Autor: Corbalán, Paco. 
 El libro de José Vila- SanJuan. 
 García Lorca: Una tragedia al amanecer     
 
 Informaciones.    08/05/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL LIBRO DE JOSÉ LUIS ViLA-SANJUAN

GARCÍA LORCA: UNA TRAGEDIA AL AMANECER

Por Pablo CORBALAN

POR fm, el libro sobre el asesinato de Federico García Larca (1). Libro esperado

por escrito y editado en España. Desde la desaparición del poeta granadino han

transcurrido exactamente treinta y nueve años. Se cumplirán, sin que nadie pueda

impedirlo, en la madrugada —¡ay las madrugadas de 1936!— del día 20 de agosto

próximo.

Para la mayoría de los lectores será ese libro una revelación total, y hasta es

posible una sorpresa relampagueante, de fogonazo. Para otros, los menos —los que

llegaron a tener aceeso a las trastiendas libreras—, no lo será tanto. Quiero

decir que sólo lo será relativamente; por ciertos pasajes por ciertos datos

hasta ahora inéditos. por ciertos nombres que quedan en mitad de la calle, por

ciertas insinuaciones o apuntamientos. A veces hay que apuntar sin disparar. Es

un decir. De todos modos, era, ha venido a ser.

Un libro necesario, imprescindible. Había que escribirlo y publicarlo aquí. A

todos, tirios y troyanos, combatientes que fueron y jóvenes que. por fortuna

suya, no llegaron a conocer la pólvora del enfrentamiento. ha de hacerles bien.

Puede que les haga reflexionar, y no sin amargura, sobre lo pasado y lo

porvenir. Pienso que aporta un poco de agua jordánica. No siempre debe

rechazarse el cáliz de la hiél.

España, no apartes de mí este cáliz. Resultará también útil como aportación a la

agonía --la trágica biografía de sus últimas horas— de un gran poeta y a la

historia, todavía incompleta, fragmentada, astillada de la más tremenda

conflagración civil sufrida por los españoles.

ALGUIEN NO HABLA

José Luis Vila-Sanjuán, su autor, lamenta, en las primeras página», el silencio

que durante tantos años fue impuesto al sangriento suceso que motiva su libro. A

todas las guerras civiles sigue siempre un terrible silencio. Vila-Sanjuán no ha

escatimado esfuerzos para llegar al final de su investigación. Ha removido

archivos; ha hablado con todas las personas que han querido hablar y que de

manera más o menos próxima vivieron los primeros días de la guerra en Granada;

ha consultado, claro está, los libros que sobre la muerte violenta de Lorca

habían aparecido antes que el suyo. Su trabajo hubiera sido imposible sin estas

aportaciones. Ha contrallado recuerdos y memorias hasta lograr la mayor

iluminación posible sobre los hechos. En ocasiones llega hasta el fondo más

repulsivo de las heces. Pero no se detiene a remover en ellas. Se limita a dejar

constancia de su pestilente recuerdo. Su tarea es anotar todo cuanto creyó

necesario para su documentación. Cuando cree pisar terreno blando, arenas

movedizas, echa mano de apoyaturas imprescindibles. Otras veces, por razones de

seguridad —o de insegurida´d— se prové de salvoconductos y redes precavidas. La

honestidad del historiador no le obliga a prescindir de la prudencia.

Los libro* de Gerald Brenan —en él, por vez primera, la pista de Víznar, el

lugar de la muerte— de Claude Couffon, de Jean-Louis Schonberg, de Marcelle

Auclaír y de lan Gibson —acabo de aludirles— le sirvieron de plataforma de

despegue, pero no sin tamizarlos críticamente y señalar sus errores, deslices y

lapsus explicables por causas diversas o rechazando, a base de mejores pruebas,

apreciaciones demasiado personales y hasta interpretaciones gratuitas y

fantasiosas. Por ejemplo, la tesis liricomalditista de Schonberg sobre los

motivos que desencadenaron el asesinato del poeta. Uno toma el libro de Vila

Sanjuán no sin ciertas reservas. Pero hay que confesar que su lectura llega a

anularlas, a eliminarlas por lo que se refiere a su contenido específico y

fundamental. Lo que en este documento se echa de menos, por lo menos lo que más

se echa de menos, es sólo la declaración de un hombre: el testimonio de la única

persona que ha decidido 110 decir ni una sola palabra. Marcelle Auclair no pudo

tampoco obtener su declaración. Cibson sólo logró sacarle unas cuantas evasivas.

A Vila-Sanjuán, cuando le requirió, lo envió a su abogado. Esto no puede

estimarse, de ninguna manera, falta o neglimgencia de] autor del libro.

