Autor: Urbano, Pilar. 
   ¡Ay, UCD!     
 
 ABC.    11/12/1982.  Página: 27. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ABC/27

Hilo directo

¡Ay, UCD!

Les pillé, «| no vayas a pensar que estamos aquí cabildeando y manipulando el Congreso...! ¡Jamás hemos

acudido a un Congreso de UCD tan expuestos a la sorpresa, ni tan dispuestos a que salga..., lo que tenga

que salir!» Les pillé, digo, al final del almuerzo, en un «reservadito» de la plaza da Alonso Martínez.

Cualquiera de ellos podía creer que el de al lado me había dado la pista. Lo cierto es que no me la dio

ninguno. Fue una corazonada pericial. Allí estaban Martín Villa, Sancho Rof, Broseta, Gabriel

Cisneros..., «y otros tres». Uno me susurró: «¡Esto está muy crudo, muy verde todavía..., pero

atravesaremos el campo de minas y lograremos arreglarlo!» Arreglar, ¿qué? «La continuidad, la

renovación, la puesta en marcha de un partido de centro, llámese UCD o como se llame, bien diferenciado

de AP y del PSOE.» Martín Villa parecía más derrotista: «Nuestro caudal político era la transición. La

transición ha terminado. Ya no podemos vivir de rentas. No tenemos nada que hacer... al menos, los

mismos hombres.» Según esa tesis, Franco tras su parte final, «la guerra ha terminado», tenía que haber

disuelto al Ejército vencedor; y el constructor de! inmueble de enfrente, al culminar su 16.° piso, arrojarse

por la terraza. Yo creo, más bien, que su filosofía es la del Borgia «Rey, no puedo. Príncipe, no quiero» y

su estrategia la del kamikaze «morir matando». Porque no quiero ni permitirme el mal pensamiento de

que don Rodolfo persiga entrar con dominio en AP, ofreciendo en bandeja a Fraga la cabeza de la anguila

verdinaranja de UCD...

La víspera, ya atardecido, en Arlaban, cinco hombres discutían sobre el «ente», cada vez más abstracto,

de UCD. Y tan sólo se ponían de acuerdo en un punto: «El centro político es necesario; pese a los

resultados electorales, el centro social existe, aunque nos haya bateado los riñones renegándonos el voto.»

En aquel despacho estaban Lavilla, Martín Villa, Ortega y Díaz Ambrona, Camuñas y Cisneros. Tras

arduos forcejeos, Landelino y Rodolfo aceptaron «como hipótesis de Congreso» la salida federativa:

fusión de tos ingredientes populistas, social-liberales y democristianos, bajo el liderazgo común da un

«ninguno de nosotros»; «un señor, que esté por encima del bien y del mal».

Pero en ese Congreso extra, que hoy empieza a puerta cerrada, aparte el registro de notables ausencias

(verbigracia, don Leopoldo); de apreciadles disidencias (verbigracia, don Juan José Rosón que «si no hay

listas alternativas, ni voy»; «sí Rodolfo presentase candidatura, le votaría después de asegurarme de que

no nos llevaría a los brazos de Fraga»; «con Landelino, a cristianizarnos», «¡ni hablar!»; «¡hombre, a

quien yo no pondría condición alguna sería a Fernando Abril!»); y de irrevocables exigencias

(verbigracia, don Landelino Lavilla: «o gana la idea de centro qué yo propongo, o me voy..., y ahí queda

mi escaño»), habrá también una considerable presencia: quinientos delegados de provincias, duros en su

empeño de que «UCD no se rompa»; hasta el punto de «no admitir ni como duda posible la idea de

disolución».

Los hombres próximos a Lavilla sostienen que «las tres letras, UCD, son ya un lastre indeseable: es mejor

arrinconar esa marca»; «la forma de "hacer política" y de "estar en política" que hemos practicado hasta

ayer ha finiquitado; se impone un nuevo estilo y unos cuadros humanos nuevos»; «la alternativa de poder

ante e! socialismo jamás será la derecha de Fraga, sino un centro reformista»; «hay gente ´Viejo estilo" en

UCD cuya marcha sena tan benéfica que acaso haya que... provocarla gentilmente». Cisneros persigue

«aglutinar lo que hay; y después... ya hablaremos». Arias Salgado, sumido en dudas, me dice «¿aglutinar?

¿para qué?» Y así, en ese paisaje, empieza la función. Pilar URBANO.

 

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