Autor: Armero, José Mario. 
 Tomas de posición. 
 El incierto futuro de UCD     
 
 ABC.    30/05/1982.  Página: 27. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El incierto futuro de UCD

Por José Mario ARMERO

CREO que ha terminado una etapa importante de la vida española: un modo de gobernar democrático

pero muy personalizado, que ha culminado con la transformación política de España. La operación,

encomiada incluso por la izquierda, se realizó sobre unas siglas, UCD, que representaban a diversos

grupos o partidos de escasa o nula militancia, no siempre centristas, pero que sirvieron para armar un

conglomerado con el que arrastrar los votos de una derecha progresista que se acomodaba bien bajo el

lema del «centro».

Las especiales circunstancias de Adolfo Suárez —tenía el Poder antes de crear el partido— le dieron

suficiente autoridad y distancia, en un principio, sobre las cabezas de los distintos grupos coaligados, que

se hubieran perdido de no acudir a (a convocatoria de UCD. Y también en principio, se pudo pensar que

el centrista era un auténtico partido capaz, en un largo futuro, de contener a los socialistas. Adolfo Suárez,

con gran habilidad, supo capitalizar unas «marcas de fábrica» que no tenía, que le acreditaron, y que fe

evitaron competencia en un amplio espectro político. Durante aquellos años aglutinó doctrinas

socialdemócratas, demócratas cristianas, liberales, populistas... evitando así el surgimiento de otro partido

con el apoyo de su Poder que le permitiese contentar líderes de tendencias con participación en el

Gobierno. Agustín Rodríguez Sahagún y Leopoldo Calvo-Sotelo han intentado sacar adelante un partido

que carece de entusiasmo de las bases, convirtiéndose en una operación con futuro muy incierto.

Fue una forma de gobernar, el Gabinete y et partido, que ha llegado a su fin, aunque se acuerde su

continuidad. Él presidente del Gobierno y del partido, Leopoldo Calvo-Sotelo, tuvo forzosamente, y

según demostró en los debates parlamentarios y en otras actuaciones, que cambiar el estilo suarista, lo que

seguramente hizo por talante y profunda convicción.

No obstante, UCD no podía sobrevivir políticamente a su creador e impulsor y su transformación o

sustitución por otra estructura política debió de hacerse hace ya bastante tiempo. El partido ha jugado un

papel histórico muy importante, pero hoy por hoy su equilibrio es muy precario y tenderán a surgir los

partidos tradicionales que ya existieron antes en España y que existen ahora en el mundo occidental y que

incluso están organizados internacionalmente con clara diferenciación en los escaños del Parlamento

europeo. Intentar mantener UCD en sus estructuras actuales parece una tarea muy ardua; sería tratar de

amalgamar concepciones distintas de la realidad social y soluciones diversas a nuestros distintos

problemas. El resultado obtenido en las elecciones de Andalucía es sólo una prueba más de una realidad

que se está comprobando diariamente.

Hoy, dentro de UCD se manifiestan dos corrientes marcadas de alguna manera por el pasado y que sus

hombres no tienen por qué ocultar. Están quienes en la etapa anterior tuvieron importantes inquietudes

sociales y que alimentaban muchos hombres representativos de una evolución del régimen hacia una

especie de social-democracia, sector que hoy forma parte del Partido Socialista, por lo que es mejor

hablar de populismo. Son auténticos defensores de las libertades democráticas, pero con su genuina

idiosincrasia en teorías intervencionistas, estabilizadoras, dirigistas... Por otra parte, están los

representantes de corrientes liberales muy distintas y de ideologías liberales genuinas que difícilmente se

compatibilizan en ese cajón de sastre que es hasta ahora UCD.

Por eso el partido centrista no parece tener muchas posibilidades de continuar con su débil y aparente

cohesión. Pero esto no significa, ni mucho menos, que el hundimiento de la actual organización llamada

«centro» sea una catástrofe. Al contrario, podría incluso resultar beneficioso para el gran espacio político

que hoy representa UCD. Podrían recompensarse las fuerzas en estructuras verdaderamente sólidas sin

grandes problemas ni dramatismos y que no descartarán las alianzas electorales, como se hace en Europa.

Pueden hacerse coaliciones muy amplias, con hombres colocados a la derecha y también a la izquierda de

lo que hoy es el centro. Si una transformación en las estructuras formales, que no reales, de UCD ocurre,

pueden aparecer hombres adecuados para mantener a los militantes centristas e incluso sumar sin restar.

Sería una labor a realizar por hombres nuevos, unos conocidos y otros no tanto, que tienen el prestigio y

la independencia necesarios para encararse con un serio problema como es el futuro de los partidos que

constituyeron UCD.

No sería romper UCD. Seria reconocer el fin de su utilidad y el principio de la clarificación de las fuerzas

políticas. Y eso es posible que ocurra con toda normalidad si se hace pronto.

 

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