Autor: Oneto Revuelta, José. 
   Suárezman II cae de las nubes  :   
 Como Supermán, Suárez caerá de los cielos en Palma de Mallorca. 
 Cambio 16.    26/01/1981.  Página: 1,18-21. Páginas: 5. Párrafos: 38. 

Este país

Suárezman II cae de las nubes

Como Supermán, Suárez caerá de los cielos en Palma de Mallorca

Alo mejor resulta que tengo que irme porque sólo cuando la gente se va es cuando comienzan a hablar

bien de uno.»

Más pálido que de costumbre, el rostro ligeramente descompuesto por unas profundas ojeras, en uno de

los momentos más bajos de su decreciente popularidad, Adolfo Suárez, presidente del Gobierno desde

hace cuatro años y medio, admitía por primera vez, hace ocho meses, que había pensado en algún

momento en su retiro.

La escena, con todo el dramatismo y la amargura de la situación, tenía como escenario el Palacio de

Nasaria, en Ryad, y una referencia temporal marcada por el fracaso a que le había conducido una política

autonómica descabellada y las derrotas electorales de Andalucía, Cataluña y Euskadi.

Andalucía, a pesar de la propaganda centrista, había votado contra el Gobierno exigiendo,

mayoritariamente, una autonomía similar a la de vascos y catalanes. En Cataluña, los centristas habían

quedado reducidos en las elecciones al Parlamento catalán a una fuerza puramente testimonial, y en

Euskadi el partido de! Goierno había sido barrido por los nacionalistas. Para colmo, la oposición había

forzado un debate parlamentario del que, días más tarde, saldría la primera moción de censura socialista

contra la política gubernamental.

Angustiado, con casi todos los «barones» del partido en contra, no había sabido resolver la crisis política

derivada del estallido autonómico. Joaquín Garrigues no había querido seguir como ministro adjunto,

Martín Villa había rechazado inteligentemente la oferta de un ministerio técnico y Francisco Fernández

Ordóñez no había querido sustituir a Leopoldo Calvo Sotelo en el Ministerio de Relaciones con la

Comunidad Económica Europea.

Apoyado sólo en la ya deteriorada amistad de Femado Abril Martorell, vicepresidente económico del

Gobierno, asediado por ios «fontaneros» que le aconsejaban una inmediata voladura del todopoderoso

vicepresidente, atacado por su partido y por la totalidad de la oposición, Adolfo Suárez pasaba por uno de

los momentos más amargos de su azaroso mandato.

Fue entonces cuando admitió, indirectamente, y por primera vez, ta posibilidad de un abandono del poder,

«cubierto ya todo el cupo de vanidades».

Hace unos meses, en el despacho normal, con uno de sus consejeros, volvía a referirse a su retiro,

insistiendo en que no pensaba defenderse de los ataques que sufriera en el Ií Congreso que a finales de

este mes se reúne en Palma de Mallorca.

«Presentaré mi propia opción política -fueron sus palabras- y si pierdo me marcharé tranquilamente a

casa.»

¿Qué ha pasado para que este hombre que reconocía públicamente que estaba dispuesto a dar dinero por

seguir en el poder comience a pensar en un posible retiro? ¿Es una maniobra más pura unir a un partido

que cada vez se le escapa más de las manos, o se trata realmente del inmenso cansancio que producen la

desilusión, la sensación de abandono y la frustración?

Probablemente nadie en este país esté en condiciones de dar una respuesta categórica a una pregunta que

tiene que responder a la profunda psicología de un hombre contradictorio, apasionado por la política,

desconfiado, hábil y con una gran capacidad de encanto personal.

De cómo se montó el Centro

Convencido de que la transición ha sido él y de que UCD no tendría hoy existencia real si él no hubiese

puesto su imagen y su poder para ganar dos elecciones 05 de junio de 1977, 1 de marzo de 1979), es

cierto que la propia UCD es, en parte, reflejo de Suárez, porque fue hecha a su imagen y semejanza para

evitar la ruptura democrática.

Designado presidente del Gobierno tras la defenestración de Carlos Arias a principios del verano de 1976,

el joven Suárez emprende un camino de reformas para preparar las primeras elecciones generales para el

año siguiente. Consigue desmontar las Cortes franquistas, hace la reforma política, propone una amplia

amnistía, legaliza al- Partido Comunista y decide presentarse a las primeras elecciones generales, de las

que saldrá un Parlamento democrático cuya principal misión va a ser elaborar una Constitución pactada

con todas las fuerzas políticas.

Encauzada la transición, Adolfo Suárez necesita un partido que sea capaz de captar el voto de la derecha

más moderna y de ¡a izquierda más moderada, representada entonces por sectores democratacristianos,

liberales y socialdemócratas que habían mantenido una actitud de oposición al franquismo.

