escaginarias listas que no cabrían en la guía

telefónica— que proclamó (a República en Barcelona el 14 de abrí! de 1931,

izando en 9! Ayuntamiento una bandera tricolor traída ocn amorosa ternura de un

centro republica 10 sito en 4a calle Liado; aquel hombre que yacía sobre ta

piedra de un depósito de cadáveres, en el tiempo en que fue asesinado percibía,

por su modesto trabajo, unos honorarios oue se elevaban a la cifra de 265

pesetas mensuales.

Nadie hablaba entonces de ceremonias históricoi), de una «tercera vía»

que acabara con las violencias. Cierto es que comenzaba a dibujarse sobre Europa

un ciclo basado en un totalitarismo atrepellante, marcado por el fascismo

mussoliniano, que tenia su paralelo en las concentraciones de ios «escamota» en

Montjuich. El «golpismo» nazi alcanzaría su plagio el próximo 6 de octubre,

cuando se insurreccionaron contra el Gobierno constituido de acuerdo con la

ortodoxia democrática vigente. El compromiso histórico de aquellas fechas, ¿era

la ley de la selva?

Con aquel trauma y sucesivas experiencias restaban pocas opciones. Había una

juventud, escasa, reducida, que ofrecía inalcanzables objetivos. ¿También

fascistas? Quizá, pero desde luego mucho menos que los que organizaban desfiles

en el parque de Montjuich, o se negaban a acatar al Poder constituido, o

asesinaban a trabajadores. ¡Buena hora, Dios, para un compromiso histórico!

Porque luego vino lo que vino. Mis catorce años quedaron atrás. La primera

detención, e! 26 de julio de 1936, domingo, en ta cárcel improvisada en el

cabaret Bataclan, regido por las Patrullas de Control. A la salida, mi casi

hermano Joaquín Tamborero Cebrián hizo un vaticinio:

Muchos moriremos. Pero es necesario seguir ceso queda resumida en e) acta de ia

sentencia, dictada, definitivamente, eí 16 de julio de 1938: Dice así: «En

cuanto a Manuel Tarín Iglesias debe tener en cuenta la inexperiencia aet mismo

en atención a su edad, ya que sólo cuenta (año 1938) dieciocho años, hecho que

palia la gravedad del delito.» Y más adelante sigue: «Asimismo debemos revocar y

revocamos la expresada sentencia en cuanto por la misma se condenó a !a pena de

muerte a Manuel Tarin

condenamos a la pena de treinta años de internamiento en campos de trabajo, con

Jas accesorias de privación de derechos políticos durante el tiempo de la

condena, siéndole, de abono, la totalidad de la prisión preventiva sufrida.»

Años, muchos años y mucho confusionismo, decepciones, sorpresas, equívocos;

cierto. Podríamos pasar horas hablando de errores, justificando errores y no

encontrando justificación a los errores. Todo es factible. Mas mi tema es la

reconciliación que aguardo esperanzado. Pero, ¿a qué nivel? Porque una cosa es,

parece, la reconciliación, y otra, un supuesto compromiso histórico, una tercera

vía que presenta todas las características de un nuevo fascismo excJuyente. Ei

compromiso histórico, ¿quién lo puede hacer?

Supongo que, también, están incapacitados para proponerlo los viejos resabiados

de diciembre del año 1933 que tenían por ley sus pistolas; o los que sustentaban

criterios de insubordinación en octubre de 1934, u organizaban los tribunales

populares —conocidos por «photomaton— entre 1936 y 1939.

Supongo que estos hombres que tuvieron en sus manos la posibilidad del

compromiso histórico en aquellos años y no lo practicaron no pueden asumir,

ahora, esta mágica formula y actuar como gendarmes

que algunos pretendan acogerse a ella como a un clavo ardiendo. Decía Luis María

Anson, muy recientemente, desde estas mismas columnas: «Otros tienen preparados

sus botafumeiros para derramar ei incienso generoso en favor de les nuevos

dioses biancos o rojos.» Alla ellos. Me parece muy conveniente la

reconciliación; hay quien lleva mucho tiempo intentando practicarla; pero una

reconciliación sin nuevos dioses blancos o rojos: en todo caso, con el arco

iris.

 

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