Autor: Dávila, Carlos. 
   No dañar los tobillos del presidente     
 
 ABC.    06/06/1982.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

32

ABC

NACIONAL

DOMINGO 6-6-82

Crónica del domingo

No dañar los tobillos del presidente

Por Carlos DAVILA

Probablemente tiene razón un ejecutivo centrista: «No están los tiempos para dañar los tobillos del

presidente del Gobierno.» Así que los tiros, por una vez. llegarán a la Moncloa desde otras trincheras. Ni

siquiera Adolfo Suárez, que el viernes dio un estirón político indudable con su «Yo disiento», va a

contribuir a engordar, con su actitud, el tono de amenaza, de catastrofismo irritante, que los sectores

involucionistas están ya utilizando para crear interesadamente esa «situación límite» que fue un anuncio

político del argumento, pretendidamente jurídico, usado en los meses del juicio: «Estado de necesidad.»

No hay lugar añora para las rencillas vecinales: la sentencia ha tenido valor de bálsamo o ungüento ahora

cicatrizar las primeras heridas, las heridas que, sin embargo, no se pueden cerrar en falso. Tampoco la

crisis política general, que ya no es independiente del fallo emitido por et Consejo Supremo de Justicia

Militar.

El fallo y el recurso planearán en los próximos meses sobre la democracia española. Es posible que el

dictamen definitivo e inapelable del Supremo se conozca en plena campaña electoral, y a la legal me

refiero, porque la «extra», la precampaña, comenzará en los días venideros, apenas los españoles apaguen

su televisor con el resultado fresco del último partido de este Mundial, que no será el éxito económico de

Saporta. Ni mucho menos. Ni una peseta. Tenía razón Felipe González cuando decía: «Algunos

veranearán este año catorce días en quince lugares diferentes», una clara referencia a Manuel Fraga, que

parece el único correcaminos capaz de poner boca abajo la geografía española. Los demás también

tocarán a rebato y seguirán sus huellas. De modo y manera que la guerra la iniciará Manuel Fraga. En

cualquier punto del país.

EL «MULTICENTRO»

Poco importa que en esta ocasión concreta se haya quedado fuera de juego. Calvo-Sotelo, con su reacción

del jueves —«rápida, contundente, excelente», aseguraba uno de sus ministros, y yo me sumo—, y

Adolfo Suárez, con un artículo redactado de antemano, cuando empezaron los primeros rumores, han

ganado tantos. De hecho ha reaparecido el duque, del que hay que hablar, incluso los que políticamente

no creemos en él. Este será el primer síntoma de que ha estallado la paz. Cuando el partido está roto —y

lo está— son precisas todas las aportaciones para reconstruir una oferta que sumar, añadir o, sen-

cillamente, contrastar con la dibujada inequívocamente por el líder de Alianza Popular.

Calvo-Sotelo y Suárez fueron el viernes dos grandes apoyos para la democracia del país; sería una lástima

que los que no creen y hasta combaten con diversas armas el sistema rentabilizaran las discrepancias para

reconstruir artificialmente aquel clima que tan desdichadamente dibujaron en enero del 81: un mes,

recuérdese, antes del golpe de Estado.

Pero de esta crisis no se puede salir con el pie cambiado ni a trasmano. Que nadie lo intente. Sería quizá

muy necesario que el presidente utilizara su nuevo crédito, el que le ha dado, sobre todo, su decisión de

recurrir con toda serenidad contra la sentencia, para nacer algunos cambios en ciertas carteras

ministeriales. Y no me subo, en directo, al clamor contra Alberto Oliart, porque espero que algún día,

cuando España tenga su libertad asentada, pueda contar cuáles han sido sus razones, algunas de las cuales

entiendo en parte. De modo que la dimisión del ministro de Defensa «no es de salud pública», como decía

Felipe González, y sí pudiera serlo, sin embargo, la de los responsables de UGT, que el viernes

alumbraron la nota más estruendosa, arriesgada e irresponsable de cuantas se redactaron con las

sentencias calientes. Un comunicado de tal desfortuna que ha servido para que muchos ciudadanos

continúen pensando, con pistas evidentes, en el doble lenguaje del Partido Socialista, en el bifrontismo

dialéctico que tanto perjudica a esta fuerza política.

Además, urgen otras medidas. La sentencia ha aplazado, en mi opinión con toda seguridad, las primeras

escisiones en UCD. Las rupturas que ya estaban cantadas. Por lo pronto, los democristianos y los

liberales, dispuestos a reproducir la «operación crítica» de diciembre del 80, se lo van a pensar dos veces.

El nuevo entendimiento no era, desde luego, del agrado de la mayoría de los seguidores de Antonio

Garrigues, engolosinados durante meses con alguna coalición mucho más progresista.

