Autor: Sinova, Justino. 
   El relevo tiene un límite     
 
 Diario 16.    13/12/1982.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Diario 16/13 diciembre-82

OPINIÓN

JUSTINO SINOVA

El relevo tiene un límite

Malo sería que el relevo de personas se convirtiera, con la entrada del partido triunfador en el poder, en

un fin más que en un medio. Los nuevos gobernantes pueden caer en la embriaguez de los relevos. Y si

eso podría ser tolerable en la Administración hasta que se profesionalicen determinados altos cargos, es

inaceptable en los medios informativos del Estado, si no se quiere hacer de ellos, como se promete, unos

instrumentos al servicio del Gobierno.

El Gobierno de Felipe González ha empezado a trabajar con una celeridad a la que no estábamos

acostumbrados. En pocos días ha tomado más decisiones que otros equipos en meses Y, lo que es

importante, con eco favorable. La devaluación de la peseta y la subida de la gasolina han sido recibidas

con parabienes por los técnicos y la exigencia del horario a los médicos de la Seguridad Social, aunque

levante chispas entre algunos afectados, ha sido una medida saludada con esperanza por quienes

mantienen una cierta preocupación por el nivel de la calidad de vida, que somos prácticamente todos.

Pero en una operación se ha roto lo que parecía un estreno fulgurante en el arte de gobernar. Como si

fuera un preocupante aviso, ese mastodonte que devora dinero y cobija trampa y corrupción llamado TVE

también ha hecho resbalar al PSOE. Y veremos por qué.

Bien la teoría

Lo primero que hay que decir sobre la política para Televisión, diseñada teóricamente esta semana por el

vicepresidente, Alfonso Guerra, es que parece técnicamente correcta. Guerra quiere una televisión, según

dice, plural y profesional, que no esté al servicio del Gobierno, que no sea un instrumento de propaganda

política, que dé primicias informativas, que potencie la información en directo, que facilite a todos los

grupos el derecho de acceso y que tenga regulado el derecho de rectificación y réplica. Todo un programa

para levantar la bandera de la libertad y de la honradez en el manejo de los instrumentos públicos.

Pero lo segundo que hay que apuntar, urgentemente a raíz de este proyecto, es que la realidad no responde

a los propósitos. Para empezar, porque Guerra ha colocado en la Dirección General de RTVE al

representante más activo del PSOE en el consejo de administración de RTVE, órgano político de control

de la producción televisiva formado por representación parlamentaria. José María Calviño no es militante

socialista, pero nadie duda, ni él mismo, que su gestión responderá a las normas del programa socialista.

Es decir, nadie duda, ni él mismo, que su gestión no sólo será política, sino que será una parte de la

concreta política socialista. Si esto va a ser así, no se sabe bien cómo va a ser posible que TVE no se

convierta en un aparato al servicio del Gobierno y en un instrumento de propaganda de política, que son

dos vicios que Guerra considera fundamental evitar. Si puede, que el vicepresidente nos explique el

jeroglífico.

Pero es que la realidad se aleja más aún de los propósitos cuando se comprueba cómo lo primero que hace

Calviño nada más estrenar el despacho es nombrar para el puesto más importante de Televisión, por su

repercusión y trascendencia, la jefatura de servicios informativos, a José Luis Balbín, que es uno de los

empleados de la casa más discutidos. Para dejar el hueco libre a Balbín. Calviño cesa a Juan Roldan, que

curiosamente ha sido el jefe de informativos mejor recibido, mejor juzgado y mejor despedido por los

propios profesionales. No se entiende tampoco muy bien cómo se va a hacer una televisión plural e

informativa cuando se prescinde del mejor jefe de informativos, en opinión de los profesionales de la

casa, cuya gestión ha sido elogiada por los otros medios de comunicación («El País» habló de la

«primera» de Juan Roldan y de otro depurado de la casa, Iñaki Gabilondo, paro poner en su lugar a un

viejo habitante de la casa que ya ha empezado a crear la división en los departamentos y entre pasillos.

¿Relevo o revancha?

Yo no quiero desautorizar de entrada la gestión de Balbín, porque el movimiento se demuestra andando.

Empiece a trabajar Balbín, exponga lo que sabe y a ver si hace unos servicios informativos más libres,

más abiertos y más interesantes. Lo que me preocupa es que e! nuevo equipo gobernante haya prescindido

de profesionales valiosos, como es Juan Roldan, sin que su eficacia en la gestión de los últimos meses

haya servido para nada.

Lo que me preocupa, dicho en términos generales, es que el relevo, en estas circunstancias, sea más un fin

que un medio y acabe llevándose por delante a la gente que de verdad puede ofrecer mejores resultados

profesionales, por el discutible motivo de que no son fieles al dictado político de quien gobierna. Es decir,

lo grave sería que el relevo se convirtiera, en algunos casos, en revancha. Algún límite deben tener los

relevos para que los turnos de los partidos no se conviertan en las procesiones de los cesados. En la

Administración, el problema quedará resuelto si la reforma que se prepara profesionaliza por fin todos los

cargos hasta el de director general. El relevo afectará, entonces, exclusivamente a los puestos superiores

de responsabilidad política Pero la dificultad es suma en las otras esferas de competencia del poder, en las

que habría de implantarse una pulcritud en el obrar que evitara el absurdo de prescindir de buenos

profesionales, por poner a (os más fieles, aunque no sean tan buenos, o por revanchismo.

Si el Estado quiere hacer. una televisión libre, plural, informativa y profesional tiene que empezar por

respetar las esferas de competencia de los profesionales, que son los que mejor saben ejercer su

profesión. El puesto de director de los servicios informativos de TVE o el de RNE o el de todas las

empresas informativas estatales mientras existan, tendría que ser tan profesional y estar, por tanto, tan

emancipado del Gobierno de turno, como el del más polémico director general de cualquier Ministerio en

la futura reforma administrativa. Someter ese puesto a los vaivenes de la política es exponer el medio

informativo al control político. Es, sencillamente, hacer política con lo que debe estar por encima de la

política partidista, como exige un escrupuloso concepto de la convivencia en libertad y como predica el

vicepresidente Alfonso Guerra. Lo que ha pasado ahora es que a Guerra, que es tan celoso de la estética,

se le ha desbaratado un tanto la compostura.

 

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