Autor: Dávila, Carlos. 
 Reunión de Calvo-Sotelo con los dirigentes del partido. 
 UCD: Todo pendiente de la celebración del Consejo Político     
 
 ABC.    03/06/1982.  Página: 13,27. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

Reunión de Calvo-Sotelo con los dirigentes del partido

UCD: Todo pendiente de la celebración del Cénselo Político

MADRID (Carlos Dávila).

Medio centenar de centristas afectos a dos corrientes históricas del partido, suarismo y «azulismo»,

prepararon ayer, con todo rigor, la reunión que horas después se iba a celebrar en el Palacio de la

Moncloa. Una reunión atípica —no está contemplada en los Estatutos de UCD— en la que los presidentes

y secretarios provinciales llegaron a una sola conclusión válida: es precisa la convocatoria de un Consejo

Político para definir globalmente, nada menos, que la ideología, el espacio político y la estrategia del

partido. Todo en un acto.

Sin una mención expresa de esta reunión no se puede entender la que presidió Calvo-Sotelo. El jefe del

Gobierno, que no pudo aportar una solución fiable para la crisis de UCD, se limitó a reafirmarse en cuatro

supuestos: no a la mayoría natural, no al fraccionamiento del partido y sí a una oferta electoral

diferenciada y a la convocatoria del Consejo Político. Por debajo de estas expresiones voluntaristas, ¿qué?

Muy poco.

JUEVES 3-6-82

NACIONAL

Crece la actividad de las «familias» centristas

El Comité Ejecutivo de UCD, convocado nuevamente para la próxima semana

Tras diez días de reflexión no existen soluciones oficiales; otra cosa son las oficiosas, protagonizadas por

los distintos sectores del partido que trabajan al margen de lo que sucede y se discute en los órganos

institucionales. Los dos grupos que parecen entenderse en la búsqueda de una salida, suaristas y

martinvillistas (impropiamente llamados así porque en este sector comienzan a aparecer, a! menos, dos

líderes), han negado, sin embargo, que tuvieran intención de adoptar una táctica común anterior a la

reunión de la Moncloa.

Luego, no obstante, se observaría que la estrategia, si no común, fue similar. Los recipiendarios de todos

los ataques habidos durante las discusiones, tos sujetos de todas las diatribas, fueron los clubes liberales,

que fueron acusados, entre otras cosas, de «doble militancia». La acusación, realizada por militantes de

segunda fila del centrismo, no por tos jefes de las familias, se extendió en algún momento de la reunión a

los democristianos de Humanismo y Democracia; hasta tal punto llegó el acoso que el presidente de esta

fundación, diputado de UCD por Palencia, Fernando Álvarez de Miranda, tuvo que responder que «su

doble militancia había consistido sólo en recolectar fondos para UCD». Una vez más, pues, la pretendida

autocrítica del partido se quedó en la intención de búsqueda de alguna cabeza de turco capaz de

sobrellevar con entereza la derrota. No se dijo, naturalmente, rada en la reunión del grupo legalmente

constituido de suaristas que ya funciona orgánicamente bajo la batuta, en la sombra, de Rafael Calvo

Ortega.

Pero la acusación, en definitiva, se dirigía, por elevación, al propio presidente de UCD. «Nadie —según

afirmaba después un miembro muy destacado de la Ejecutiva de UCD— se atrevió a pedir su dimisión,

pero muchos subliminalmente la solicitaron.» Leopoldo Calvo-Sotelo había vuelto a insistir en su

ofrecimiento de abandonar la dirección del partido, pero en ningún momento se aceptó su planteamiento,

aunque en la reunión matinal en un hotel de Madrid y en la posterior que volvieron a tener los suaristas

apenas dejado el Palacio de la Moncloa, se reafirmaron en la necesidad de que Suárez debe liderar el

partido. Esto, al menos, declararon los propios suaristas a un redactor de Europa Press, aunque el ex

presidente de UCD y miembro destacado del sector. Agustín Rodríguez Sahagún, había negado que el

grupo hubiera tenido la más mínima responsabilidad en la convocatoria de las sesiones de trabajo,

anterior y posterior a la Moncloa. Noticias ulteriores confirman, sin embargo, que fueron el diputado

alavés Jesús Viana, político de confianza de Adolfo Suárez, y un ucedista riojano, también afecto a este

grupo, los convocantes de la reunión.