El primer político que habla de Centro Democrático es un gallego que conoce a la perfección el aparato

del franquismo sin demasiados enemigos políticos e insumergible a pesar de su pequeña estatura. Un día

Pío CabaniIlas, el gallego, se presenta en el Palacio

de la Moncloa y le habla a Suárez de la necesidad Je un Centro Democrático. Pío Cabanillas monta el

Partido Popular, sin saber entonces que Suárez ha visto en la idea de Cabanillas el germen de lo que

puede ser el partido en el poder. Un partido que no puede tener una etiqueta demócrata cristiana, como

pretende el vicepresidente Alfonso Osorio, que tiene que contar con una cierta dosis de izquierdismo, que

le va a proporcionar Francisco Fernández Ordóñez, y que no puede prescindir de los jóvenes pragmáticos

que han conseguido asentarse en el aparato del poder.

Días antes de la primera consulta electoral, cuando ya la oposición tiene diseñada la estrategia, Adolfo

Suárez, ayudado por Alfonso Osorio, da su ultimátum para el desembarco definitivo.

El número total de compromisarios que asistirán al II Congreso de Unión de Centro Democrático será de

1.800. Una estimación aproximada de la composición por «familias» de los compromisarios arroja los

resultados del gráfico.

Centro Democrático. La rendición, anuncia, tiene que ser incondicional. José María de Areilza,

vicepresidente del Partido Popular, es descabalgado de la operación centrista; el propio Cabanillas teme

naufragar; los hombres de Rodolfo Martín Villa y de Jesús Sancho Rof comienzan a copar puestos,

mientras que Leopoldo Calvo Sotelo se encarga de confeccionar las listas de candidatos electorales para

las elecciones del 15 de junio de 1977.

Cautivos y desarmados, todos firman la formación de Unión de Centro Democrático el 3 de mayo de

1977. Se integran en la coalición el Partido Demócrata Cristiano, nacido de la fusión del Partido Popular

Democristiano y de la Unión Democrática Española, el Partido Popular, el Partido Socialdemócrata, el

Partido Liberal, la Federación de Partidos Demócratas y Liberales, el Partido Demócrata Popular, la

Federación Socialdemócrata, la Unión Socialdemócrata y los partidos regionales Unión Democrática

Murciana, Agrupación Regional Extremeña, Partido Gallego Independiente, Partido Social Liberal

Andaluz y Unión Canaria.

El 15 de junio de 1977, festividad de Abrahán confesor y Landelino obispo, Unión de Centro

Democrático, con 166 escaños, se convierte en el partido del poder, seguido muy de cerca por el Partido

Socialista Obrero Español, con 118 escaños.

En una entrevista de Adolfo Suárez con el secretario genera! del PSOE, Felipe González, que se encarga

de contar el ex vicepresidente Osorio, e! líder socialista le dice al jefe del Gobierno que, después de las

elecciones, «está claro ante los españoles que tú, Adolfo, eres la derecha y yo la izquierda. Hagamos un

pacto constitucional con objeto de alternarnos en el poder en el futuro».

Pero Suárez se resiste a representar solamente a la derecha.

«Voy a disputarle a Felipe González -asegura-, desde las posiciones de la socialdemocracia el espa , ció

de la izquierda; y asi se lo he dicho.»

Pero los problemas no le vienen a Suárez solamente por posicionamientos ideológicos, sino porque,

poco a poco, su personalidad va sufriendo importantes cambios.

La desconfianza vence a la espontaneidad, la improisación vence a la planificación y las continuas

estrategias a v corto plazo comienzan a no darle resultados.

Refugiado en el «consenso», convence a la oposición para que firme unos Pactos (los Pactos de la

Moncloa) que dan cierta estabilidad social al país, al tiempo que consigue que todas las fuerzas políticas

firmen una Constitución que proporcionará estabilidad política.

Roto el consenso, y en una hábil jugada, disuelve las Cámaras, el 29 de diciembre de 1978, y convoca

nuevas elecciones generales para el 1 de marzo de 1979.

De nuevo UCD vuelve a vencer, consiguiendo 168 escaños, frente a un Partido Socialista que logra

situarse en esta ocasión en los 121 escaños.

La investidura de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno en esta segunda etapa es el comienzo de

una progresiva baja en imagen y crédito. Landelino Lavilla, presidente del Congreso de los Diputados,

es obligado a cortar todo tipo de debate durante el acto de investidura en el Parlamento, en una muestra

Je lo que va a ser la política en los próximos meses. La oposición descubre, y UCD lo confirma, que

Adolfo Suárez tiene miedo al Parlamento, que no soporta los debates políticos, que, en el tondo, siente un

cierto desprecio por las duras discusiones que se producen en las Cortes.

