Autor: Merigó, Eduardo. 
   El futuro de UCD  :   
 El Mensaje (y III). 
 Cambio 16.    26/01/1981.  Página: 37. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

El futuro de UCD

El Mensaje (y III) Eduardo Merigó

LOS anteriores artículos de esta serie defendían, en resumen, la siguiente tesis:

El 11 Congreso de UCD constituye una ocasión, quizá irrepetible, para el partido de asumir un verdadero

papel de correa de transmisión entre la sociedad y el Estado. Pero, para ello, deberá democratizar sus

Estatutos de forma que el poder emane inequívocamente de la base y se haga así receptivo a los impulsos

que ésta transmita. Sólo así podrá tener credibilidad un mensaje elaborado por el Congreso que

comunique al pueblo español los propósitos del partido y constituya, al mismo tiempo, el punto básico de

referencia para las actuaciones de los futuros Gobiernos de UCD.

Dos años de Gobierno, en circunstancias particularmente difíciles para España y para el mundo, permiten

todas las críticas y todas las excusas. Pero es indiscutible que se han cometido errores importantes y el II

Congreso de UCD deberá analizar esos errores antes de lanzarse, tal como prevé el aparato del partido, a

una prolija elaboración de ponencias sobre cuestiones de detalle.

La sociedad española está enferma. El Estado no responde a sus necesidades, en parte porque sus

instituciones están concebidas para otra época y, en parte, porque el nuevo Estado que configura la

Constitución está todavía por definir en muchos aspectos. En esas circunstancias, lo único que puede

salvar a un partido que no encuentra más que indiferencia y hastío por parte de sus electores naturales es

un diagnóstico en profundidad de los problemas de la sociedad española y un proyecto global para

resolverlos.

Hacer un diagnóstico global sobre los problemas de la sociedad española no es fácil y exige, además, un

grado muy elevado de simplificación que puede tener tanto de síntesis como de simplismo. Pero la

síntesis es necesaria y posible, porque debe haber alguna causa común a todos esos males que nos aquejan

en estos últimos años. Los nostálgicos tienen muy clara la respuesta a ese problema: España no estaba

madura para la democracia y, si los males coinciden con la desaparición del franquismo, es porque el

franquismo era necesario. Y, sin embargo. un análisis más frío nos lleva a formular un diagnóstico

diametralmente opuesto: la sociedad española había

Sobrepasado con mucho a sus instituciones durante la última etapa de franquismo, de forma que la crisis,

hítenle en los años de prosperidad, explotó a partir de 1974. cuando aparecieron las primeras dificultades

económicas.

La crisis del petróleo, la muerte de Franco y la transición sembraron el desconcierto, la insolidaridad y la

desconfianza. La breve etapa Constituyente fue generadora de ilusiones y de auténticas reformas, pero ni

las unas ni las otras se prolongaron más allá de las elecciones de 1979. A partir de entonces es decir, muy

pocos meses después del I Congreso de UCD). el instinto de permanencia pareció vencer al ansia de

reforma. Y, sin embargo, es la pervivencia de las instituciones y los métodos administrativos del antiguo

régimen, conjuntamente con la ausencia de un Proyecto de Futuro para la sociedad española, lo que hace

que España se .encuentre en el marasmo actual.

En síntesis, las líneas directrices del mensaje de UCD deberían ser, en mi opinión, las siguientes: Modelo

de sociedad. El crecimiento económico y la decadencia de los valores tradicionales han desarraigado a la

población española, que es, hoy. más materialista y menos solidaria que nunca. Ni se puede exigir el

mantenimiento, por la fuerza, de los valores tradicionales (como quisieran hacer los conservadores), ni se

puede admitir una sociedad que carezca de normas de convivencia. Los nuevos valores deben combinar el

derecho individual a la felicidad en el pleno ejercicio de las libertades con un sentido comunitario

recuperado. Esa búsqueda es común a todas las sociedades occidentales y se manifiesta a menudo

espontáneamente en contra de un modelo de Estado decimonónico que impide las núes as turmas de

convivencia en lugar de facilitarlas.

Modelo de Estado. El Estado está en crisis en todas las sociedades avanzadas, pero más aún en España,

donde sus instituciones son todavía las del régimen anterior, amparadas por una superestructura

constitucional que, en realidad, es incompatible con ellas. El Estado de Autonomías sólo puede

entenderse llevándolo hasta sus ultimas consecuencias dandole la máxima importancia al Municipio y a

la Provincia, de forma que las Comunidades Autónomas encajen en un todo armónico al servicio del

ciudadano y no se conviertan en burocracias intermedias que consigan alienarle aún más. El Estado

Central debe limitarse al papel esencial, pero reducido, que tiene no sólo en los Estados Federales, sino en

todos aquellos Estados que no están organizados según una concepción napoleónica. Ello implica,

necesariamente, la reforma de la Administración, que, en su concepción actual, es contraria al espíritu de

la Constitución y que los Gobiernos de UCD no han tocado siquiera, porque las tecnoestructuras que han

implantado siguen emanando de esa misma Administración.

MODELO económico. Una sociedad y un Estado basados en las libertades sólo pueden ser compatibles

con un modelo económico ´basado en la libertad de la empresa. Ello implica una disminución radical de

los intervencionismos de todo tipo (basados, en parte, en la ideología fascista) que todavía subsisten. Pero

eso no significa la supresión del Estado, sino su racionalización. No podemos admitir ni el dogmatismo

cerril de quienes consideran que la intervención del Estado es siempre irías justa y más progresista, ni el

simplismo egoísta de quienes quieren dejarlo todo a la ley del más fuerte, pretextando la infalibilidad del

mercado. En una sociedad organizada, y en las circunstancias dramáticas que vivimos, la síntesis entre

eficacia y equidad sólo se obtiene por la vía de la concertación y el pacto social. Por último, no olvidemos

la prosperidad, porque la libertad y la justicia no bastan. Devolvamos al crecimiento económico toda su

importancia en un país en el que faltan tantas necesidades básicas por satisfacer.

Somos muchos en UCD quienes pensamos que ese mensaje de libertad y responsabilidad sólo puede ser

transmitido por una UCD renovada y clarificada, porque ni el socialismo será capaz de superar sus

instintos estatalizadores, ni la derecha podrá olvidar cuarenta años de ideología fascista. El II Congreso de

UCD proporciona una oportunidad única para que nos definamos de una ve/., suprimiendo ambigüedades

y permitiendo que se consolide la unidad del partido, no ya sobre bases personales, sino sobre una misión

renovadora que España está exigiendo de quienes la gobiernan.

 

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