Al margen de esta peripecia, que tiene interés por cuanto revela la división, nada artificial, que ya se

adivina en UCD, pocas expresiones positivas pueden deducirse de la conferencia de Prensa convocada

por UCD, a la que no asistieron, como en principio se había prometido, ni el presidente del partido, ni el

secretario general. Javier Rupérez, responsable de las Relaciones Externas y la Información, fue el

encargado de responder durante hora y media a las cuestiones planteadas por los periodistas, tendentes

todas a conocer si ya se había adoptado algún acuerdo para dar solución a la crisis provocada por el

fracaso andaluz. Según cabe deducir de las manifestaciones de Rupérez, será el Consejo Político, que

Calvo-Sotelo no ha querido convocar «a la carrera», tal y como pretendían tos suaristas, el que adopte

resoluciones definitivas. No hay fecha fijada para este Consejo Político, pero debe recordarse que el

mismo presidente del Gobierno y del partido se comprometió públicamente a convocarlo en la primera

quincena del próximo mes de julio.

Para entonces, y muy probablemente, UCD haya sufrido ya las primeras fugas de militantes; fugas que se

producirán entre los democristianos y los liberales. El martes, dos parlamentarios que integraron la

«plataforma moderada», y que militan inequívocamente en la democracia cristiana, pidieron formalmente

al presidente del Congreso de los Diputados que encabece e! sector y que se comprometa en una postura

unitaria con los cerca de treinta y cinco «notables» que quieren tomar decisiones juntos. El primer

diputado que puede abandonar UCD es el alicantino Galán, que se ha enfrentado, de forma «irreversible»

—son sus propias, palabras— con el ministro Luis Gámir, uno de los líderes socialdemócratas que,

además, ha servido de «puente» en la relación con et ex presidente del Gobierno, Adolfo Suárez.

Este ejemplo es indicativo de que la intención de Calvo-Sotelo de evitar los fraccionamientos va a chocar,

en las próximas fechas, con una realidad muy distinta. Ni la insistencia del presidente en mantener una

oferta diferenciada de centro ni su mentís a cualquier veleidad favorable a la «mayoría natural»

patrocinada por el líder de Alianza Popular, Manuel Fraga Iribarne, ni la reiteración en sostener una

estructura unitaria serán suficientes para convencer a los «fuguistas» de que UCD, todavía, puede recoger

el favor del electorado en unos próximos comicios. Ya digo que, a mi juicio, una cosa son las reuniones

oficiales, en las cuales se hacen poco más que «reflexiones» en voz alta, y otra muy distinta son los

acuerdos que ya comienzan a fraguarse en sesiones sectoriales en las que se llegan a conclusiones nada

favorables al unitarismo.

Por lo demás, la reunión de ayer en La Moncloa ha servido para que Leopoldo Calvo-Sotelo conozca, de

viva voz, un largo memorial de agravios, que muchos políticos provinciales tienen escrito desde hace

mucho tiempo contra los sucesivos Gobiernos de UCD. No es casual, por ello, que Javier Rupérez, en la

conferencia de Prensa intrascendente celebrada por la tarde, asegurara que el responsable de la ruptura

entre el Gobierno y el partido ha sido, casi siempre, el segundo, y que UCD ha recibido ahora un castigo

ejemplar por no haber sido capaz de «representar tos intereses del. electorado que le había dado su

confianza en tos comicios del 79». Rupérez reconoció, además, que una de las grandes lecciones que

pueden derivarse del resultado andaluz es que el mapa político ha cambiado y que, en estas condiciones,

«sólo cabe hacer un partido ampliamente popular», tests que coincide con la opinión suarista.

El próximo acto de la crisis centrista será la celebración, la semana venidera, de un Comité Ejecutivo, en

el que, presumiblemente, seguiremos en las mismas. La solución ni es fácil ni parece, siquiera, posible.

No existe lo que los dirigente oficialistas del «aparato» denominan «voluntad de integración» y, en estas

condiciones, las medidas, por enérgicas, firmes y renovadoras que aparezcan, serán rechazadas por

sectores significativos de esta UCD agonizante.

 

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