(1) «García Lorca, asesinado: toda la verdad». Premio Espejo. Editorial Planeta.

Barcelona, 1915. 299 págs. Con gran cantidad de ilustraciones.

AQUELLA MADRUGADA

La historia que Vila-SanJuán nos refiere en todos sus detalles, con todas sus

incidencias, desviaciones e implicaciones más o menos directas, comienza el 4 de

agosto de 1936, en la Huerta de San Vicente. Es la casa de campo de los Lorca,

donde, desde su llegada de Madrid, se encuentra Federico. Ante el temor de que

le detengan, pasará a ocultarse en el domicilio de su amigo de siempre, el poeta

Luis Rosales. Este y su familia habían aceptado con gusto acogerle. Incluso le

habían invitado a refugiarse entre ellos. Los hermanos de Luis, que ejercen gran

autoridad en aquellos momentos de frenética tensión, responden de la seguridad

de García Lorca. Pero en la tarde del día 16, un grupo de hombres armados, bajo

el mando de un diputado de la C.E.D.A., Ramón Ruiz Alonso, va en su busca. Saben

donde hallarle. De nada sirven las protestas de doña Esperanza, madre de Luis,

única persona que, con Federico, se encuentra en la casa.

Tampoco atienden las de Miguel Rosales, a quien la señora ha mandado llamar.

Luis está en el frente desde hace varios días. Federico es conducido al Gobierno

Civil, donde queda detenido. Y de allí será sacado, secretamente, para ir a

morir, en la madrugada del 20, a las afueras de Víznar. Con él cayeron, de

espaldas a los fusiles y con las manos atadas, un maestro de escuela, su nijo y

dos jóvenes banderilleros.

En la misma noche del 16, en sus esfuerzos por salvarle, José y Luis Rosales

hacían sostenido un violento altercado con Ruiz Alonso y el comandante Valdés,

gobernador civil de Granada. José llegó a ponerle a éste en la sien el cañón de

su pistola. A la mañana siguiente, de nuevo ante Valdés. «¿Qué pasa con

Federico?, pregunta José Rosales. Y el comandante responde: «García Lorca debe

estar ya fusilado. Se lo llevaron a Víznar esta madrugada.» Pero no es cierto;

sólo se trataba de ocultar al prisionero y dar tiempo para ciertas consultas,

antes de que la columna del general Várela llegara a Granada. El asesinato

ocurriría más de setenta y dos horas después.

UNA PERSONA MÁGICA

Estos son los hechos centrales, el tremendo núcleo del libro. Pero no todo se

ciñe a esto sumario en él.

Hay antecedentes y consecuentes. Vila-Sanjuán examina unos y otros. Acumula

notas y confidencias y reconstruye el ambiente de aquellos días, las prácticas

represivas del momento, anécdotas que enfrían el entendimiento. Finalmente,

plantea unas conclusiones personales que casi resultan innecesarias, pues el

lector ha podido ya extraer las suyas propias. Otros añadidos pueden ser ciertos

injertos literarios, adornos, que si nada restan al libro en lo fundamental

tampoco le suman ninguna sustancia. Lo que en él importa es otra cosa. Y yo le

hubiera agregado, en el apartado que lleva el título de «¿Quién era Federico

García Lorca, airónos textos me retratan al poeta en toda su excepcional

dimensión ce encuentran al alcance de cualquiera. Por ejemplo, estas palabras

escritas por Vicente Aleixandre: «No hay quien pueda definirle.- Era tierno como

una concha de la playa. Inocente en su tremenda risa morena, como un árbol

furioso. Ardiente en sus deseos, como ser nacido para la libertad.» O estas

otras de Dámaso Alonso: «Tú tenías como ninguno la risa alegre, la gracia

gennina que a todos impregna y hace desarrugar el ceño más plegado; la sal de

España se había concentrado en ti, apurada y avivada a lo largo de lentísimas

eras.»

O estas de Pablo Neruda: «Era un relámpago físico, una energía en continua

rapidez, una alegría, un resplandor, una ternura completamente sobrehumana. Su

persona era mágica y morena, y traía la felicidad.» Jorge Guillen otro de sus

amigos, escribe así: «Federico nos ponía en contacto con la creación... y aquel

hombre era ante todo manantial, arranque fresquísimo de manantial, una

transparencia de origen entre los orígenes del universo, tan recién creado y tan

antigua» No cabe mayor coincidencia.

Este fue el ser que murió hace treinta y nueve años. Y ante todas esa» palabras

trascritas, ante esa confluencia de excepcionalidad vital, ¿qué puede importarle

ya a nadie el triste destino ceniciento de sos matadores? Ni siquiera sus

nombres.

8 de mayo de 1975

 

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