Una historia crítica     
 
 Cambio 16.    26/01/1981.  Página: 22-24. Páginas: 3. Párrafos: 23. 

Este país

Una historia crítica

CUANDO falta una semana para que Adolfo Suárez inaugure con un discurso el II Congreso Nacional de

Unión de Centro Democrático, la mayor parte de la actividad política del partido se centra en la disputa

entre los sectores «oficialista» y «crítico».

A siete días vista no se conoce, sin embargo, un dato fundamental: qué va a hacer el presidente.

Encerrado en el Palacio de la Moncloa, Adolfo Suárez estudia la respuesta a los críticos, pero nadie sabe

aún en qué va a consistir ésta.

Hasta el momento de cerrar la edición, la «defensa» oficialista consistía básicamente en «ametrallar» a la

opinión pública tratando de restarle contenido a la postura crítica.

Prácticamente la totalidad de los medios de comunicación, en este sentido, han recibido en las dos últimas

semanas los efectos de la estrategia oficialista. Toda clase de «intoxicaciones», noticias falsas o

interesadas y rumores diversos han llegado hasta los periodistas, girando en torno a un denominador

común: el documento crítico es asumible por todos y al final habrá acuerdo.

No parece, sin embargo, que esa sea la perspectiva. Miguel Herrero de Miñón, uno de los más destacados

dirigentes críticos, asegura que «no se trata de acuerdos, sino de llevar adelante determinadas reformas en

el partido»; Miguel Herrero de Miñón, en el Club Siglo XXI, destacó, además, que «el dilema del

próximo Congreso es regenerarse por la vía de una institución democrática o disolverse en el ocaso de un

carisma personal».

Osear Alzaga, que pasa por ser el «cerebro» de la operación, se expresa en parecidos términos, y el propio

Landelino La villa, «la alternativa», ha hablado de «posturas definitivas».

El liberal Pedro López Jiménez, por su parte, afirma que «todos los síntomas señalan una profunda

separación entre UCD y su base sociológica». Pedro López, alineado con los críticos, cree que las pasadas

derrotas electorales pueden estar prefigurando «el resultado de las próximas elecciones generales. Por

todo ello, el II Congreso debe ser el comienzo de una profunda rectificación; de no ser así, UCD no

cumplirá sus obligaciones ante la sociedad española».

En efecto, esta revista pudo saber que la operación crítica no ha hecho sino empezar. Este sector prepara

una estudiada estrategia de cara al Congreso, que supone no sólo su presencia activa en comisiones y

«pasillos», sino también algunos actos formales tan sonados o más que el documento originario.

Los críticos cuentan para ello con una infraestructura propia, que incluye oficinas, personal y financiación

y que tienen intención de llevar hasta Palma de Mallorca, donde se celebrará el 11 Congreso.

Será ahí, en última instancia, donde los críticos utilizarán toda la artillería para regresar de Palma, como

dice Herrero de Miñón, «con una UCD tal y como la soñamos los militantes de base y como la desean sus

electores. Con un liderazgo colectivo, atentos al palpito de la opinión pública y que sea capaz de fijarse

una línea de acción».

Ese sueño ha sido ei que ha llevado ya a casi 600 de los 1.800 compromisarios al Congreso a firmar un

documento que, convertido pronto en una bandera, lia sido el inicio de un movimiento de contestación sin

precedentes a ía actual situación de la UCD que lidera Adolfo Suárez.

Un sueño ciertamente que se remonta al primer Congreso, celebrado en 1978, en el que los críticos, la

familia democristiana en aquel momento, hizo una fuerte declaración, especialmente a través de José Luis

Alvarez, contra las restantes familias centristas.

Con todo, la historia inmediata de los actuales críticos es más reciente: pequeñas escaramuzas durante el

pasado año en torno a la ley de Autonomía Universitaria, propiciada por el socialdemócrata González

Seara, y en torno a la ley de! Divorcio, propiciada también por otro socialdemócrata, el ministro

Fernández Ordóñez.

Las escaramuzas se convierten en una primera batalla, ganada por los críticos con apoyos de otras

familias, con ocasión de la elección de portavoz deí grupo parlamentario centrista en el Congreso.

Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, que pronto se convertiría en una de las estrellas del sector, es

elegido por abrumadora mayoría portavoz por los parlamentarios, cansados de ser «diputados-llave» a las

órdenes del «aparato del partido». Es octubre de 1980, y la «guerra» ha comenzado.

Poco después los críticos aparecen ya como una corriente organizada: un documento firmado por 30

miembros de UCD, entre los que hay, además de democristianos y liberales, algún socialdemócrata,

proponen públicamente una disminución de los poderes del presidente Suárez en el partido y una mayor

democratización interna.

Dos meses de cenas, reuniones y conversaciones de despacho y pasillo traen en diciembre el «documento

fundador» del movimiento crítico de UCD.

Doscientos compromisarios al Congreso, que ya son 600, sientan las bases de su contestación cara al II

Congreso Nacional. Estas son:

«Que la voluntad colectiva del partido sea definida y articulada por órganos colegiados y ampliamente

representativos y no por voluntades personales.

Que la constitución de dichos órganos se haga por un sistema de representación proporcional, de modo

que todos participen en las decisiones políticas, incluida las minorías que en cada momentó y lugar

puedan existir, para hacer frente colectivamente a las grandes tareas que nuestro partido ha de asumir.

Que desde la cúspide a la base y en toda la burocracia interna del partido impere el principio de respeto al

funcionamiento de los órganos colegiados de representación y de gobierno, que sus reuniones se celebren

regularmente, que sus decisiones se conozcan y se apliquen y que la democracia interna genere la

selección de los dirigentes y los cuadros del partido.

Que se mantenga y fomente un debate político interno, vivo y sincero, a través del que se preparen ¡as

decisiones políticas del partido, de manera análoga a coino sucede en los grandes partidos europeos.»

Con estas «reivindicaciones» se presentaron los 200 primeros compromisarios críticos, entre los que hay

casi un centenar de parlamentarios, y entre los que se encuentran Osear Alzaga, Antonio Fontán, Ignacio

Camuñas, Arturo Moya y una larga lista a la que pronto se unen el ex ministro Leal, el propio Landelino

Lavilla y un largo etcétera que completan, a una semana del Congreso, las 600 firmas.

¿De qué ideología? Predominantemente democristianos y liberales, pero también procedentes de ia

familia socialdemócrata y compromisarios independientes.

 

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