Pero los socialdemócratas se han dirigido, como siempre, a Adolfo Suárez, a un centro populista, en

resumen, donde se encontrarán también con el «azulísimo» oficial, aquel que apostaba hasta hace muy

pocos días por un partido mínimo, desvestido de todo ropaje confesional o, en frase de un discípulo de

Rodolfo Martín Villa, «liberaloide». No vale la pena gastar más letras en la descripción de estas

operaciones, que quería titular este domingo «El multicentro», porque sospecho que el beneficio más

grande de las sentencias ha sido el cierre de filas. Recuérdese: no están los tiempos para dañar los tobillos

del presidente. Pero Calvo-Sotelo tiene crédito a veinte días fecha. Y son muy pocos días.

Si el partido que aún gobierna a trancas y barrancas continúa en su proceso patológico de debilitamiento,

si no hay remedios novedosos que insuflar al enfermo, UCD desaparecerá por lisis, gracias a la capacidad

excelente de autodestrucción de sus propios líderes. ¿A alguien, en estas circunstancias, se le ocurre qué

hacer? Me temo que no. A nadie. Si en este mes no se varía definitivamente el rumbo, las consecuencias

serán de gravedad extrema: entre otras cosas, habrá que adelantar las elecciones, unos comicios para los

que nadie, todavía, está preparado.

LA SOLUCIÓN ES NO ROMPER

La tentación es sugerir que la dinámica política actual guarda similitudes evidentes con la establecida en

mayo-junio del 77. Pero las sentencias han modificado el esquema. De nuevo, las sentencias. Este instante

concreto tiene suficiente gravedad como para ensayar estrategias ingeniosas e ilusionistas. En juego está

el sistema. Por eso coincido con el ministro Cabanillas cuando asegura que ahora mismo la única alianza

inteligente sería UCD-PSOE. Pero los socialistas no tienen la menor intención, seis meses antes de las

urnas, de comprometerse en una táctica suicida de apoyo «full time» al Gobierno de UCD. El PSOE, a

pesar del pudor con que sus dirigentes esconden la euforia, se encuentra en éxtasis político indisimulable.

Y en un estado de gracia como éste les resulta mejor a sus líderes seguir machacando ruda y

permanentemente los órganos vitales del contrario que recogerle en sus brazos o, sencillamente, asestarle

el golpe final. Ponerle «k.-o.» en su propio rincón.

Esta crónica es un repaso acumulado de posibilidades que no van nunca a cumplirse; sé que no existen

buenas opciones con las que entusiasmar a las gentes. Hay que apostar, pues, por el mal menor. El mapa

político que dibujaron las elecciones andaluzas sigue incólume y se percibe, además, con mayor claridad

que hace tres semanas. Fraga va a encontrar, para convertirse en el líder del conservadurismo español,

todo los apoyos posibles, como los encontró en mayo cuando, por dos veces, pidió apoyo a los

empresarios de Madrid. El problema que se plantean los estrategas de la CEOE es cómo rodear al ex

ministro de un círculo que atempere sus presumibles excesos, de cómo limar las asperezas o archivar los

agravios que han imposibilitado cualquier acercamiento entre el centro y la derecha. Curiosamente, la

solución —al menos yo la tengo oída así— es no romper el centro. Pero eso no es tan fácil, porque el

centro se niega a no ser volado en dos o tres pedazos.

Los seis próximos meses serán los más decisivos de la democracia española. Con alguna seguridad, los

españoles vamos a conocer las sentencias definitivas para los implicados en la conspiración y en ¡a

rebelión militar, al mismo tiempo que sabremos quién es el vencedor de las terceras elecciones. Los

expertos en ciencia jurídica que ya han digerido el fallo del Consejo aseguran que el Supremo tiene

escaso margen de maniobra. La gran clave, en la opinión de los técnicos, es si un Tribunal civil podrá

tener fuerza moral suficiente para discernir sobre un concepto de gran raigambre castrense: la obediencia

debida, el fundamento discutible gracias al cual más de una decena de oficiales, algunos fotografiados

durante el asalto al Congreso que dirigió Tejero Molina, han podido volver, absueltos, a sus casas. El

Supremo sentará dentro de seis meses la jurisprudencia más apasionante de todo el siglo XX español. Este

es su reto.

Los demás ciudadanos tenemos otro muy especial: no alarmarnos más de lo justo. No hay condiciones

objetivas ni existe clima favorable para la involución. Yo también creo que podremos cerrar pronto esta

página deplorable de nuestra Historia, que lo importante es escribirla en libertad, que los protagonistas de

los tiempos políticos actúen en permanente responsabilidad, de acuerdo con sus ofertas y en compromiso

fiel con sus ideas, y que gentes tan calificadas como un ex presidente del Gobierno no haga honor a la

frase despiadada gráfica y a lo mejor injusta, de uno de sus más importantes ex ministros: «Sólo he

conocido dos personas que no hayan leído sus propios textos: Franco y Suárez.» El aludido fue también

ministro de Franco.

 

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