Poco a poco, Suárez se va encerrando en sí mismo, anulando los rasgos positivos de su personalidad y

potenciando sus defecos.

Deja de aparecer en público, deja de viajar por España, huye de los periodistas y se refugia en el Palacio

de la Moncloa para preocuparse durante meses de la política internacional y del terrorismo. En política

internacional es poco lo que puede hacer (a pesar de las ilusiones de sus fontaneros»), y en cuanto al

terrorismo es incapaz de encontrar soluciones eficaces. La situación se agrava con la improvisación en la

política autonómica, que pone en marcha un carrusel difícil de frenar. Bajo el «slogan» «Autonomía para

todos», el carrusel se pone en marcha sin que nadie tenga el valor cívico de dar la voz de alarma.

Comisiones bajo control

La última escaramuza en la preguerra del Congreso se produjo en la reunión de ía Ejecutiva del día 19

pasado, en la que se debatían la composición de las comisiones que discutirán las ponencias.

Los críticos se quejaron de manipulación por parte del sector oficialista, que quería, según ellos, controlar

las comisiones.

Así se establecieron las presidencias:

Estrategia política: Iñigo Cavero. Política internacional y Defensa: Javier Rupérez. Función pública:

Enrique de la Mata. Política territorial: José Sánchez Faba. Economía y empresa: Enrique Egea.

Empleo, cooperativismo y emigración: José Antonio Sagardoy. Educación e investigación: José

Antonio Escudero. Seguridad ciudadana: José Luis Olivas. Agricultura y pesca: Justo de las

Cuevas. Transporte, Marina civil y turismo: Florentino Pera.

Política social: José Herró Arcas. Cultura e información: Justino de Azcárate.

Medio ambiente, vivienda y urbanismo: Jaime Rotondo.

Tras los fracasos de Andalucía, Euskadi y Cataluña se reproducen las tensiones en el partido y las críticas

abiertas al presidente, que se ve sobrepasado por los acontecimientos. Bajo presiones y descontentos, no

tiene más remedio que formar una Comisión de Notables (la Comisión de los Diez: Fernando Abril,

Rafael Arias Salgado, Rafael Calvo Ortega, José Pedro Pérez Llorca, Landelino La villa, Fernando

Alvarez de Miranda, Joaquín Garrigues, Francisco Fernández Ordóñez, Pío Cabanillas y Rodolfo Martín

Villa), en la que en algún momento, julio del año pasado, se llega a plantear, incluso, la sustitución del

propio Suárez si no cambia efectivamente en la forma de gobernar.

Ante la posibilidad de que el golpe de Balado triunfe, liberales, socialdemócratas y demócratas cristianos

tienen a Landelino como alternativa.

Landelino Lavilla, marginado progresivamente de las decisiones políticas, lanza en el mes de junio todo

un programa de gobierno que es una crítica frontal a la política de la Moncloa. Lavilla critica todo un

proceso político que él caracteriza por la reforma como estrategia, el consenso como táctica y la moral

provisional como sustento ético de toda la operación política. Operación marcada por lo que él llama «el

síndrome de la angustia reformista», que no es sino «el ansia de conducir el país a la tierra prometida»

sorteando los escollos de la procelosa transición que ha impulsado a orillar los escollos «a cualquier

precio».

Frente a esta situación, Lavilla lanza todo un programa que él mismo denomina de regeneración nacional

y de restauración de valores, y cuyos principios están contenidos en la propia declaración ideológica de

Unión de Centro Democrático.

Tras los frustrados intentos de golpes de Estado dentro del propio partido, todos los posibles golpista.s

entran en el Gobierno el pasado mes de septiembre. Sólo uno, Landelino Lavilla, queda fuera, al margen

de la formación del Gobierno, y con la profunda sensación de que sólo él y sus hombres más cercanos a

su ideología han sido los grandes perdedores.

Landelino Lavilla es casi obligado a recoger la bandera crítica, a la que pronto se suman más de 500

compromisarios de los que asistirán esta semana al Congreso de Palma de Mallorca.

Un Suárez capidisminuido, que esta misma semana rompiera su silencio acercándose a los críticos, bajará

de los cíelos para ser el principal intérprete de una película de grandes efectos especiales y cuyo final

puede ser imprevisible.

En esta ocasión el intérprete, cansado, desengañado y con su capital político sensiblemente disminuido,

tendrá que enfrentarse de nuevo al veredicto de las urnas. En el fondo argumental de la película bullen,

sobre todo, las incógnitas de un buen telefilme de «suspense»: ¿Será Suárez el candidato de las elecciones

en 1982-1983? ¿Conseguirá Supermansuárez vencer a Landelino´.´ ¿Será capaz Landelino de volar el

prestigio de Suárez? ¿Qué hará realmente Rodolfo Martín Villa?... La aventura continúa...

José Onefo

 

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