Autor: Tusell, Javier. 
   La alternativa     
 
 Diario 16.    13/12/1982.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

La alternativa

Medita el autor en este artículo acerca de los errores del anterior partido en el poder. En su opinión, el

PSOE no ha ganado estas elecciones únicamente por su programa, sino por la imagen de esperanza y de

sintonía generacional que han ofrecido. Otro factor determinante ha sido la ausencia de alternativa.

En contra de cuanto se ha dicho y en contra también de lo más evidente, el PSOE no ha ganado las

elecciones generales de 1982. En realidad, ha triunfado en una especie de peculiar plebiscito celebrado en

esta fecha en que no se han debatido tanto programas o capacidades técnicas, como imágenes públicas y

esperanzas de una forma más digna de actuar en (a vida pública española.

Las elecciones que ha ganado o, por lo menos, va ganando el PSOE son las de 1986. Esto no es, en

principio, ni bueno ni malo; depende de cómo lo haga el PSOE de aquí a esa fecha. Pero, por el momento,

lleva la enorme ventaja que le da su triunfo en este peculiar plebiscito de 1982 y la carencia de real

alternativa de oposición en un horizonte inmediato.

El PSOE ha ganado el plebiscito de 1982 fundamentalmente por una razón que lo diferencia netamente de

sus adversarios: lo ha hecho bien y, como suele suceder en un régimen democrático, el electorado premia

con sus votos a quienes parecen merecerlo. Hacerlo bien en política quiere decir, por ejemplo en el

pasado, ocuparse mucho más de los problemas del país que de las disputas internas o ser capaz de crear

una esperanza que sólo puede ser derrotada, no por la decepción, sino por el nacimiento de una esperanza

mayor.

En el presente, haberlo hecho bien supone no convertir una crisis de Gobierno en una larga agonía de

reparto de cuotas de poder. Y, sobre todo, identificarse, quizá con un deje de ingenuidad, con toda una

actitud y una misión generacional por encima de la gestión política precisa.

El que esto escribe recuerda cómo el actual presidente del Congreso de los Diputados te traía los panfletos

subversivos en tiempos universitarios, que fue expedientado en la misma época que el ministro de Cultura

y que temió por su puesto docente universitario cuando algo parecido le sucedía al actual ministro de

Educación. Aunque no fuera más que por este tipo de solidaridad, el nuevo Gobierno habría de merecer al

menos un compás de espera de respeto.

Luego, claro está, vendrá la labor de gobierno. Es, en mi opinión, seriamente improbable que el PSOE

solucione los problemas económicos españoles; resulta, también, impensable que su concepto de las

libertades (o de su aplicación concreta no choque con el de buena parte de la sociedad española. Pero, a su

favor, el Partido Socialista siempre tendrá, junto con la inercia de este impulso generacional, la facilidad

para hacer una política nueva en materias como política exterior y cultura.

No hay alternativa

Y, de momento, parte, además, de la considerable ventaja que le da la ausencia de alternativa. El mismo,

en una labor que, desde luego, no le honra, está potenciando indirectamente en el trato a un sector de la

política española muy respetable, pero que no está, en absoluto, en condiciones de alcanzarle en número

de votos.

Nadie negará la capacidad de trabajo del señor Fraga, pero nadie será, al mismo tiempo, ciego ante las

dificultades que tiene para alcanzar en sufragios al PSOE. Darle el tratamiento de líder de la oposición no

es sumarle a la acción del Gobierno, es tratar de mostrar, ante los españoles, la ausencia de una alternativa

viable, de la que Alianza Popular sería tan sólo, a lo sumo, una parte.

Ahora mismo, el problema fundamental de la política española no es otro que el de crear esta alternativa.

Es bueno que aparezca no sólo para una parte de los españoles, sino para todos, porque podrá servir como

instrumento de control de un Gobierno socialista que ha iniciado su singladura con las manos más libres

que nunca ha tenido gobierno alguno en España en una situación de libertad.

No hay tanto tiempo para hacerla porque, si su punto de partida es falso o tardío, probablemente el daño

será irreversible, y, desde luego, hay algo que cabe adelantar desde ya mismo y es que la alternativa, para

serlo verdaderamente, habrá de partir de unos modos de actuación diferentes de los que han sido

habituales hasta el momento actual en los sectores políticos no socialistas.

No hablará en tono desmesurado en los debates de investidura y ello por talante, pero también porque no

puede haber actitud más contraproducente para el objetivo perseguido y procurará estar, a diferencia de la

UCD del pasado, muchísimo más cerca de los problemas de la sociedad española que de los caldos de

cultivo en la cabeza de sus políticos.

 

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