Autor: Osorio García, Alfonso. 
 Tomas de posición.. 
 Mis conclusiones     
 
 Diario 16.    30/05/1982.  Página: 27. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

DOMINGO 30-5-82

ABC 27

COMPRENDO que el que alguien haga, a veces, uso de la memoria puede ser fastidioso para los demás;

sobre todo si los demás son políticos. Pero si se quiere —y yo quiero— mantenerla en forma no hay

más remedio que ejercitarla.

Viene esto a cuento porque, allá por el mes de junio del pasado año de 1981, elogiando la seriedad

política de Calvo-Sotelo manifesté a un periódico madrileño que «como creo que Calvo-Sotelo es

inteligente hará todo lo posible para ganar las elecciones», y como «con !a actual estructura de UCD las

tiene perdidas» «necesita un ticket» electoral amplio donde esté la UCD con alguna exclusión, que ella

misma debe decidir, otras personalidades que tengan capacidad de convocatoria, pero que hoy se

encuentran en la abstención, (a indiferencia o el mal humor y, por supuesto, Coalición Democrática», y

añadí, con frase que el periódico convirtió en titulares, que «si Calvo-Sotelo fracasase, el triunfo de Felipe

González sería arrollador».

Un año después, el arrollamiento, al menos en Andalucía, ya se ha producido, y mientras los arrollados

discuten sobre las causas y el alcance de la derrota, quien no cree tener un don de profecía, sino un poco

de sentido común, saca sus propias conclusiones.

Mis conclusiones

La primera es que Santiago Carrillo ofreció a los electores andaluces el «slogan» publicitario más eficaz.

En mítines y en carteles afirmó, hasta la saciedad, que «juntos podemos» y los hombres y las mujeres de

la izquierda le han hecho caso, aunque no en la forma que él quería, sino votando masivamente al Partido

Socialista.

La segunda es que el derrumbamiento de UCD no se ha producido por derechizarse, como dicen los

pontífices del progreso centrista, sino por no derechizarse suficientemente, y los números recientes

cantan: si UCD hubiese sido en Andalucía un partido de centro derecha de verdad, tendría a estas horas

sumado a su 13,1 por 100 que se ha ido a votar a Alianza Popular y alcanzado, por lo tanto y por lo

menos, el 26,7 por 100 del electorado. Como si alguien quisiera confirmarme en esta afirmación, ayer

mismo, se daba a la publicidad restringida de los confidenciales un análisis objetivo sobre el futuro de

UCD como plataforma electoral, y en el mismo se aclaraba que «del total de votos perdidos» desde el 1

de marzo de 1979 por el partido centrista, el 62,5 por 100 se han dirigido hacia la derecha, el 10,1 por 100

hacia la izquierda y e! 27,4 por 100 indecisos o proclives a la abstención.

Por Alfonso OSORIO

La tercera es que a la hora de enjuiciar lo que debe hacer UCD en el futuro, las posiciones progresistas de

algunos de sus dirigentes coinciden, supongo que por casualidad, con las tesis comunistas. A las pruebas

me remito: Santiago Carrillo cree que «se necesita un centro progresista para evitar la radicalización

defecha-izquierda» y Enrique Curie! opina que «Adolfo Suárez es el líder más adecuado para un centro

progresista, que es la única garantía para frenar a la gran derecha».

La cuarta es que, como Enrique Tierno afirmó hace algún tiempo, con visión europea del Estado, «no

conseguiremos el equilibrio político y social que nuestro país necesita» mientras «no haya una gran

derecha razonable y unida bajo un programa coherente» y eso, añado yo que me gusta la idea pero no la

expresión, aunque gane o aunque pierda.

Tomas de posición

La quinta es que cuando se pierden las oportunidades históricas es muy difícil recuperarlas. En 1976-77

Adolfo Suárez pudo convertirse, para veinte años, en el líder de la derecha española. No supo hacerlo y

está condenado, ya de por vida, a ser satélite, que no bisagra, de otras formaciones políticas. En 1981-82

Leopoldo Calvo-Sotelo ha tenido la misma oportunidad; pero ese tren se le está escapando

aceleradamente, porque tantas veces como ha querido alcanzarlo le han hecho tropezar las zancadillas de

sus correligionarios.

Y la sexta es que el Partido Socialista no ha ganado todavía las próximas elecciones generales; que como

ha dicho Felipe González, con moderación y acierto, los resultados electorales de Andalucía no son

necesariamente trasladables al resto de España; y que las fuerzas políticas del centro derecha y de la

derecha, ofreciendo programas claros y sin ambigüedades y convenientemente coordinadas, tienen

todavía mucho que decir primero y que hacer después en la vida política española, agrupándose, con

generosidad, alrededor del mejor situado electoralmente. No se trata de ungir carismáticamente a nadie,

pero el que quiera entender que entienda.

 

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